Semana VI

Durante la semana trabajamos completamente en nuestro proyecto de la wikipedia, teniendo casi finalizado el trabajo solo nos queda pulir una cuantas cosas para poder subir nuestra información a la red mas grande de información del mundo, algo que de cierta forma me emociona, porque ese pequeño pedazo de información que vamos a aportar al mundo va a durar miles de años (pienso yo) , es una aportación de nosotros al mundo en la cual podremos dejar nuestra huella y ser parte de esta red. otra de las cosas que hicimos durante la semana fue hablar un poco de la deep-web, fue un tema bastante interesante de escuchar y platicar; me quede con un poco de curiosidad sobre el tema por lo que al llegar a mi casa investigue un poco mas y me di cuenta que el principal funcionamiento que se le buscaba dar  a la deep-web era mantener el completo  anonimato de los usuarios ya que al usar una red común de internet como Facebook exponemos de manera increíble toda nuestra información personal. En conclusión fue una semana bastante productiva y llena de información y espero que nuestro proyecto este listo para la próxima semana.

Teoría general de la basura

Parque temático abandonado | Matt Gribbon

Parque temático abandonado | Matt Gribbon | CC. 0

De cómo el autor supo hacia dónde realmente se dirigía el Ángel de la Historia. Una exploración que ya esbozaba en su última novela, Trilogía de la guerra, que versa sobre cómo, en un medioambiente social que ha traspasado la posmodernidad, los artistas y pensadores reciclan los residuos que la sociedad desecha para confeccionar sus obras. Publicamos, por cortesía de Galaxia Gutenberg, un adelanto de Teoría general de la basura, un libro que saldrá a la luz en octubre de 2018.

En 1920 Paul Klee pinta la acuarela Angelus Novus.

Angelus Novus. Paul Klee, 1920

Angelus Novus. Paul Klee, 1920 | Wikidata | Dominio Público

Poco tiempo después, Walter Benjamin, en uno de sus recurrentes paseos urbanos, ve una copia del cuadro, la compra, cada noche lo mira con detenimiento y en una de esas observaciones cree ver en ese ángel al Ángel de la Historia y, por añadidura, la alegoría del momento histórico en el que en aquellas fechas se hallaba inmerso Occidente: el progreso como horizonte último. Tal idea, como sabemos, Benjamin la dejó así escrita:

Hay un cuadro de Klee que se titula Angelus novus. Se ve en él a un ángel, al parecer en el momento de alejarse de algo sobre lo cual clava la mirada. Tiene los ojos desorbitados, la boca abierta y las alas extendidas.

El Ángel de la Historia también debe tener ese aspecto.

Su rostro está vuelto hacia el pasado. Tal pasado es para nosotros una simple cadena de acontecimientos, pero él ve ahí una catástrofe única que arroja a sus pies ruinas tras ruinas, amontonándolas sin cesar. El ángel quisiera detenerse, despertar a los muertos y recomponer todo lo destruido. Pero un huracán sopla desde el paraíso y se arremolina en sus alas, y es tan fuerte que el ángel ya no puede plegarlas. Este huracán le arrastra irresistiblemente hacia el futuro, al cual vuelve las espaldas mientras el cúmulo de ruinas crece ante él hasta el cielo. Este huracán es lo que nosotros llamamos progreso.

De modo que el Ángel de la Historia mira hacia el pasado –hacia las ruinas del pasado que van amontonándose ante sus ojos–, pero al mismo tiempo es desplazado –de espaldas– por el huracán que lo impulsa hacia un futuro del cual no puede escapar, un futuro que no es otro que la encarnación del progreso.

Este párrafo, que durante un siglo ha sido objeto de toda clase de interpretaciones y reutilizaciones, le da a la Historia –la Historia con mayúsculas– un valor sentimentalmente ambiguo: es pesimista desde el punto y hora en que el progreso, por muy esperanzador que nos parezca, no se halla exento de la contemplación de lo que, destruido, vamos dejando atrás. Y resulta optimista por cuanto viene a decirnos que, aunque sea de espaldas, avanzamos hacia un futuro de prometedores hallazgos.

Pero cualquiera que tenga conocimientos de aerodinámica sabrá que si el viento –el huracán en el texto de Benjamin– impacta de cara sobre las alas de un pájaro, éste será elevado y desplazado en la dirección opuesta a aquella en la sopla el viento, es decir, exactamente la contraria a la que postula Benjamin.

Ángel de la Historia

Ángel de la Historia | © Agustín Fernández Mallo

Como se ve, el Ángel de la Historia no solo mira hacia el pasado (zona de pasado) sino que también se dirige directamente al pasado. Esa fuerza, técnicamente llamada empuje, lo lleva hacia el lugar en el que, por lo tanto, se hallan las ruinas, en ningún caso el futuro o el progreso. Lo cual implica que, tarde o temprano, el Ángel colisionará contra las ruinas y, si del Ángel de la Historia estamos hablando, acontecerá el consecuente fin de la Historia. ¿O quizá no?

Como no sé si esto habrá quedado claro, intentaré explicarlo de otro modo, con un símil de carácter teatral o cinematográfico que separo en tres partes.

  1. Cuando en una película, en una teleserie, incluso en un reality show de primera generación los actores beben whisky, en realidad beben té, y cuando beben ginebra en realidad beben agua, o cuando comen un plato de sopa, en realidad no comen nada. Y el espectador lo sabe. Esto, dependiendo de cada situación en concreto, rebaja el nivel de realidad e incrementa el de simulación de esa realidad. A finales del siglo xx a eso, en términos generales, se le llamó posmodernismo.
  2. La segunda posibilidad es la misma que la primera, pero de signo contrario: los actores, cuando beben té lo que en verdad están bebiendo es whisky, cuando beben agua lo que en verdad están bebiendo es ginebra, cuando beben Coca-cola lo que en realidad están bebiendo es un cubalibre, cuando comen alimentos bio en realidad comen productos elaborados con grasas trans, etc. Y en este caso el espectador no lo sabe (o solo los muy informados lo saben). Esta inversión respecto al primer caso resulta ser la puerta a lo que podemos llamar simulación negativa, propia de una época que se dio en llamar modernidad, y que como su nombre indica es anterior a la posmoderna.

Demoremos, de momento, la exposición de la tercera posibilidad.

Lo que diferencia estas dos posturas, como sabemos, es una actitud, que es estética y política. La posmodernista genera sus ruinas históricas a través de simulaciones embellecidas, preparadas ad hoc y sobretematizadas; pensemos por ejemplo en parques temáticos como Port Aventura y Disneyland, o en realidades paralelas como Las Vegas, que «simulan» beber whisky cuando lo que de verdad beben es té, y ejemplificadas en la figura de la mascota o la «mascotización del mundo». La segunda, la de la modernidad, genera sus ruinas a través de la construcción de la épica de héroe, mediante simulaciones que juegan con lo abyecto, con una pose que busca llegar a un supuesto fondo en el que se ocultan todas esas «verdades» que bajo el prisma de una moral tradicional no son más que material de mal gusto o de deshecho –pensemos en las peregrinaciones de turistas a Auschwitz, que simulan beber té cuando lo que se están tragando es whisky, o, sin ir más lejos, pensemos en el uso que se le da símbolos como el Guernica de Picasso–. Dicho de otra manera: la finalidad del posmodernismo fue jugar con la moral tradicional a través de una ironía que pone en juego lo verdadero/falso –apela pues al juego y a la seducción–. Por el contrario, la modernidad trató de embellecer la basura que, por definición, la moral tradicional desprecia u oculta, y para ello se valió de subculturas que apelaban a valores de carácter esencialista: la fidelidad, la nobleza, lo «auténtico» o la verdad.

Ambas actitudes, a través de sus respectivas y antagónicas simulaciones, edificaron y reverenciaron sus propias ruinas. ¿Son estas ruinas las que, según Benjamin, observaría hoy el Ángel de la Historia mientras se aleja de ellas?

Escala 1:1

La tercera posibilidad, la que faltaba por abordar, es la que aquí nos interesa. Se trata de lo que podemos llamar escala 1:1, y es una muy especial clase de simulación, en apariencia estéril, que podría describirse así: cuando los actores beben whisky realmente están bebiendo whisky, cuando beben té realmente están bebiendo té, cuando beben agua realmente están bebiendo agua, y así con todo. Eso, en apariencia, es simple y llanamente lo factual, el acontecer a secas, la frase o texto que, por ello, carece de autor y de adjetivaciones. No faltará quien afirme que este caso es simple y llanamente la Realidad o la verdad. Pero no; es lo real, es lo que de real hay en la realidad, es decir, el conflicto implícito a toda imagen, a toda enunciación, a todo texto, y ese conflicto hoy solo puede generarse a través de esta especial clase de simulación, la escala 1:1. La capacidad para generar realidad no redundante procede en este caso de la legítima duda y estupor que le sobreviene al espectador: «Si cuando beben agua en realidad beben agua y cuando beben ginebra en realidad beben ginebra, ¿por qué se me presenta todo ello en modo de película, de teatro, de representación?» Aparece pues, gracias a esta duda radical, un agujero, una distorsión en la realidad, una anomalía que dinamita el orden de las cosas y abre la posibilidad de discursos no normativos; a ese conflicto es lo que llamo «Lo Real». Dicho de otro modo, entre las dos simulaciones de la realidad que habíamos utilizado –la modernista y la posmodernista– aparece otra simulación instalada en la frontera, en el equilibrio inestable que media entre ambas, en lo que hasta ahora había sido desechado por ser un mero escombro, por resultar aparentemente inane, pero que, sin embargo, exhaustas ya las representaciones conocidas, resulta ser la puerta a explorar.

Así, abordamos una nueva lectura del texto de Benjamin, para decir que el Ángel de la Historia va de cabeza a los escombros del pasado, a aquello que las otras simulaciones ocultaban: la escala 1:1, la cual, en su utópica pretensión de alcanzar Lo Real, genera no obstante la mejor aproximación a la narración de nuestro presente, pues lo problematiza. Dicho de otro modo, no hacía falta apelar a una representación de la realidad –ni modernista ni posmodernista- para que esta representación existiese: se da, no puede no darse; incluso en las más realistas pretensiones, la representación aparece.

El texto de Benjamin nos decía: «El ángel quisiera detenerse, despertar a los muertos y recomponer todo lo destruido», para a continuación decirnos que no podía. Bien, postulamos que ya puede, va directo hacia tales muertos. En contra de lo que pensábamos, el Ángel de la Historia no busca hoy edificar un futuro, ni llorar un pasado, sino, antes que nada, trabajar la escala 1:1 de las ruinas dejadas por las antiguas representaciones. Esos, y no otros, son los cimientos sobre los que, en mi opinión, han de edificarse las narrativas hoy: lo que en algún otro lugar he llamado realismo complejo, que es realista pues se cimienta en lo real, en la escala 1:1, y es complejo pues ese tejido contemporáneo ya no puede estar estructurado en modo jerárquico o arbóreo, ni tan siquiera rizomático, sino en modo red. Y no me estoy refiriendo a la red Internet sino a los millares de redes analógicas, digitales, o mezcla de ambas, en las cuales estamos embebidos.

Visualización de un análisis de red social. Martin Grandjean, 2014

Visualización de un análisis de red social. Martin Grandjean, 2014 | Wikimedia Commons | CC-BY-SA 3.0

Como se verá más adelante, se trata de intentar sacar las cosas y sus representaciones de la «cárcel del lenguaje» a la que supuestamente las había arrojado la filosofía continental, y concebir la realidad narrativa como un sistema que ni es únicamente una pieza física objetiva y con vida independiente del ser humano (al estilo del realismo ingenuo de algunos positivistas radicales como Sokal, o de otros positivistas moderados como Graham Harman), ni tampoco es solo una construcción del lenguaje (al estilo de Wittgenstein o Derrida), ni tampoco es solo una construcción sociopolítica (al estilo de Bourdieu), sino que se trata de una complejidad en la que todos esos campos se concitan, y cada objeto, cada narrativa o acontecimiento es en sí mismo una red compleja. Autores como Bruno Latour o Manuel de Landa serán más próximos a nuestras páginas.

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Semana V

Me sorprende la rapidez con la que este semestre esta transcurriendo, aun recuerdo el primer día de clases como si fuera apenas la semana pasada. Respecto a la clase creo que he desarrollado muchas habilidades que me han ayudado no solamente para mejorar el proceso de mi trabajo,  si no en mi vida personal que puedo llevar todas las herramientas que me han ensañado para crear trabajos de alta calidad en diferentes materias. Otra de las cosas que me ayudaron a darme cuenta en donde estoy parado y a donde quiero llegar fue la autoevaluación en la cual pude darme cuenta de mis fortalezas y de mis debilidades en las cuales debo de trabajar para poder crecer y mejorar no solamente como alumno  si no como personal. Espero que durante el curso pueda aprender aun mas herramientas que me ayuden a crecer como persona.

Semana V

Me sorprende la rapidez con la que este semestre esta transcurriendo, aun recuerdo el primer día de clases como si fuera apenas la semana pasada. Respecto a la clase creo que he desarrollado muchas habilidades que me han ayudado no solamente para mejorar el proceso de mi trabajo,  si no en mi vida personal que puedo llevar todas las herramientas que me han ensañado para crear trabajos de alta calidad en diferentes materias. Otra de las cosas que me ayudaron a darme cuenta en donde estoy parado y a donde quiero llegar fue la autoevaluación en la cual pude darme cuenta de mis fortalezas y de mis debilidades en las cuales debo de trabajar para poder crecer y mejorar no solamente como alumno  si no como personal. Espero que durante el curso pueda aprender aun mas herramientas que me ayuden a crecer como persona.

¿El fin de la confianza?

Lie to Me | Rosy

Lie to Me | Rosy | CC BY-ND 2.0

Malas políticas laborales, evasión de impuestos, impacto sobre el transporte y la vivienda, uso indebido de datos personales… Actuaciones como las del caso Facebook y Cambridge Analytica les están minando la credibilidad, cosa que, por el momento, no se ha traducido en pérdidas irreparables. Una mayor responsabilidad social corporativa y un uso consciente de estos servicios podrían forzar cambios de calado en el sector.

Es tan evidente que suena a tópico: la democracia liberal y las instituciones tradicionales se encuentran en crisis en casi todo el mundo. Lo confirma el barómetro sobre la confianza de Edelman, que en su edición de 2018 revela que la ciudadanía de 28 países sitúa en 48 sobre 100 la confianza que siente hacia sus instituciones. El estudio de la multinacional estadounidense incluye valoraciones sobre gobiernos, ONGs, prensa y también empresas. No obstante, una observación detallada del análisis revela que los resultados son ambivalentes entre categorías, y las compañías tecnológicas gozan del apoyo del 75% de la población, por encima de sectores como el educativo (70%) o el sanitario (63%).

Como ha señalado repetidamente el investigador Evgeny Morozov –el «aguafiestas» del sector tecnológico, en palabras de Brian Eno–, las empresas de la economía digital son una «industria teflón»: como en las buenas sartenes, todo lo que se les echa encima resbala sin mancharlas. Sin embargo, algunas señales apuntan a un posible desgaste en su reputación, que puede rastrearse en las noticias recientes: huelga en Amazon España, batalla de algunos ayuntamientos contra Airbnb, precarización de los riders, demandas de mayor regulación…

A estos síntomas de descontento con algunas empresas, se suma el temor por el rumbo general que está tomando la innovación. Según el barómetro de Edelman, personas de todo el mundo observan con recelo los avances en inteligencia artificial, los vehículos autónomos y la automatización del empleo; así como el manejo que las compañías hacen de los datos personales. Si bien eso no impide que mantengan un amplio margen de simpatía, los responsables del estudio advierten que puede perderse de manera vertiginosa, ya que se han experimentado caídas en la confianza entre el «público informado» de en torno al 20% en Estados Unidos y Francia, por ejemplo. Todo ello sin contar aún con el efecto que puede tener un escándalo reciente: el caso de Facebook y Cambridge Analytica.

Datos, mentiras y manipulación

«Hubo un clara filtración de datos personales y se ha roto la confianza de los consumidores.» En estos términos se dirigía el senador estadounidense Chuck Grassley a Mark Zuckerberg durante su comentada comparecencia ante el Congreso de Estados Unidos. Se refería a la filtración publicada en marzo de 2018 por The Guardian, que relataba cómo la consultora británica Cambridge Analytica había obtenido de forma ilícita la información de 50 millones de usuarios de Facebook en Estados Unidos. Con ella realizó perfiles psicológicos a los que impactó con contenidos creados específicamente para decantar su voto en favor de Donald Trump. De este modo, y en una sola revelación, el caso reunía tres de los temores de moda: noticias falsas, manipulación de procesos electorales y, claro está, pérdida de privacidad. Vayamos por partes.

Cambridge Analytica whistleblower: 'We spent $1m harvesting millions of Facebook profiles' | The Guardian
Cambridge Analytica whistleblower: 'We spent $1m harvesting millions of Facebook profiles' | The Guardian

Las noticias falsas no son un fenómeno de Internet. Gran parte de la propaganda del siglo xx no es otra cosa que el uso sistemático de la manipulación mediática con intereses políticos. Sin embargo, el término ha cobrado relevancia desde finales de 2016, cuando Donald Trump y otros líderes mundiales lo introdujeron en sus discursos para desmentir las críticas y socavar la credibilidad de la prensa no afín. ¿Qué lugar ocupa Facebook en las noticias falsas, si solo se trata de una plataforma de distribución? Como ya han explicado Sandra Álvaro y Àlex Hinojo en este blog, en el panorama mediático actual la diferencia entre cabeceras periodísticas tradicionales, redes sociales y publicaciones partidistas es cada vez más difusa. Solo en España, un 60% de las personas usa las redes sociales para informarse, y un 48% de ellas lo hace a través de Facebook en particular. Esto provoca que las fuentes se confundan y convierte a los canales sociales en medios de comunicación en los que no hay filtro periodístico y todas las informaciones parecen igual de confiables, más cuando las comparten amigos y familiares.

Facebook ha sido acusada explícitamente de no hacer lo suficiente para limitar esta confusión, ya que podría moderar noticias falsas o que incitan al odio, del mismo modo que se aplica en censurar cualquier rastro de sexualidad. Uno de los casos más criticados de esta falta de acción ha sido el de Myanmar, donde se ha culpado a la red social de jugar un papel clave en la propagación del odio hacia los rohingya, una minoría étnica que está sufriendo una oleada de violencia que ha obligado a unas 700.000 personas a huir de sus casas. Esa misma falta de control es la que también habría facilitado la injerencia rusa en las elecciones de Estados Unidos, ya que, según la Comunidad de Inteligencia de ese país, Rusia llevó a cabo una campaña de influencia en favor de Trump mediante –entre otras cosas– la difusión de noticias falsas en redes sociales.

La paradoja de la privacidad

Al cóctel de noticias falsas y manipulación electoral se suma la confirmación de un tercer temor: que los datos personales en los que se basa gran parte de la economía digital pueden usarse para fines desconocidos o que no se comparten. Se trata de una confirmación, porque las revelaciones de Edward Snowden de 2013 ya pusieron de manifiesto que la información de los usuarios de Apple, Google, Facebook, Microsoft, Yahoo y YouTube había sido recopilada de manera masiva en el pasado, en aquella ocasión por el propio gobierno de los Estados Unidos.

Pero más allá de las oleadas de indignación que suelen suceder a este tipo de revelaciones, ni Facebook ni otras tecnológicas parecen encontrarse en apuros, al menos no a causa de esta pérdida de reputación. Es necesario reflexionar sobre por qué los usuarios no dejan de usar estas plataformas, incluso cuando se oponen a muchas de sus políticas y prácticas. En el ámbito concreto de la intimidad, este fenómeno se ha llamado «la paradoja de la privacidad»: aunque la ciudadanía demanda una mayor protección de su información personal, sigue usando herramientas que viven de ella. Las explicaciones para esta contradicción son diversas, pero apuntan a que la gente está dispuesta a ceder conscientemente ciertos datos si gracias a ello obtiene otro tipo de beneficios a corto plazo; no solo en forma de bienes y servicios, sino también de acceso al conocimiento, libertad de expresión, reconocimiento social, construcción de relaciones interpersonales, etc.

2018 Edelman Trust Barometer | Edelman
2018 Edelman Trust Barometer | Edelman

Un buen ejemplo de esta paradoja se encuentra en otra encuesta de Edelman, ésta de 2016, sobre confianza y tecnologías predictivas. En lo respectivo a la banca, la mayoría de personas señaló entonces que no aprobaría que sus datos se usasen para establecer patrones para calcular automáticamente quién puede acceder a una hipoteca y quién no. Sin embargo, estaban dispuestas a que se empleasen para mejorar la gestión de sus cuentas y el asesoramiento que reciben. Extrapolando este doble baremo a otros ámbitos de la economía digital, parece comprensible que la gente desconfíe de algunas empresas, o incluso del rumbo de la innovación en su conjunto, pero que no por ello quiera renunciar al beneficio que obtiene de su consumo a corto plazo. A ello hay que sumarle cierta tendencia a los monopolios naturales en el sector, así como el efecto red, el fenómeno por el cual el valor de un producto o servicio aumenta cuando más individuos lo usan. Por todo ello, abandonar las plataformas que agrupan a la mayor parte de los consumidores de un mercado implica, en la práctica, asumir el coste de aislarse también de sus beneficios, sean económicos o sociales.

Alterar la tendencia

Decía Bill Gates que la mayoría de las personas sobrestima lo que puede conseguir en un año y subestima lo que es capaz de hacer en diez. Aunque las grandes empresas tecnológicas parezcan inmunes a la desconfianza popular, es probable que se haya iniciado una tendencia que puede forzar cambios en el sector. En primer lugar porque la soberanía de estas compañías amenaza ya la de los propios estados, que empiezan a ponerles límites a través de legislación e impuestos. Como respuesta, muchas de estas organizaciones inician campañas publicitarias y de lobby para mantener sus beneficios, por lo que la ciudadanía deberá medir hasta qué punto apoya o rechaza las propuestas de sus legisladores para cambiar la situación. Buen ejemplo de ello es la disputa que Airbnb mantiene con el Ayuntamiento de Barcelona y que, más allá de la polémica, puede convertirse en un ejemplo de nuevas vías de colaboración público-privada para corregir los efectos no deseados de esta y otras grandes corporaciones en más ciudades del mundo.

Por otro lado, hacer un uso consciente, crítico e informado de estos servicios es el único modo de forzar a las propias empresas tecnológicas a tener en cuenta estas demandas. No hay que olvidar que la confianza entre sectores es la base de gran parte del modelo de negocio de la economía colaborativa y de otras innovaciones como blockchain, por lo que estas compañías no deberían sentirse cómodas ante un descenso de credibilidad continuado. Del mismo modo que existe un mercado para aquellas organizaciones que ponen en valor su responsabilidad social o con el medio ambiente, las tecnológicas que respeten la soberanía de los datos de los usuarios y las condiciones laborales de su plantilla, o que tengan en cuenta su impacto en el entorno, podrían obtener también rédito económico. En el campo del periodismo, por ejemplo, el número de personas que pagan por medios en línea ha aumentado en muchos países, y ya es una estrategia significativa en España, donde un 11% de los consumidores de noticias paga a cambio de información independiente y de calidad. Del mismo modo, ya se habla de modelos pay for privacy como una oportunidad para servicios que garanticen la protección de los datos de sus usuarios. Compañías como AT&T, Comcast o la propia Facebook ya han testeado estos modelos o han mostrado la intención de hacerlo en el futuro.

Cultivar la confianza es difícil. Es un capital social intangible que se consigue con tiempo y esfuerzo. Las grandes empresas tecnológicas han sido responsables de mejoras y avances sociales que hoy se dan por sentadas, pero que han sido fruto de sus impulsos continuados en favor de la innovación. Que sean capaces de mantener su credibilidad depende de hacia dónde orienten sus pasos en el medio plazo y del nivel de exigencia de los usuarios, que, cada vez más, parecen juzgar los avances tecnológicos teniendo en cuenta su impacto social.

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Semana 4

     Después de un mes de clases, la información y proyectos que se están acumulando es demasiado, por lo que durante toda esta semana decidí hacer un calendario de todos los proyectos y tareas que tenia pendiente. Durante toda la semana me empeñe en organizar todos mis trabajos en especial el proyecto de las fichas completas ya que mi equipo y yo únicamente teníamos un documento con todas las fichas; por lo que hacia que el documento se viera encimado y de difícil acceso de navegación, pero me enfoque en crear un diseño mas agradable y accesibles para cada ficha y que fuera mucho mas fácil entrar a cada una de ellas. Por ultimo aprendí a trabajar y organizarme mejor con mi equipo ya que es fundamental la buena comunicación entre los miembros del equipo ya que al comienzo del trabajo gracias a la falta de comunicación efectiva tuvimos varios problemas que al final de cuenta pudimos resolver de manera relativamente sencilla solo con platicar de ello. 

Semana 4

     Después de un mes de clases, la información y proyectos que se están acumulando es demasiado, por lo que durante toda esta semana decidí hacer un calendario de todos los proyectos y tareas que tenia pendiente. Durante toda la semana me empeñe en organizar todos mis trabajos en especial el proyecto de las fichas completas ya que mi equipo y yo únicamente teníamos un documento con todas las fichas; por lo que hacia que el documento se viera encimado y de difícil acceso de navegación, pero me enfoque en crear un diseño mas agradable y accesibles para cada ficha y que fuera mucho mas fácil entrar a cada una de ellas. Por ultimo aprendí a trabajar y organizarme mejor con mi equipo ya que es fundamental la buena comunicación entre los miembros del equipo ya que al comienzo del trabajo gracias a la falta de comunicación efectiva tuvimos varios problemas que al final de cuenta pudimos resolver de manera relativamente sencilla solo con platicar de ello. 

La magia del propósito en la colaboración

En el corazón de las organizaciones, éste nos permite decir “chao, jefes” y darle la bienvenida a los liderazgos más horizontales. Las organizaciones que apuestan por un cambio de esquema y comienzan a navegar en las aguas de la colaboración, a menudo se centran en la definición de metas inspiradoras o de objetivos concretos, fundamentando su avance con los distintos desafíos que este

La magia del propósito en la colaboración

En el corazón de las organizaciones, éste nos permite decir “chao, jefes” y darle la bienvenida a los liderazgos más horizontales. Las organizaciones que apuestan por un cambio de esquema y comienzan a navegar en las aguas de la colaboración, a menudo se centran en la definición de metas inspiradoras o de objetivos concretos, fundamentando su avance con los distintos desafíos que este

Primeras semanas

Las primeras dos semanas de la universidad se fueron bastante rápido, el Iteso ya no es un lugar desconocido para mí, muchas veces suelo estar ahí más tiempo del que estoy en mi propia casa. En cada clase voy conociendo más a mis compañeros, maestros e incluso al tipo de trabajos que se piden,  de cierta forma estoy más cómodo ahora de cuando llegue el primer día. Durante el transcurso de la semana me di cuenta que es muy importante tener mi tiempo organizado  y hacer los deberes a tiempo ya que si dejas todo al final se terminan juntando trabajos de todas las clases y usualmente uno prefiere no hacerlo, algo que claramente afecta el rendimiento que lleva en la clase.