¿Cómo se configuran las estructuras de las organizaciones? Jerarquía versus flexibilidad

Las estructuras organizacionales determinan mucho más que tu lugar en el organigrama y pueden ser la opción más eficiente para un desarrollo sostenible. Para conformar una red colaborativa, como hemos apuntado en otras ocasiones, la flexibilidad es un elemento importante y diferenciador. Si bien hay ambientes que permiten más o menos apertura, también es importante que la organización

El cambio climático desde una perspectiva de género

La Sra. Dunn y su hijo, Colin, atraviesan un pajar árido y polvoriento. Wimmera, 1940.

La Sra. Dunn y su hijo, Colin, atraviesan un pajar árido y polvoriento. Wimmera, 1940 | State Library of Victoria | Dominio público

Si bien el cambio climático afecta a todo el planeta y a sus habitantes, su impacto se distribuye de modo desigual. Las personas más vulnerables son aquellas más desfavorecidas –en múltiples términos: económicos, sociales, culturales, políticos. Las mujeres son mayoría entre estos colectivos y, como tales, sufren de primera mano y de forma acentuada sus efectos negativos. A la vez, son minoría entre quienes dibujan las estrategias climáticas y energéticas mundiales. Hay que acentuar la perspectiva de género en la lucha contra el cambio climático, de modo que hombres y mujeres contribuyan por igual con nuevas propuestas que fomenten la igualdad de género y el desarrollo sostenible.

El cambio climático y la falta de igualdad de género son dos de los grandes retos a los que nos enfrentamos como especie. Pero, pese a existir un consenso casi planetario acerca de los peligros del primero y, en menor medida, sobre la desfavorable situación de la mujer, a menudo se consideran asuntos independientes. En realidad, sin embargo, están muy interrelacionados, en especial en los países en desarrollo.

El cambio climático nos afecta a todos, pero en mayor medida a las personas y los colectivos más desfavorecidos. Los mayores índices de pobreza y los peores efectos del calentamiento global se dan en las mismas zonas, el sureste asiático y el África subsahariana. Y, en todo el mundo, entre los más desfavorecidos –y por lo tanto, más vulnerables–, las mujeres suelen ser mayoría. De hecho, representan un 70 % de los más pobres del mundo.

Las mujeres, mayoría en los colectivos más afectados

Las mujeres son mayoría entre las comunidades más rurales (representan los dos tercios de la fuerza de trabajo en los países menos desarrollados), que están expuestas al aumento de la sequía y la desertización.

Las mujeres rurales producen hasta un 60 % de la comida del hogar, pero raramente son propietarias de la tierra. En la zona subsahariana, representan un 75 % de la fuerza de trabajo, pero solo poseen un 1 % de la tierra, según Oxfam. Y cuando la tienen, en general son terrenos más pequeños y marginales. En la actualidad, el 60 % de las personas que sufren desnutrición son, según el World Economic Forum, mujeres y niños.

Las mujeres son mayoría entre los pobres energéticos obligados a destinar numerosas horas para buscar biomasa para quemar o agua para beber.

En 2016, en el mundo había 1.100 millones de personas sin acceso a la energía. De estos, entre el 50 y el 70 % son mujeres y niños. Por otra parte, un tercio de la población mundial no tiene acceso a instalaciones de cocina limpias y todavía debe usar biomasa sólida para cocinar.

La tarea de recogida de biomasa recae sobre todo en mujeres y niños, que pueden dedicar entre dos y más de veinte horas semanales a recoger madera y aún más horas para cocinar con hornos ineficientes. Como resultado, tienen menos tiempo para estudiar, participar en otras actividades o simplemente descansar. La UNESCO estima que las dos terceras partes de los niños que no van a la escuela son niñas y que una de cada cuatro mujeres jóvenes en países en desarrollo no han completado la primaria, lo que perpetúa el ciclo de marginación. Adicionalmente, sufren una mayor tasa de mortalidad prematura por los ambientes de humo.

Las mujeres son mayoría entre el número de muertos en desastres naturales, como inundaciones o sequías extremas, con catorce veces más de posibilidades de morir.

Una mujer empuja un carrete de agua en El Fasher. Darfur, 2011

Una mujer empuja un carrete de agua en El Fasher. Darfur, 2011 | UNAMID | CC BY-NC-ND

Los roles de género desempeñan un papel relevante en el incremento del riesgo. Por ejemplo, porque no saben nadar o porque, a menudo, ceden su comida a niños y hombres. Por otro lado, si sobreviven, la investigación parece indicar que durante los fenómenos climáticos extremos se incrementa su carga de trabajo, ya que deben tener cuidado de más dependientes.

Las mujeres serán mayoría entre los 50-200 millones de refugiados climáticos (80 % de mujeres y niños) que, hasta 2050, se prevé que intentarán escapar de los impactos del cambio climático en su entorno.

Solo en 2016, Oxfam estima que 23,5 millones de personas se vieron obligadas a huir a consecuencia de catástrofes climáticas como sequías o lluvias torrenciales.

En general, el cambio climático –con la desertización, el aumento del nivel del mar o la disrupción en la agricultura– provoca un aumento de los flujos migratorios y genera un entorno más hostil que potencia los conflictos. En los últimos sesenta años se estima que un 40 % de los conflictos intraestatales tenían algún vínculo con los recursos naturales o el medio ambiente.

Las mujeres, minoría en los organismos de decisión

En general, los roles de género, las relaciones de poder, los ingresos y los activos redundan en diferentes contribuciones a las emisiones de gases de efecto invernadero y en diferentes grados de vulnerabilidad ante el cambio climático. Así, los impactos climáticos adversos afectan más a las mujeres y acentúan las desigualdades y discriminaciones de género. Sin embargo, las políticas de adaptación y mitigación del cambio climático no tienen en consideración el género.

Estas políticas (como las relativas a la agricultura, la gestión de plagas y enfermedades o la conservación y uso eficiente del agua) son críticas para un desarrollo sostenible. Algunas son beneficiosas tanto para hombres como para mujeres, tales como el acceso a la energía limpia. Otras, como las que afectan al uso de la tierra, pueden acabar intensificando las desigualdades existentes. En general, los desequilibrios entre los ingresos y el acceso a los recursos económicos hacen previsible que la adaptación será mucho más difícil para mujeres y hogares encabezados por mujeres.

Es esencial asegurar que las mujeres puedan acceder al conocimiento, la información y las tecnologías de adaptación y que las políticas se diseñen de manera adecuada a sus circunstancias. Sin embargo, solo un 33 % de las INDC (Intended Nationally Determined Contributions), los compromisos nacionales voluntarios de reducción de emisiones de GEI presentados ante las Naciones Unidas, incluyen explícitamente una dimensión de género y, además, lo hacen solo en países en desarrollo.

Jefes de las delegaciones en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2015 (COP21). París, 2015.

Jefes de las delegaciones en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2015 (COP21). París, 2015 | Presidencia de la República Mexicana | CC BY

Las mujeres, sin embargo, no pueden ser reducidas a un papel de víctimas: su contribución en la adaptación y la mitigación del cambio climático es esencial e imprescindible.

Si tomamos a Europa como muestra, las mujeres están, por lo general, más preocupadas por el cambio climático que los hombres y están más dispuestas a emprender acciones para cambiar.

En este sentido, su participación puede suponer una diferencia. Por ejemplo, en la India, según las Naciones Unidas, el número de proyectos de agua potable es un 62 % más elevado en las áreas con consejos locales dirigidos por mujeres que en los dirigidos por hombres. Por otro lado, según Oxfam, las granjas de países en desarrollo dirigidas por mujeres educadas tienen un 22 % más de productividad.

La necesaria contribución de las mujeres es difícil en un mundo en el que, a pesar de representar cerca de la mitad de la población mundial, están infrarrepresentadas en los organismos de decisión.

La falta de representatividad es general: en 2016 solo un 22,8 % del total de parlamentarios nacionales y un 4 % de los CEO de las grandes empresas del Fortune 500 eran mujeres. Y en 2011 ocupaban solo un 7 % de los ministerios de medio ambiente, energía o recursos naturales y suponían un 3 % de los responsables de ciencia y tecnología.

También participan en franca minoría en las Conferencias de las Partes (COP) sobre cambio climático. En la COP23, celebrada el pasado mes de noviembre, las mujeres representaban el 38 %.

Es necesario reclamar y fomentar la participación activa de la mujer y proponer nuevas políticas –climáticas y de desarrollo– que contribuyan a transformar las estructuras sociales, productivas, económicas e institucionales de modo que fomenten la igualdad de oportunidades y el desarrollo sostenible.

Hombres y mujeres tienen diferentes necesidades, prioridades y posibilidades a la hora de mitigar los efectos negativos del cambio climático y adaptarse a él. Por este motivo, no podemos desvincular las políticas contra el cambio climático de las políticas de género: las acciones y las políticas sobre el cambio climático no solo serían más efectivas si tuvieran en consideración los aspectos de género, sino que también podrían impulsar una mayor igualdad.


Carbon Brief (2018). Analysis: Which countries have sent the most delegates to COP23?

DKV y Ecodes (2017). Cambio climático y salud. Mayor impacto en los más vulnerablesObservatorio salud y medio ambiente.

EIGE (2012). Gender equality and climate change: Main findings.

Environmental Justice Foundation Charitable Trust (2017). Beyond borders: Our changing climate – its role in conflict and displacement.

International Energy Agency (2017). Energy Access Outlook 2017.

Ivanova, Maria (20 de noviembre de 2015). «Paris climate summit: why more women need seats at the table», The Conversation.

UN Women Watch (2009). Women, Gender Equality and Climate Change.

Women’s Environmental Network (2010). Gender and the climate change agenda. The impacts of climate change on women and public policy.

Women and Gender Constituency – WGC (2016). Emissions down – women’s rights up! Gender and Climate Mitigation.

UN Women. Climate change is a women’s issue.

 

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¡Última Charla 2017! Invitada, Tina Böhme: "Mindfulness y sostenibilidad" (jueves 14 diciembre)

Queremos terminar las charlas tejeRedes de la mejor manera y para ello Tina Böhme nos acompañará en la última conversación de este 2017 bajo la temática: Mindfulness y sostenibilidad ¡No te lo pierdas! Los avances de los tiempos modernos nos han traído muchas posibilidades para simplificar nuestras vidas. Podemos obtener una gran variedad de información y productos de consumo en sólo

¡Última Charla 2017! Invitada, Tina Böhme: "Mindfulness y sostenibilidad" (jueves 14 diciembre)

Queremos terminar las charlas tejeRedes de la mejor manera y para ello Tina Böhme nos acompañará en la última conversación de este 2017 bajo la temática: Mindfulness y sostenibilidad ¡No te lo pierdas! Los avances de los tiempos modernos nos han traído muchas posibilidades para simplificar nuestras vidas. Podemos obtener una gran variedad de información y productos de consumo en sólo

Agroecología: una visión holística del sistema alimentario

Cosecha en Irlanda, c. 1897

Cosecha en Irlanda, c. 1897 | Robert French, National Library of Ireland | Dominio público

El sistema alimentario industrial rompe ciclos biológicos y redes sociales cercanas, y nos separa de una parte importante de nuestra cultura agraria y alimentaria. No tiene en cuenta las necesidades de los demás componentes que permiten que los cultivos crezcan, y por eso empobrece, homogeneiza y contamina los cultivos, con las subsecuentes consecuencias para nuestra dieta. Para la agroecología, en cambio, existe una interdependencia de todos los elementos, humanos y no humanos, que forman el ecosistema alimentario: la cultura de la tierra, de nuestras semillas y de los alimentos.

Si hay algo que hace humanas a las personas eso es la cultura. La palabra cultura viene del latín cultura, y este a su vez de cultus, «cultivo, cultivado». En definitiva, nuestras primeras formas de cultura fueron los cultivos. Cultivar la tierra es cultivarnos a nosotros mismos, y es el principio, la primera semilla, de las diferentes culturas que cohabitan en este planeta. La ciencia agroecológica es la ciencia que busca recoger y entender la cultura de la tierra, la cultura de nuestras semillas y la cultura de nuestros alimentos, desde una visión holística y de interdependencia de los seres humanos y los no humanos que habitamos el planeta Tierra.

Como objetivo principal, la agroecología busca cultivar la tierra para alimentar a las personas y ofrecer aquellos alimentos que el propio agroecosistema, con sus características de suelo y clima, y en su relación milenaria con las personas agricultoras, puede producir en el momento que toca. Y son ese qué (alimento), ese cómo (formas de cultivar), ese cuándo (la temporada) y ese por quién (hombres y mujeres) los que a lo largo de los años han ido conformando nuestra cultura agraria y alimentaria. Así, por ejemplo, ¿qué sería de la cultura catalana sin la cocina y dieta mediterráneas? Claramente nos faltaría algo. Las personas que habitamos en Cataluña, en pleno mar Mediterráneo, estamos orgullosas de tener una cultura alimentaria reconocida por la UNESCO como patrimonio inmaterial: la dieta mediterránea.

Y la agroecología nos recuerda precisamente esto, que dicha dieta ha sido conformada a lo largo de los siglos por la interacción de las personas cultivadoras de alimentos con los agroecosistemas mediterráneos característicos de nuestro territorio y las personas que cocinan dichos alimentos con los productos de sus tierras. Ellas y ellos, a su vez, son los creadores de los paisajes cultivados que conocemos y a los que nos sentimos arraigados, paisajes que conforman nuestro patrimonio agrario y que han sido, también, protagonistas de múltiples poemas y canciones: campos de almendros, campos de olivos, terrazas de cultivo, muros de piedra. Cultura que compartimos con otros pueblos a lo largo del mar Mediterráneo, como Francia, Egipto o Palestina. De nuevo, la cultura cultiva y recoge culturas, solidaridad e intercambios (de conocimientos, de semillas).

La dieta mediterránea se basa en el consumo de verduras, legumbres, frutas, pescado, y de aceite de oliva como grasa esencial | Dominio público

La dieta mediterránea se basa en el consumo de verduras, legumbres, frutas, pescado, y de aceite de oliva como grasa esencial | Dominio público

La agroecología, desde esa dimensión holística, nos insiste además en que todo, absolutamente todo en el acto (o arte) de cultivar, recoger, transformar o preparar alimentos está relacionado. Existe una interdependencia de todos los elementos que componen ese agroecosistema alimentario, ya sean humanos o no humanos. Esa interdependencia y esa visión holística son, sin embargo, las que rompe el sistema alimentario industrial, haciéndonos ver simplemente el producto final aislado de todo lo demás, ya sea este producto una semilla híbrida en manos de las personas agricultoras, o una tostada de pan con aceite y tomate en manos de la persona que está a punto de comérsela. Pero ni las semillas ni las tostadas son productos que surgen de la nada. Son elementos que interaccionan con otros elementos del sistema, humanos y no humanos, y, sin esa interacción, no serían lo que son o, probablemente, ni siquiera existirían.

Así, por ejemplo, las semillas campesinas son fruto de la coevolución entre personas y plantas, generando lo que conocemos como uno de los activos más importantes en la actualidad, el conocimiento tradicional. Las mujeres campesinas han ido seleccionando dichas semillas, a lo largo de la historia, buscando aquellas características que mejor se ajustaban a sus necesidades y su territorio. Las semillas se han intercambiado con diferentes personas, hombres y mujeres, generando nuevas semillas con nuevas características.

Solo en Cataluña existen en los bancos de germoplasma unos cuatro mil registros de hortalizas diferentes, y sin embargo se comercializan únicamente unos cientos. Esas semillas se cultivaban, y de ellas nacían alimentos que llenaban nuestros platos con comidas que asimismo son fruto del intercambio de conocimientos y experiencias, normalmente también entre mujeres. La simple tostada es un alimento elaborado, fruto de la interacción de personas que cultivan trigo, olivos y tomates, con sus tierras, y con gentes que muelen el trigo o extraen el aceite de la aceituna. Pero el sistema alimentario industrial rompe ciclos biológicos, rompe redes sociales cercanas y, sobre todo, nos separa de una parte importante de nuestra cultura, la cultura agraria y alimentaria. Es decir, de forma artificial, la agricultura industrial rompe las interdependencias que nos unen al territorio y con otros humanos. Y vemos que las semillas, los intercambios y las recetas son ahora elementos para el rescate.

El Banco Mundial de Semillas de Svalbard es una enorme despensa subterránea de semillas de miles de plantas de cultivo de todo | Landbruks- og matdepartementet | CC BY-ND

El Banco Mundial de Semillas de Svalbard es una enorme despensa subterránea de semillas de miles de plantas de cultivo de todo | Landbruks- og matdepartementet | CC BY-ND

Así, por ejemplo, en un sistema industrial, las semillas híbridas (variedades de alto rendimiento) pertenecen a un paquete tecnológico que se puede exportar a cualquier rincón del planeta en el que existan buenas condiciones para el cultivo (las mejores tierras). Están sujetas a las leyes de propiedad intelectual, con lo que de ser un bien común pasan a ser un bien privado y ya no se pueden intercambiar. Solo aquellos «afortunados» que puedan permitirse (o endeudarse) para comprar los paquetes tecnológicos pueden cultivar. Considero estas leyes de propiedad intelectual surgidas en los años sesenta como uno de los primeros ataques a la cultura, a su privatización. El conocimiento tradicional, por contra, es open access y creative commons. Pero, además, estas semillas híbridas existen para tan solo unas pocas especies. Por lo que, de las siete mil especies de cultivo que a lo largo de la historia han servido para alimentar a la humanidad, en la actualidad nuestra dieta se basa fundamentalmente en cuatro: patata, arroz, maíz y trigo, que nos abastecen en más del cincuenta por ciento de nuestra alimentación a nivel mundial.

Con los procesos de industrialización e urbanización de nuestras sociedades nuestras dietas se van haciendo cada vez más pobres, homogéneas y artificiales, es decir, menos saludables, en un proceso conocido como la «transición nutricional», caracterizada por un alto consumo de grasas saturadas y azúcares a través de alimentos procesados y productos de origen animal. Una dieta que genera personas enfermas (solo en Cataluña uno de cada tres niños sufre de sobrepeso y está, por lo tanto, en riesgo de padecer enfermedades como la diabetes tipo II o enfermedades coronarias cuando sean personas adultas) y cuyos costes sanitarios son externalizados y pagaremos todas y todos. Asimismo, como el objetivo último de la agricultura industrial es producir y producir (no alimentar de manera sana y nutritiva a las personas), no tiene en cuenta las necesidades de los demás componentes que hacen posible que los cultivos crezcan, es decir, los organismos que habitan el suelo, o la calidad de las aguas del territorio. De esta forma empobrece los ecosistemas sobre los que deben crecer los cultivos, a la par que los contamina y también los homogeneiza.

Esto supone otra externalización de costes y otro ataque a nuestras culturas. Por ello, desde la agroecología tenemos otra forma de mirar el mundo. Nuestra filosofía no es la de producir con la máxima eficiencia, sino la de producir alimentos sanos y nutritivos que respeten el medio ambiente y cuiden de las personas que los producen y de las que los consumen. La agroecología tiene como objetivo la reproducción del agroecosistema, es decir, la reproducción de la vida, y por ello pone en el centro las semillas, la salud de las personas y el cuidado del medio ambiente, entre otros, que son los activos de la reproducción. Para ello, desde la ciencia agroecológica, se introduce el pensamiento holístico y la visión de sistemas en un encaje perfecto entre diferentes disciplinas científicas (desde la sociología hasta la historia o la agronomía, pasando por la nutrición y la ecología) y el conocimiento de las personas agricultoras, transformadoras o preparadoras de alimentos, con el fin último de diseñar sistemas agroalimentarios sostenibles.

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Datos para la memoria histórica

Bombardeo aéreo de Barcelona, 1938 | Italian Airforce, Wikimedia Commons | Dominio público

Bombardeo aéreo de Barcelona, 1938 | Italian Airforce, Wikimedia Commons | Dominio público

La transparencia de una organización es una condición indispensable para acceder a la materia prima del periodismo de datos, conjuntos de datos que se ponen a disposición del público y pueden ser reutilizados y publicados sin restricción. Estos datos a menudo contribuyen al acceso al conocimiento o nos remiten a casos de investigación como los recientes Panama Papers. Pero también pueden contribuir a la recuperación de la memoria histórica. Ochenta años después, todavía es muy difícil encontrar información precisa sobre todas las víctimas de la Guerra Civil y el franquismo. Los documentos están dispersos entre multitud de archivos militares y de ámbito muy diverso. La asociación Innovation and Human Rights (IHR) presenta una base de datos para ayudar a las víctimas y a sus descendientes y contribuir a difundir y promover la investigación histórica.

Todo el mundo tiene una historia familiar respecto a la Guerra Civil y los datos lo confirman. Los muertos como resultado de la Guerra Civil se estiman alrededor de medio millón, pero no se conoce su cifra exacta. Se cree que unas 50.000 personas fueron víctimas de la violencia de varias secciones de grupos de izquierdas entre 1936 y 1939; 200.000 habrían muerto en el frente y, según Paul Preston, 200.000 más murieron en manos de los sublevados contra la República y durante la dictadura de Franco entre 1936 y 1975. Además, los muertos por bombardeos fueron 10.000 (más de 2.000 solo en Barcelona), según Hugh Thomas. Aparte están los desaparecidos en las cunetas; son las víctimas de desaparición forzada, en el término que utiliza Naciones Unidas: personas que sufrieron la privación de libertad y a menudo la tortura o ejecución extrajudicial por parte de agentes del Estado o grupos o personas que el Estado apoyaba.

Si los datos de los muertos no son precisos, los datos de las personas que sufrieron represalias aún lo son menos. Hubo 188 campos de concentración en la España franquista —dos de ellos en Barcelona, en Poblenou y en Horta—, como ha documentado Javier Rodrigo, y varios centros de prisioneros. Asimismo, más de 130.000 personas pasaron por los Batallones Disciplinarios de Soldados Trabajadores, agrupaciones de supuestos soldados que, a menudo sin haber cometido delito, eran obligados a trabajar duramente sin garantías, casi gratis, y que recientemente han recibido el nombre de esclavos de Franco.

En su último informe sobre España, de septiembre de 2017, el Grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias de Naciones Unidas, en el que ha participado Innovation and Human Rights, destaca: «Especialmente preocupante resulta constatar que la mayoría de recomendaciones fundamentales para que los familiares de personas desaparecidas durante la Guerra Civil y la dictadura puedan investigar la suerte y el paradero de sus seres queridos, tener acceso a la verdad, a la justicia y a reparaciones no han sido plenamente implementadas, y que hasta hoy los familiares están entregados a su propia suerte.»

En la mayoría de los casos, acceder a la información no es fácil. Se alude a la Ley de protección de datos en referencia a personas desaparecidas o que llevan muertas más de 50 años. Por ello desde Innovation and Human Rights (IHR) hemos cursado varias peticiones de acceso a la información pública y tenemos algunos convenios de colaboración en marcha. Una de las bases de datos a las que hemos solicitado acceder es la del Coste Humano de la Guerra Civil del Centro de Historia Contemporánea, de los muertos catalanes, para poder difundir el trabajo que ha llevado a cabo la Generalitat de Catalunya desde hace treinta años en este sentido.

Cuando el juez Baltasar Garzón abrió un controvertido sumario por crímenes contra la humanidad en España, en 2008, las asociaciones de memoria histórica hicieron llegar listas que sumaban más de 114.000 desaparecidos, que luego se ampliaron a 143.000. El Juzgado número 5 de la Audiencia Nacional los agrupó en una base de datos que el Grupo de Trabajo de Desapariciones Forzosas o Involuntarias reiteradamente reclama al Gobierno que se haga pública. Sin resultados.

Barcelona: 800 días bajo las Bombas | BTV Datalab

Una visión de conjunto: la base de datos unificada de Innovation and Human Rights

La asociación sin ánimo de lucro Innovation and Human Rights (IHR) presentamos la base de datos centralizada de víctimas de la Guerra Civil y el franquismo. Cuenta con más de 200.000 documentos con nombres y apellidos, y le seguimos añadiendo datos mientras buscamos e investigamos más fuentes de información. La mayoría de documentos nunca habían sido tan accesibles antes. Lo hemos hecho para ayudar a las víctimas y a sus descendientes a encontrar información y para apoyar a personas que aún buscan justicia y reparación, como las de la Mesa de Entidades Memorialistas de Cataluña, con la Comisión de la Dignidad, el Colectivo Republicano del Baix Llobregat, la Asociación Pro-Memoria a los Inmolados por la Libertad en Cataluña, Lo Riu, Memoria de Mallorca, los familiares de desaparecidos impulsores de la creación del Banco de ADN y otros.

Queremos contribuir a difundir y promover la investigación histórica con tratamiento de datos sobre aspectos investigados menos conocidos de todo lo relacionado con la Guerra Civil y el franquismo, con rigor, referencia a documentos y profundidad. Porque, hasta ahora, la mayoría de las historias y los protagonistas de la represión han permanecido ocultos. En parte porque no se les ha reconocido como víctimas por la Ley de amnistía de 1977 o porque no todo el mundo ha tenido la convicción de la Asociación Catalana de Ex-Presos Políticos del Franquismo u otras asociaciones e iniciativas. Queda mucho trabajo por hacer, pese a interesantes documentales como Desde el otro lado del charco, de datecuenta.org, recién estrenado; Un padre (Victor Forniés, 2016), Avi, et trauré d’aquí (Montse Armengou y Ricard Belis, 2014), y El camí d’un protocol (Carles Seuba, 2013).

La base de datos nace de la necesidad de saber qué sucedió con los miembros de nuestra familia, hasta dónde llegó el alcance de la represión y quién concretamente la sufrió; necesidad y derecho a saber que contrastan con la dificultad de acceso y la fragmentación de la información. A Natalia Lemos, de combatientes.es, la dispersión de la documentación en multitud de archivos y la dificultad de hallar información acerca de su abuelo la llevó a elaborar la guía Cómo realizar una búsqueda, con docenas de enlaces.

La base de datos centralizada incluye inicialmente documentos respecto a víctimas mortales, víctimas de desaparición forzada y víctimas de represión durante la Guerra Civil y el franquismo. Actualmente, su característica fundamental es un buscador por nombre, pero se irán ampliando las herramientas de consulta y las posibilidades. Igualmente, trabajamos para armonizar y relacionar los documentos disponibles. Estamos en proceso de integrar en una sola web cientos de fuentes documentales y de iniciativas de memoria histórica muy diversas en tamaño y ubicación geográfica en toda España. Tenemos conjuntos de datos de decenas de miles de documentos, otros de algunos cientos y otros incluso de una veintena. Por ejemplo, hay documentos de investigaciones de historia local y otros de archivos estatales.

La base de datos tiene dos valores añadidos: (1) solo incluye documentos de los que puede citarse la referencia de la investigación —sea un proyecto de alguna institución o de autoría individual— y, siempre que es posible, la referencia del archivo donde se encuentran, y (2) todo es accesible a un clic.

Un proyecto inspirador es SIDBRINT (Sistema de Información Digital sobre las Brigadas Internacionales), la base de datos de la Universidad de Barcelona con información documental de más de 19.000 brigadistas, con más de 1.500 fuentes documentales.

Miembros de la Brigada Internacional en la cocina británica de Albacete, 1936-1937 | Imperial War Museum | Dominio público

Miembros de la Brigada Internacional en la cocina británica de Albacete, 1936-1937 | Imperial War Museum | Dominio público

Iniciativas fragmentadas

Algunas administraciones públicas han tomado iniciativas diversas para dar a conocer la represión franquista. Por ejemplo, Galicia tiene el proyecto nomesevoces.org, por el que, mediante un acuerdo entre las tres universidades públicas y la Consejería de Cultura de la Xunta, en 2006 se puso en marcha la creación de una base de datos de víctimas gallegas de muerte y de represalias. Ahora se puede consultar la lista e incluso descargarse un archivo.

El Gobierno del País Vasco publica también una «lista de personas muertas, fusiladas y/o desaparecidas en Euskadi durante la Guerra Civil y la dictadura franquista» y centraliza toda la actividad en torno al tema con Gogora, Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos.

El Gobierno de Navarra va un poco más allá y, mediante su sistema de archivos, ha indexado con nombre y apellido más de 42.000 fichas de combatientes de la Guerra Civil y ha publicado en línea más de 1.500 sentencias inculpatorias y absolutorias del Tribunal de Responsabilidades Políticas, digitalizadas, de modo que pueden descargarse íntegramente. Hay que decir que este tribunal juzgaba según la ley del mismo nombre, dictada en febrero de 1939, «reconociendo la necesidad de reconstrucción espiritual y material de la patria», con el agravante de ser retroactiva desde el 1 de octubre de 1934.

En cuanto a los archivos, solo de militares, hay veintiocho en toda España, y a menudo cada uno conserva documentación de un determinado fragmento de vida: reclutamiento, tropa, mando, afección o desafección según avales, juicio militar, privación de libertad en prisión o campo de concentración, batallón de soldados, batallón disciplinario de soldados trabajadores, batallón disciplinario de soldados trabajadores penados, entre otros.

Del mismo modo, hay archivos de muchos otros tipos: autonómicos, comarcales, municipales, judiciales, eclesiásticos, parroquiales, etc., y en todos ellos existe la posibilidad de encontrar documentos relacionados con la Guerra Civil y el franquismo, que prueben el ingreso en una prisión, en un hospital de sangre, y la muerte por heridas o por accidente o por ejecución tras un consejo de guerra o también de forma extrajudicial.

Sin embargo, no parece existir la voluntad política de preservar la memoria con visión de conjunto. También hay que reconocer el trabajo de los archiveros y archiveras a pesar de la poca dotación de recursos y nos complace mucho que el proyecto cuente con el apoyo de la Asociación de Archiveros y Gestores Documentales de Cataluña.

Uno de los conjuntos de datos que hemos integrado es la lista de reparación jurídica de víctimas del franquismo, con casi 70.000 registros, publicada por el Archivo Nacional de Cataluña (ANC) el pasado mes de julio en formato de datos abiertos. El ANC publicó este fichero con motivo de la aprobación de la Ley 11/2017 de reparación jurídica de las víctimas del franquismo, que declara ilegales los tribunales militares y simbólicamente nulas las sentencias y resoluciones de las causas instruidas por causas políticas. Hacen falta más leyes valientes como esta para promover el acceso a la información de la Guerra Civil y la época franquista en formato reutilizable. A raíz de esta publicación, decenas de personas que han accedido al listado del ANC han descubierto nombres de familiares de los que desconocían que habían sido víctimas de represalias. Aspiramos a que nuestra base de datos tenga también este efecto.


Innovation and Human Rights, con la publicación de esta base de datos, quiere aportar su grano de arena a la verdad, la justicia y la reparación. Si sois investigadores o investigadoras y queréis que publiquemos vuestros datos o deseáis compartir vuestra historia, escribidnos a info@ihr.world.

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Datos para la memoria histórica

Bombardeo aéreo de Barcelona, 1938 | Italian Airforce, Wikimedia Commons | Dominio público

Bombardeo aéreo de Barcelona, 1938 | Italian Airforce, Wikimedia Commons | Dominio público

La transparencia de una organización es una condición indispensable para acceder a la materia prima del periodismo de datos, conjuntos de datos que se ponen a disposición del público y pueden ser reutilizados y publicados sin restricción. Estos datos a menudo contribuyen al acceso al conocimiento o nos remiten a casos de investigación como los recientes Panama Papers. Pero también pueden contribuir a la recuperación de la memoria histórica. Ochenta años después, todavía es muy difícil encontrar información precisa sobre todas las víctimas de la Guerra Civil y el franquismo. Los documentos están dispersos entre multitud de archivos militares y de ámbito muy diverso. La asociación Innovation and Human Rights (IHR) presenta una base de datos para ayudar a las víctimas y a sus descendientes y contribuir a difundir y promover la investigación histórica.

Todo el mundo tiene una historia familiar respecto a la Guerra Civil y los datos lo confirman. Los muertos como resultado de la Guerra Civil se estiman alrededor de medio millón, pero no se conoce su cifra exacta. Se cree que unas 50.000 personas fueron víctimas de la violencia de varias secciones de grupos de izquierdas entre 1936 y 1939; 200.000 habrían muerto en el frente y, según Paul Preston, 200.000 más murieron en manos de los sublevados contra la República y durante la dictadura de Franco entre 1936 y 1975. Además, los muertos por bombardeos fueron 10.000 (más de 2.000 solo en Barcelona), según Hugh Thomas. Aparte están los desaparecidos en las cunetas; son las víctimas de desaparición forzada, en el término que utiliza Naciones Unidas: personas que sufrieron la privación de libertad y a menudo la tortura o ejecución extrajudicial por parte de agentes del Estado o grupos o personas que el Estado apoyaba.

Si los datos de los muertos no son precisos, los datos de las personas que sufrieron represalias aún lo son menos. Hubo 188 campos de concentración en la España franquista —dos de ellos en Barcelona, en Poblenou y en Horta—, como ha documentado Javier Rodrigo, y varios centros de prisioneros. Asimismo, más de 130.000 personas pasaron por los Batallones Disciplinarios de Soldados Trabajadores, agrupaciones de supuestos soldados que, a menudo sin haber cometido delito, eran obligados a trabajar duramente sin garantías, casi gratis, y que recientemente han recibido el nombre de esclavos de Franco.

En su último informe sobre España, de septiembre de 2017, el Grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias de Naciones Unidas, en el que ha participado Innovation and Human Rights, destaca: «Especialmente preocupante resulta constatar que la mayoría de recomendaciones fundamentales para que los familiares de personas desaparecidas durante la Guerra Civil y la dictadura puedan investigar la suerte y el paradero de sus seres queridos, tener acceso a la verdad, a la justicia y a reparaciones no han sido plenamente implementadas, y que hasta hoy los familiares están entregados a su propia suerte.»

En la mayoría de los casos, acceder a la información no es fácil. Se alude a la Ley de protección de datos en referencia a personas desaparecidas o que llevan muertas más de 50 años. Por ello desde Innovation and Human Rights (IHR) hemos cursado varias peticiones de acceso a la información pública y tenemos algunos convenios de colaboración en marcha. Una de las bases de datos a las que hemos solicitado acceder es la del Coste Humano de la Guerra Civil del Centro de Historia Contemporánea, de los muertos catalanes, para poder difundir el trabajo que ha llevado a cabo la Generalitat de Catalunya desde hace treinta años en este sentido.

Cuando el juez Baltasar Garzón abrió un controvertido sumario por crímenes contra la humanidad en España, en 2008, las asociaciones de memoria histórica hicieron llegar listas que sumaban más de 114.000 desaparecidos, que luego se ampliaron a 143.000. El Juzgado número 5 de la Audiencia Nacional los agrupó en una base de datos que el Grupo de Trabajo de Desapariciones Forzosas o Involuntarias reiteradamente reclama al Gobierno que se haga pública. Sin resultados.

Barcelona: 800 días bajo las Bombas | BTV Datalab

Una visión de conjunto: la base de datos unificada de Innovation and Human Rights

La asociación sin ánimo de lucro Innovation and Human Rights (IHR) presentamos la base de datos centralizada de víctimas de la Guerra Civil y el franquismo. Cuenta con más de 200.000 documentos con nombres y apellidos, y le seguimos añadiendo datos mientras buscamos e investigamos más fuentes de información. La mayoría de documentos nunca habían sido tan accesibles antes. Lo hemos hecho para ayudar a las víctimas y a sus descendientes a encontrar información y para apoyar a personas que aún buscan justicia y reparación, como las de la Mesa de Entidades Memorialistas de Cataluña, con la Comisión de la Dignidad, el Colectivo Republicano del Baix Llobregat, la Asociación Pro-Memoria a los Inmolados por la Libertad en Cataluña, Lo Riu, Memoria de Mallorca, los familiares de desaparecidos impulsores de la creación del Banco de ADN y otros.

Queremos contribuir a difundir y promover la investigación histórica con tratamiento de datos sobre aspectos investigados menos conocidos de todo lo relacionado con la Guerra Civil y el franquismo, con rigor, referencia a documentos y profundidad. Porque, hasta ahora, la mayoría de las historias y los protagonistas de la represión han permanecido ocultos. En parte porque no se les ha reconocido como víctimas por la Ley de amnistía de 1977 o porque no todo el mundo ha tenido la convicción de la Asociación Catalana de Ex-Presos Políticos del Franquismo u otras asociaciones e iniciativas. Queda mucho trabajo por hacer, pese a interesantes documentales como Desde el otro lado del charco, de datecuenta.org, recién estrenado; Un padre (Victor Forniés, 2016), Avi, et trauré d’aquí (Montse Armengou y Ricard Belis, 2014), y El camí d’un protocol (Carles Seuba, 2013).

La base de datos nace de la necesidad de saber qué sucedió con los miembros de nuestra familia, hasta dónde llegó el alcance de la represión y quién concretamente la sufrió; necesidad y derecho a saber que contrastan con la dificultad de acceso y la fragmentación de la información. A Natalia Lemos, de combatientes.es, la dispersión de la documentación en multitud de archivos y la dificultad de hallar información acerca de su abuelo la llevó a elaborar la guía Cómo realizar una búsqueda, con docenas de enlaces.

La base de datos centralizada incluye inicialmente documentos respecto a víctimas mortales, víctimas de desaparición forzada y víctimas de represión durante la Guerra Civil y el franquismo. Actualmente, su característica fundamental es un buscador por nombre, pero se irán ampliando las herramientas de consulta y las posibilidades. Igualmente, trabajamos para armonizar y relacionar los documentos disponibles. Estamos en proceso de integrar en una sola web cientos de fuentes documentales y de iniciativas de memoria histórica muy diversas en tamaño y ubicación geográfica en toda España. Tenemos conjuntos de datos de decenas de miles de documentos, otros de algunos cientos y otros incluso de una veintena. Por ejemplo, hay documentos de investigaciones de historia local y otros de archivos estatales.

La base de datos tiene dos valores añadidos: (1) solo incluye documentos de los que puede citarse la referencia de la investigación —sea un proyecto de alguna institución o de autoría individual— y, siempre que es posible, la referencia del archivo donde se encuentran, y (2) todo es accesible a un clic.

Un proyecto inspirador es SIDBRINT (Sistema de Información Digital sobre las Brigadas Internacionales), la base de datos de la Universidad de Barcelona con información documental de más de 19.000 brigadistas, con más de 1.500 fuentes documentales.

Miembros de la Brigada Internacional en la cocina británica de Albacete, 1936-1937 | Imperial War Museum | Dominio público

Miembros de la Brigada Internacional en la cocina británica de Albacete, 1936-1937 | Imperial War Museum | Dominio público

Iniciativas fragmentadas

Algunas administraciones públicas han tomado iniciativas diversas para dar a conocer la represión franquista. Por ejemplo, Galicia tiene el proyecto nomesevoces.org, por el que, mediante un acuerdo entre las tres universidades públicas y la Consejería de Cultura de la Xunta, en 2006 se puso en marcha la creación de una base de datos de víctimas gallegas de muerte y de represalias. Ahora se puede consultar la lista e incluso descargarse un archivo.

El Gobierno del País Vasco publica también una «lista de personas muertas, fusiladas y/o desaparecidas en Euskadi durante la Guerra Civil y la dictadura franquista» y centraliza toda la actividad en torno al tema con Gogora, Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos.

El Gobierno de Navarra va un poco más allá y, mediante su sistema de archivos, ha indexado con nombre y apellido más de 42.000 fichas de combatientes de la Guerra Civil y ha publicado en línea más de 1.500 sentencias inculpatorias y absolutorias del Tribunal de Responsabilidades Políticas, digitalizadas, de modo que pueden descargarse íntegramente. Hay que decir que este tribunal juzgaba según la ley del mismo nombre, dictada en febrero de 1939, «reconociendo la necesidad de reconstrucción espiritual y material de la patria», con el agravante de ser retroactiva desde el 1 de octubre de 1934.

En cuanto a los archivos, solo de militares, hay veintiocho en toda España, y a menudo cada uno conserva documentación de un determinado fragmento de vida: reclutamiento, tropa, mando, afección o desafección según avales, juicio militar, privación de libertad en prisión o campo de concentración, batallón de soldados, batallón disciplinario de soldados trabajadores, batallón disciplinario de soldados trabajadores penados, entre otros.

Del mismo modo, hay archivos de muchos otros tipos: autonómicos, comarcales, municipales, judiciales, eclesiásticos, parroquiales, etc., y en todos ellos existe la posibilidad de encontrar documentos relacionados con la Guerra Civil y el franquismo, que prueben el ingreso en una prisión, en un hospital de sangre, y la muerte por heridas o por accidente o por ejecución tras un consejo de guerra o también de forma extrajudicial.

Sin embargo, no parece existir la voluntad política de preservar la memoria con visión de conjunto. También hay que reconocer el trabajo de los archiveros y archiveras a pesar de la poca dotación de recursos y nos complace mucho que el proyecto cuente con el apoyo de la Asociación de Archiveros y Gestores Documentales de Cataluña.

Uno de los conjuntos de datos que hemos integrado es la lista de reparación jurídica de víctimas del franquismo, con casi 70.000 registros, publicada por el Archivo Nacional de Cataluña (ANC) el pasado mes de julio en formato de datos abiertos. El ANC publicó este fichero con motivo de la aprobación de la Ley 11/2017 de reparación jurídica de las víctimas del franquismo, que declara ilegales los tribunales militares y simbólicamente nulas las sentencias y resoluciones de las causas instruidas por causas políticas. Hacen falta más leyes valientes como esta para promover el acceso a la información de la Guerra Civil y la época franquista en formato reutilizable. A raíz de esta publicación, decenas de personas que han accedido al listado del ANC han descubierto nombres de familiares de los que desconocían que habían sido víctimas de represalias. Aspiramos a que nuestra base de datos tenga también este efecto.


Innovation and Human Rights, con la publicación de esta base de datos, quiere aportar su grano de arena a la verdad, la justicia y la reparación. Si sois investigadores o investigadoras y queréis que publiquemos vuestros datos o deseáis compartir vuestra historia, escribidnos a info@ihr.world.

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Los nuevos reaccionarios

Hombres jugando a cartas. Victoria, Australia, 1944 | Jim Fitzpatrick. National Library of Australia | Sin restricciones conocidas de derechos de autor

Hombres jugando a cartas. Victoria, Australia, 1944 | Jim Fitzpatrick. National Library of Australia | Sin restricciones conocidas de derechos de autor

Desde hace unas décadas surgen nuevos espacios para la construcción de la identidad que dejan atrás la situación de dominación total de hace un siglo. Ante esto, un amplio grupo de gente que debería tenerlo fácil para ser aquello que quiere ser siente que se enfrenta a barreras insuperables. Son los reaccionarios, hombres blancos, heterosexuales, de clase media, que consideran que existe una hegemonía cultural y social que les roba el derecho a ser como quieren ser. A pesar de esto, los indicadores apuntan que lo siguen teniendo más fácil para triunfar, elegir y vivir su vida.

La identidad es escurridiza.

En los países ricos como el nuestro, con acceso libre a la información, parece bastante sencillo construirse una identidad a medida. Al menos a primera vista: escoger entre los rasgos propios; ignorar, cuestionar o modificar aquellos con los que no nos sentimos cómodos; potenciar otros; acudir al ilimitado menú simbólico y cultural que la globalización pone a nuestra disposición. En definitiva: decidir.

Pero este poder tiene algo de espejismo. Por un lado, nadie es una hoja en blanco. Por ejemplo, si nacemos con órganos reproductivos masculinos pero nos sentimos y queremos adscribirnos a una categoría de género distinta a «hombre», el proceso por el que debemos pasar no es ni libre ni sencillo. Al contrario, se trata de un camino complejo, que acarrea costes, no solo beneficios. Ambos moldearán lo que seremos. Otro caso: pongamos que crecemos en un determinado país, pero en un momento dado de nuestra juventud nos mudamos a otro donde pretendemos construir una vida, una carrera. Ahora somos inmigrantes. Esa categoría es parte de nuestra identidad lo queramos o no, y deberemos gestionar nuestra nueva posición. De nuevo, aparecen costes junto a los beneficios, sin ser nosotros quienes decidimos la cuantía de los mismos, ni cuándo o cómo se pueden volver inasumibles. De hecho, a veces, se convierten en barreras insalvables. Sencillamente, no todos contamos con las mismas oportunidades para ejecutar nuestras decisiones, para escoger esto o dejar aquello y hacer de nuestra trayectoria vital un collage perfecto. Hay lugares y condiciones a los que muchos no podrán llegar aunque lo deseen y lo intenten. Con el consiguiente resultado: frustración en algunos casos, adquisición de una posición ideológica en otros, indiferencia incluso. En definitiva, aún existen ciertos caminos más transitados que otros, y salirse de ellos está muy lejos de ser gratis. Es ahí donde la identidad se escapa de las manos del individualismo para encontrarse con lo que a los sociólogos les gustan llamar «estructura».

Pocos lectores se sorprenderán con esta apreciación, que sonará casi obvia para muchos. Construir la propia identidad aún es, en muchos casos, un proceso arduo que para nada sucede en un vacío perfecto. Nada nuevo hasta ahora. La mayoría lo sabemos, o lo intuimos, y lidiamos con ello de una manera o de otra.

Lo que quizá sí resulte más chocante para estos mismos lectores (no sorprendente, pues ya se habrán encontrado con algunos ejemplos en su deambular diario por las redes) es que un grupo nutrido de gente que, en principio, lo tendría fácil para ser aquello que quiere ser siente que se enfrenta a barreras insuperables, que la estructura juega en su contra. Digámoslo claramente. Se trata de personas que normalmente contienen varios de los siguientes rasgos, si no todos, y además desean adscribirse a los mismos de manera activa: hombres, blancos, heterosexuales, de clase media. Lógicamente, no todos (ni siquiera una mayoría) de estas personas piensa así, pero la mayoría de los que así piensan comparten dichos rasgos. Para ellos hay una estructura dominante que no les permite ser como quieren. Son los reaccionarios: lo que les une es la reacción ante lo que ven como el nuevo statu quo.

Cuatro hombres discutiendo ante una pila de madera. Victoria, Australia, 1944 | Jim Fitzpatrick. National Library of Australia | Sin restricciones conocidas de derechos de autor

Cuatro hombres discutiendo ante una pila de madera. Victoria, Australia, 1944 | Jim Fitzpatrick. National Library of Australia | Sin restricciones conocidas de derechos de autor

Los reaccionarios consideran, por lo tanto, que existe una hegemonía cultural y social que les roba el derecho a ser como quieren ser. Exactamente igual que aquellos que pertenecen a ciertas minorías, solo que la hegemonía percibida por cada uno de ambos grupos es diametralmente opuesta. De hecho, el reaccionario que se lamenta de la situación actual (cabe recordar que otros muchos, quizá la mayoría, no lo hacen) considera que dichas minorías ya han ganado, y que en su victoria él es el perdedor. Si aspira a reafirmar la mejor posición de los hombres sobre las mujeres a la hora de desarrollar ciertos trabajos, la diferencia en algunas áreas de los blancos sobre los negros, la superioridad de la cultura occidental sobre las demás, ya no pueden hacerlo. Señalar qué es natural y qué no, cómo deberían ser las cosas, no es posible en esta supuesta nueva hegemonía. Con ello se ahogan. O al menos así se desprende de sus constantes quejas, apreciables en un nada despreciable número de cuentas de Twitter, perfiles de Facebook, vídeos de YouTube y, por supuesto, los discursos de ciertos partidos y líderes políticos en Europa y en los Estados Unidos.

La paradoja es obvia. En realidad, es más un espejismo. Porque casi cualquier indicador cuantitativo con que contamos demuestra que no es así: no vivimos un nuevo reinado de las minorías. Más bien, los grupos sociodemográficos a los que pertenecen los reaccionarios lo siguen teniendo comparativamente más fácil para triunfar, elegir y vivir su vida.

Sin embargo, estos mismos indicadores apuntan a una mejora relativa de la posición de muchas minorías en las sociedades occidentales en las últimas décadas. Al mismo tiempo, se han venido detectando ciertas bolsas de exclusión en ámbitos donde hasta ahora no se esperaban, o que al menos habían pasado desapercibidas: antiguas zonas prósperas y obreras en decadencia, por ejemplo. Pero quienes engrosan las filas de los excluidos en ningún caso comandan la reconstrucción epistémica de los que se pretenden reaccionarios. En el mejor de los casos, los desclasados son más un arma, o una excusa, que una vanguardia al frente de lucha alguna.

En definitiva, poco a poco se han ido abriendo nuevos espacios para una construcción identitaria que, si bien dista mucho de ser igualitaria, tiene cada vez menos que ver con la situación de dominación casi total de hace un siglo. Y así es como se produce el espejismo: parece que han perdido, que están siendo anulados, pero en realidad solo se trata de una pérdida de poder relativa.

Quienes han ido ganando cuota discrepan entre sí sobre cómo se ha logrado el cambio. Para unos se trata de una batalla contrahegemónica. A una estructura cultural imbricada en las clases dominantes se contrapone una alternativa que les interpela directamente, ganando paso a paso espacios siguiendo una estructura de conflicto más o menos clásica, cuya consecuencia última debería ser la sustitución de una hegemonía por otra. Para otros, sin embargo, el proceso ha sido de apertura, con lo que la dicotomía se produce más entre uniformidad y pluralismo. La tesis roja contra la tesis multicolor, por así decirlo.

«Las guerras culturales se juegan hoy más que nunca, en muchos frentes: el cuerpo de las mujeres, las escuelas y sus libros de texto, la unión de dos personas adultas, los debates en los campos universitarios.»

Este debate está implícito también entre los reaccionarios. Para ellos, en algún punto de los últimos diez, veinte o treinta años se impuso una nueva hegemonía que estructuraba la producción identitaria y a la que había que acogerse sí o sí, anulando en el proceso las que antes dominaban. Pero eso no quiere decir que acepten que la identidad solo puede construirse en conflicto. Al contrario, en su seno se reproduce la misma división que sus supuestos adversarios. Mientras algunos parecen aceptar sin mayor problema que la batalla es inevitable, otros argumentan que el pluralismo sigue siendo un ideal a alcanzar, pero que ha quedado opacado por esta nueva dominación, para la que no pocas veces usan el epíteto (intencionadamente vago) de «corrección política». Es en la «incorrección» en la que se escudan, por tanto. Parecen decir: «si amáis la heterodoxia, ¿por qué teméis tanto los discursos que no encajan con vuestro ideal?, ¿por qué no permitís identidades ofensivas?».

¿Puede construirse la identidad en ausencia de dialéctica, de conflicto? ¿O la reacción que estamos observando era inevitable, precisamente porque la amenaza que perciben es real, aunque esté lejos de ser ejecutada? Las guerras culturales que han marcado el debate público, primero en Estados Unidos en los años noventa y después alrededor de todo el hemisferio occidental, podrían ser un ejemplo a favor de la segunda hipótesis. Se jugaron, y se juegan hoy más que nunca, en muchos frentes: el cuerpo de las mujeres, las escuelas y sus libros de texto, la unión de dos personas adultas, los debates en los campos universitarios. De su dinámica inicial, de conservadores contra progresistas, se han movido al esquema que aquí describimos, en el cual los reaccionarios se han convertido en una versión perfeccionada, de ataque directo, de las posiciones más extremas entre el conservadurismo, al que ahora consideran prácticamente un traidor, un desertor en el frente. Una que, además, se ha rearmado con argumentos de orden estructural.

De hecho, si la construcción de la identidad no puede ser separada de las estructuras sociales, económicas y de poder existentes, resulta difícil imaginarla en ausencia total de conflicto, en un hipotético futuro ideal en el que cualquiera acuda a una paleta de colores y escoja de manera alegre, aséptica e individual qué ser y cómo serlo. Sin guerra cultural no habría, por lo tanto, identidad. La cultura sería un campo de batalla permanente.

Pero, al mismo tiempo, resulta difícil imaginar las sociedades como meros juegos de suma cero, donde ciertos grupos tengan que perder (no de manera relativa, sino absoluta) para que otros ganen espacio y libertad. Si tal cosa fuese cierta, jamás surgirían nuevas identidades, nuevos sentimientos de pertenencia, que solo pueden venir del mestizaje. Nos guste o no, parece que el conflicto es, en definitiva, productivo para la identidad.

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3 formas de pensar: abstracción, descomposición y construcción de patrones

En el marco de la inauguración de Edutec 2017, el congreso más importante de educación y tecnología de Iberoamérica, organizado por nuestra Universidad, el Director del Centro de Estudios de la Fundación Ceibal e investigador del Instituto de Internet de la U. de Oxford, Dr. Cristóbal Cobo (en la fotografía), llamó a no abusar de las TICs, pues, según él, no producen avances ni cambios en los procesos formativos. “No basta con conocer: hay que aprender a entender. No es solo acceder a la información, sino tener la capacidad de conectar”, explicó. En ese sentido, el especialista adjudicó a la labor docente un rol fundamental en el uso adecuado de nuevas herramientas; y advirtió:  “No hay que reinventar la pedagogía. Hay que enfocarse en las interacciones y no tanto en las herramientas”.

<Abajo encontrarás acceso a la presentación>

Fuente: usach.cl

“Una de las complejidades de la educación es que no solo se enseñan cosas fáciles. También, se instruyen valores, consejos y salir de situaciones humanamente muy complejas, que no son fácilmente exportables a algoritmos”. Con estas palabras, Cristóbal Cobo, PhD en Ciencias de la Comunicación de la Universitat Autònoma de Barcelona, Director del Centro de Estudios de la Fundación Ceibal e investigador asociado del Instituto de Internet de la Universidad de Oxford, se refirió a las limitantes de la tecnología en un mundo donde la dependencia por los dispositivos inteligentes aumenta día a día.

En el marco de la XX versión de Edutec 2017, el congreso de educación y tecnología más importante de Iberoamérica que por primera vez se realiza en Chile y es organizado por la Universidad de Santiago, el especialista reconoció el aporte de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en la educación, pero enfatizó que “la tecnología por sí sola, como una variable independiente, no genera trasformaciones en los procesos educativos como se esperaba”.

Desde su perspectiva, existe una sobrexposición y dependencia por estas herramientas que termina produciendo un efecto nocivo en la formación, ya que repercute en una menor atención y una mayor ansiedad. Además, indicó que termina fomentando el conocimiento de las cosas, pero no el cuestionamiento de las mismas. Por eso, subrayó la importancia de regular su uso e indicó que es fundamental que los docentes incorporen el concepto de “desobediencia tecnológica”. Es decir, “usar la tecnología para fines distintos a las cuales fue creada”, explicó.

“¿Cómo hacemos para no dejar de pensar en una época en que vamos a Google y este responde antes de que lo preguntemos? ¿Cuál es el costo de tener aparatos que piensan por uno?”, cuestionó. Por eso, insistió en que “no basta con conocer: hay que aprender a entender. Ahí está lo difícil, porque no se trata solo de acceder a la información, sino de tener la capacidad para conectar”.

El Dr. Cobo adjudicó un rol fundamental a la labor docente en esta tarea, fomentando las habilidades de estudiantes contemporáneos, 100% digitales, para resolver problemas usando las TIC como un medio y no como un fin, en un mundo que exige adaptación permanente producto de la velocidad con que avanza la tecnología. “Tenemos muchas experiencias en procesos de aprendizaje donde se ocupa nueva o vieja tecnología para repetir viejas prácticas… Si sabemos que lo que estamos aprendiendo va a quedar obsoleto, lo mejor es dar herramientas para explorar”, afirmó.

Para eso, resaltó la importancia de dar énfasis a actividades que fomenten la abstracción, la descomposición y la construcción de patrones. “No hay que reinventar la pedagogía. Hay que enfocarse en las interacciones y no tanto en las herramientas”, concluyó.

Desafíos

Durante la inauguración del congreso, el Rector de la Universidad de Santiago, Dr. Juan Manuel Zolezzi Cid, reconoció la importancia de incorporar las tecnologías en los procesos formativos, pero, en línea con la exposición de Cobo, en un espacio “de análisis y colaboración, que fomente la formación mediada por las tecnologías, pero basada en la investigación e innovación”, sostuvo.

En la misma línea, el Director del Centro de Investigación e Innovación en Educación y TIC (CIIET) de la U. de Santiago y Presidente del comité organizador de Edutec 2017, Dr. Juan Silva, afirmó mayores desafíos en el ámbito educativo es responder de buena manera a la alta demanda social por incorporar las TIC en las salas de clases.

“El aplicarlas sin haber hecho un estudio previo de la metodología con que se inscribe a la larga crea problemas. Lo importante no es la tecnología, sino la metodología donde esa tecnología justifica su razón de ser”, afirmó el Presidente de Edutec, Dr. Francisco Martínez.

 

Autor:
Cristóbal Miranda Ríos

Un ministerio para pensar en el Futuro

Un bebé y un perro en un velero. Sydney, c. 1910 | Samuel J. Hood, Australian National Maritime Museum | Sin restricciones conocidas de derechos de autor

Un bebé y un perro en un velero. Sydney, c. 1910 | Samuel J. Hood, Australian National Maritime Museum | Sin restricciones conocidas de derechos de autor

Ser consciente del futuro de manera ecológica significa ser consciente que hay muchas más escalas temporales (y espaciales) que los humanos tendrían que tener en cuenta y reflexionar. El Ministerio del Futuro es una iniciativa artística dentro de la exposición Después del fin del mundo para convencer a los gobiernos del mundo de que habiliten mecanismos para la política a largo plazo. El primer ministro del Futuro es encarnado por el filósofo Timothy Morton, creador de conceptos como «hiperobjeto» y «ecología oscura», y uno de los pensadores de referencia mundial preocupados por imaginar una nueva relación con el planeta. Reproducimos aquí el discurso que leyó en la inauguración de la exposición donde explica las funciones de este nuevo ministerio y reflexiona sobre los conceptos de «Fin del mundo», «Futuro», «Vida» y «Arte», entre otros.

 

Me llamo Timothy Morton y he sido nombrado Ministro del Futuro por la buena gente aquí en el CCCB.

He venido en avión desde Houston, Texas, y obviamente, aún estoy bajo los efectos del jet lag. Una parte de mi aún está en Houston. Otra parte quedó desparramada sobre el océano Atlántico. Mi alma aún no se me ajusta al cuerpo, por así decirlo. Y esta sensación es exactamente de lo que os quiero hablar hoy. Ser ecológicamente consciente significa tener sensaciones como el jet lag. Quiere decir darse cuenta que te sientes desparramado, que tu mente aún no se corresponde a las condiciones físicas actuales. Y eso explica algo profundo sobre el tiempo, algo que nuestro mundo, tan bien medido, esconde. Os contaré más al respeto en un rato. Esperad un momento.

Me gustaría daros la bienvenida a esta presentación, que tiene por título Después del fin del mundO.

¿Qué significa, el fin del mundo? Significa el fin de la idea que el ser humano es la única entidad del universo que puede definir qué es la realidad. Quiere decir que hay muchísimas entidades no-humanas en nosotros, que nos penetran, que nos permiten existir, que acechan por el horizonte listos para pulverizar, o más bien, pulverizando el escenario aparentemente estable –porque hace tiempo que dura– donde parece que actuemos. Quiere decir que lo que llamamos naturaleza ya nunca más será natural, porque no se comporta como un decorado neutral y bonito para nuestro drama humano. Una parte del escenario se nos cae encima y duele. Se está deshilachando y detrás vemos todo de cosas que no queríamos ver.

Se podría decir que el fin del mundo ya ocurrió. El calentamiento global ya ha empezado. No es lo mismo que decir que todos moriremos o que nada importa. Quiere decir que ya no podemos vivir más como si estuviéramos entre algodones, algodones reales o imaginarios. El fin del mundo ha empezado, sino no podríais sentir lo que acabo de decir sobre escenarios que se colapsan. No hagáis caso a la gente que os advierta que el fin se acerca. A su manera, quieren ayudar. No es un apocalipsis religioso y no vamos a recibir ningún premio ni seremos castigados. Más bien es como aquellas películas en las que la protagonista se da cuenta que está muerta.

Soy el Ministro del Futuro, lo que significa tres cosas.

La primera: significa que soy responsable de aquello que aún no existe. Y estos seres dependen profundamente de lo que hacemos nosotros ahora mismo. En el futuro, dos cosas serán ciertas. Serán más ciertas a medida que miréis en un futuro más lejano.

1: yo, como Timothy Morton, esta persona en concreto, cada vez seré cada vez menos relevante, menos importante.

2: cada cosita que Timothy Morton haga, cada vez será más relevante, más importante.

Salas de espera de la exposición «Después del fin del mundo» | © CCCB, 2017. Autor: Gunnar Knechtel Photography

Salas de espera de la exposición «Después del fin del mundo» | © CCCB, 2017. Autor: Gunnar Knechtel Photography

Hacer esto (mover un pequeño objeto como un vaso unos cuantos centímetros) significará algo enorme de aquí a cien mil años.

Cien mil años es el periodo de tiempo máximo del calentamiento global. Vale. Esto me lleva a la Segunda Cosa.

Ser consciente del futuro de manera ecológica significa ser consciente que hay muchas más escalas temporales (y espaciales) que los humanos tendrían que tener en cuenta y reflexionar. El calentamiento global durará hasta dentro de 100.000 años: el 7 % de los efectos del calentamiento global aún estarán sucediendo, mientras son absorbidos lentamente por rocas ígneas.

Otro periodo son 30.000 años. De aquí treinta mil años, las corrientes oceánicas habrán absorbido la mayoría de los derivados de carbono, pero en la atmosfera, aún quedarán, en suspensión, un 25%. La vida media del plutonio 239 es de 24.100 años. Estos periodos son tan grandes como la historia entera de la Humanidad, o más. Las pinturas de la cueva de Chauvet, en Francia, están datadas de hace 30.000 años.

Otro periodo temporal son 500 años. El 75% de los efectos del calentamiento global aún persistirán dentro de quinientos años. Intento imaginarme como era la vida el 1511.

Ninguna de estas escalas temporales es menos real que la otra. Y tienen alguna cosa en común. Todas estas escalas se pueden predecir, de una manera u otra. Podemos calcular, computar, extrapolar que habrá pasado de aquí muchos años, muy adelante en el futuro.

Esto es el futuro mesurable. Soy el Ministro del Futuro Mesurable. Soy responsable de los seres, humanos y no humanos, los que aún no existen, la existencia de los cuales vendrá determinada por lo que hacemos ahora, por cómo pensamos ahora. Todas nuestras decisiones están influenciadas por ellos, si lo pensáis bien. ¿Aceleraréis al doblar la esquina o reduciréis la velocidad por si acaso hay alguien o alguna cosa? El CCCB acaba de anunciar, oficialmente, que podemos preocuparnos de ello, que tendríamos que preocuparnos de ello.

Pero también soy el Ministro del Futuro Inconmensurable. ¿Qué quiere decir eso? Soy el ministro de la posibilidad del futuro. Soy el ministro de lo futurible, como dicen algunos. De la calidad futurible, de la «futuralidad», si queréis decirlo así.

Este tipo de futuro no es predecible. Este tipo de futuro es el futuro que permite que suceda el futuro predecible. En términos vitales, es la posibilidad que haya vida, de la vida tal y como la conocemos. La vida, que siempre tiene esta necesaria calidad de futuro abierto.

Este tipo de futuro, por lo que respeta nuestra implicación como humanos, tiene otro nombre.

Salas de espera de la exposición «Después del fin del mundo» | © CCCB, 2017. Autor: Gunnar Knechtel Photography

Salas de espera de la exposición «Después del fin del mundo» | © CCCB, 2017. Autor: Gunnar Knechtel Photography

La palabra para este tipo de futuro es arte. El arte es el futuro y yo soy el Ministro del Futuro. Sostengo la puerta abierta para enseñaros que hay otras posibilidades más allá de la puerta. El arte es la puerta. El arte no es solo un cuadro o una representación. El arte es acción, artesanía, creación. El arte es causa y efecto. Y el arte es el futuro. ¿Qué significa una obra de arte? ¿Qué es una obra de arte, al fin y al cabo? No lo sabemos… aún. Esta sensación de «aún no», no se va. Acompaña lo que pasa ahora, como un fantasma. Como la luna que veis por la ventana de un coche que corre: parece que te siga, que flote a tu lado. El arte deja abierta la posibilidad que las cosas sean diferentes, y si sois como yo, de verdad que os gustaría que muchas cosas fueran diferentes, al menos algunas.

Por eso estoy muy emocionado de poder ser Ministro del Futuro aquí. No soy el gobernante, soy el ministro. Apunto hacia la apertura que llamamos futuro, la mantengo abierta y os pido que esperéis mientras el arte pasa. He hecho estas salas de espera en nuestro espectáculo, porque esperar es la asignatura principal, el ingrediente básico en la era del calentamiento global. ¿Ha empezado? ¿Cuándo empezará de verdad?¿Qué va a pasar, entonces? ¿A quién? Todas estas sensaciones tiene que ver con habitar un espacio donde hay otras entidades a parte de los humanos, entidades como el huracán donde estuve hace pocas semanas, en Houston, y estas entidades tienen su propio compás, que tengo que seguir.

Aquel armatoste, que parecía una nave extraterrestre gigante, hacía días que flotaba sobre Houston. Te tenías que esperar. Era tiempo-huracán, no tu-tiempo. Esperar despierta muchos sentimientos, la mayoría poco agradables. Acostumbrarte a estos sentimientos para no hacernos daños los unos a los otros o correr por ahí como pollos sin cabeza cada vez será más importante.

Esperar implica un futuro incierto, abierto. El arte es un futuro abierto, ¿recordáis? El arte mantiene abierto este espacio de espera y así lo podemos estudiar, acostumbrarnos a él y que se nos ocurran cosas en medio de la desazón.

Así que me gustaría daros la bienvenida al futuro, que está ocurriendo ahora, como las sombras de esta sala. Y me gustaría presentaros a los artistas del espectáculo: Benjamin Grant, Natalie Jeremijenko, Charles Lim, Rimini Protokoll, Tomás Saraceno, Superflux, Unknown Fields Division (Kate Davies y Liam Young). Y a los encantadores  comisarios, Rosa Ferré y José Luis de Vicente.

Y ahora, como una sombra, callaré y dejaré que hablen los otros. Gracias.

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