Estuvimos en Barcelona desarrollando workshops en el 21º Forum de FEDAIA ¡Así lo pasamos!

Viajamos a Barcelona para desarrollar un par Workshops en el marco del 21º Forum de la Federación de Entidades de Atención a la Infancia y Adolescencia (FEDAIA) bajo el la convocatoria: Dibujar el itinerario de inclusión social a la infancia.  Bajo un gran ambiente y un espectacular marco de participantes (más de 150 personas) se desarrolló este jueves y viernes (26 y 27 de octubre) el 

James Bridle: La tecnología es política

Thalia Bell haciendo una demostración de cómo funcionaba la radio. Tallapoosa County, 1926

Thalia Bell haciendo una demostración de cómo funcionaba la radio. Tallapoosa County, 1926 | Auburn University Libraries Special Collections and Archives | Dominio público

El desarrollo de la sociedad de la información se basa en la creencia más o menos consciente de que la tecnología por sí misma mejora la vida de las personas. Un relato plausible pero que no siempre incide en los aspectos más controvertidos —y poco debatidos— de este proceso histórico y cultural. La obra del artista y escritor James Bridle transcurre por el lado menos visible de la revolución digital y pone bajo los focos algunas de sus derivas. Aprovechando su visita al CCCB como invitado del festival The Influencers, repasamos sus proyectos más destacados.

Pese a concentrar un enorme poder económico y facilitar una capacidad de control antes inimaginable, el sector tecnológico es visto con simpatía. Su imagen como motor de desarrollo y progreso sobrevive al paso de los años, a diferencia de otros ámbitos de la economía como el bancario o inmobiliario. Todo ello pese a externalidades como el extractivismo de datos, la vigilancia gubernamental, las aplicaciones militares o, recientemente, la amenaza de destrucción masiva de empleo.

El artista y escritor James Bridle ha basado la mayor parte de su carrera en revelar los entresijos de las nuevas tecnologías, especialmente de aquellas vinculadas al poder político y militar. Con un enfoque no apocalíptico, ni siquiera pesimista, este británico afincado en Atenas apuesta por el conocimiento como condición necesaria para evaluar la realidad. «Vivimos en un mundo formado y definido por la computación», escribe en uno de sus ensayos, «y uno de los trabajos del crítico y del artista es llamar la atención sobre el mundo tal y como es».

Asaltar los cielos

Si el tópico es cierto, y el siglo XXI empezó con la caída de las Torres Gemelas, James Bridle es sin duda un artista del tercer milenio. Nacido en 1980, su juventud ha transcurrido entre las invasiones de Afganistán e Irak, atentados terroristas en su país natal, la guerra de Siria y el nacimiento del ISIS. Su obra bebe de un contexto de tensiones entre seguridad y libertad, un espacio de fronteras difusas en el que han proliferado unos artefactos técnicos inquietantes: los drones militares.

Los vehículos aéreos de combate no tripulados son armas diseñadas para llevar a cabo ataques selectivos o misiones de espionaje sin necesidad de piloto. Por su tamaño reducido, los drones militares pueden actuar en territorio enemigo sin ser detectados o llamar la atención. Durante un tiempo, esta invisibilidad física también fue mediática. La prensa occidental no informó sobre su uso hasta aproximadamente 2012, pese a que estas aeronaves se emplean en países como Pakistán o Afganistán desde 2004.

El trabajo de James Bridle se inició como una respuesta a esa escasez de información. Drone Shadows, uno de los primeros proyectos sobre el tema, respondía a una pregunta sencilla: ¿Cómo sería estar al lado de un dron? En 2012, las fotografías sobre este tipo de armamento eran prácticamente inexistentes, por lo que era difícil imaginar su escala o nivel de sofisticación tecnológica. Tras llevar a cabo una investigación sobre sus medidas y aspecto, el artista empezó a dibujar siluetas de estas aeronaves en espacios públicos, en un intento de hacerlas visibles a los transeúntes. En una línea de trabajo paralela abrió Dronestagram, una cuenta en Instagram con imágenes de las coordenadas exactas en las que se documentaban ataques. En este caso, la pregunta implícita era otra: ¿Por qué sabemos tan poco de los lugares y las personas que nuestros gobiernos bombardean?

 

Drone Shadow 007. London, 2014 | © James Bridle

Drone Shadow 007. London, 2014 | © James Bridle

En paralelo a su trabajo con drones militares y previamente a la expansión de estas herramientas para uso doméstico y civil, Bridle inició una línea de investigación con globos caseros de helio, a los que llamó «prototipos de dron». Un medio con el que empezó a explorar modos de contrarrestar el uso de aeronaves policiales, así como de obtener imágenes aéreas independientes y autogestionadas. Su proyecto más destacado en este ámbito es The Right To Flight, la instalación de un globo suspendido en el cielo de Londres durante cuatro meses. El ingenio estaba dotado con cámaras y routers que le permitían comunicar datos en tiempo real a cualquier persona que lo solicitase. Al mismo tiempo, el artista británico organizó talleres y conferencias sobre las posibilidades lúdicas y políticas de la fotografía aérea ciudadana, así como su relación con la cartografía y la vigilancia gubernamental.

El mapa y el territorio

Aunque no es evidente, la fotografía aérea tiene implicaciones en la percepción del espacio físico. Los servicios de mapas digitales muestran al usuario, el portador de la señal GPS, como el centro del mundo; pero también establecen un tipo de perspectiva y relación de poder basados en quién tiene la capacidad técnica para capturar imágenes desde el cielo. En un intento de deconstruir esta manera de ver, James Bridle ha desarrollado obras como Rorschmap o Anicons, que aportan una nueva estética cartográfica. En manos de estas aplicaciones, las capturas tomadas por globos caseros o satélites se transforman en caleidoscopios, recuperando la belleza y el sentido de descubrimiento de los primeros atlas.

La pugna por la fotografía aérea refleja también tensiones a ras de suelo, especialmente cuando se usa para fines securitarios. La generación de Bridle —recordemos, la del No a la Guerra, también en Inglaterra, así como el movimiento Occupy— ha aprendido a la fuerza que el espacio público no es público en todas las acepciones del término. En determinadas ocasiones, el estado puede desplegar su autoridad sobre el terreno para reclamar su hegemonía, especialmente cuando este se usa para fines no previstos. «Es en esos momentos», escribe Bridle, «cuando las estructuras reales de la vida urbana se hacen visibles: una matriz de permisos y observaciones, muchas de ellas ilegibles la mayor parte del tiempo».

La tensión sobre el control del espacio se hace también evidente en la proliferación de sistemas de videovigilancia públicos y privados. El artista ha trabajado este tema en distintos formatos (Every CCTV Camera, The Nor), entre los que se incluyen paseos por Londres en los que fotografía y registra cuantas videocámaras encuentra. En esta suerte de deriva situacionista, Bridle ha llegado a contar 140 cámaras en un solo trayecto de dos kilómetros. Y por si la sensación de acecho fuera poca, la policía le interrogó en una ocasión tras verle deambular, sacando instantáneas. Como él mismo ironizó más tarde, la retención se debió «a un posible delito de prestar atención».

Migraciones y ciudadanía en un mundo virtual

El veto sobre lo que es visible y transitable abarca espacios públicos y privados, pero también procesos administrativos. En Seamless Transitions, un proyecto de 2015 sobre la deportación de migrantes, James Bridle descubre que es ilegal fotografiar los centros de detención y tribunales que se usan en Gran Bretaña para llevar a cabo repatriaciones. Una red de instalaciones que, paradójicamente, incluye vestíbulos de lujo y aviones privados. El motivo: las compañías aéreas no quieren transportar a pasajeros bajo coacción, especialmente tras la muerte por paro cardiorrespiratorio de un ciudadano angoleño que estaba siendo deportado a su país en 2010.

Con el propósito de evidenciar la existencia de estos espacios, James Bridle adquirió planos y fotografías por satélite, entrevistó a académicos y activistas, y trabajó con una agencia de visualización de edificios para recrearlos. De este modo, y aunque el resultado no deja de ser una representación virtual en 3D, el artista saca a la luz rincones inaccesibles, al tiempo que revela cómo funciona el sistema británico de inmigración.

Seamless Transitions

Aunque Bridle ha trabajado concretamente el tema de las migraciones y la crisis de refugiados en Europa, es remarcable su reinterpretación del concepto de ciudadanía en un sentido amplio. Este es el tema central de Citizen X, una extensión para navegadores que rastrea dónde se encuentran los servidores de las webs que se visitan en Internet. La herramienta muestra las ubicaciones en tiempo real y dibuja una bandera con los fragmentos de esas nacionalidades. Un planteamiento sencillo pero efectivo que constata una nueva forma de ciudadanía, la ciudadanía algorítmica. En esta nueva manera de habitar el mundo, las libertades y derechos de las personas se calculan, reescriben y cuestionan en función de su navegación; de un modo imperceptible para el usuario pero accesible —aunque sea de un modo agregado— para gobiernos y empresas.

Dar forma al progreso

«Lo personal es político» fue una de las máximas más populares del feminismo de los años sesenta y setenta. Con ella, se manifiesta que los sistemas de opresión sobre las mujeres no solo se articulan en el terreno económico o legal, sino que la vida cotidiana esconde relaciones de poder que hay que revelar y combatir.

Para James Bridle, lo tecnológico es político. Las nuevas tecnologías están imbricadas en la misma naturaleza de la sociedad actual, por lo que es necesario preguntarse por su diseño en términos de poder. Los drones, las cámaras de videovigilancia, los servidores son solo artilugios técnicos, son los sistemas legales y políticos los que les dan forma y les permiten operar en una u otra dirección.

«Las tecnologías son historias que nos explicamos a nosotros mismos sobre lo que somos y de qué somos capaces», escribe James Bridle en un ensayo reciente, «pero no producen el futuro por sí mismas, ni son mágicas, ni están separadas de la agencia humana». Con su obra y trabajo crítico, el artista británico reivindica el deber de la ciudadanía de dar forma al progreso, una tarea que apela directamente a nuestra capacidad crítica ante las luces y sombras de la revolución digital.

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El desafío: aprender a pensar distinto

Cristóbal Cobo nació en Chile, se doctoró en España, investiga en el Instituto de Internet de la Universidad de Oxford, en Inglaterra, y dirige el Centro de Estudios Fundación Ceibal en Uruguay. Por esa trayectoria global y por sus interesantes publicaciones sobre el impacto de la cultura mediática en la educación, es una voz autorizada para conversar sobre innovación y formación docente. Estuvo en Lima invitado por el CADE por la Educación y aprovechamos el encuentro para hablar sobre lo que nos apasiona: los medios y el aprendizaje.

 

En tu libro Aprendizaje Invisible caracterizas una nueva sociedad habitada por knowmads, nómades del conocimiento que aprenden todo el tiempo y de todos los medios posibles. ¿Cómo relacionas esto con la educación mediática?

No sé si es causa o consecuencia. El hecho de que tengamos un bombardeo de estímulos, realidades, lenguajes y discursos tan intensos hace que nuestras identidades se transformen de manera más dinámica (pienso en los conceptos de nación, de sexualidad, de identidad política, por ejemplo). Creo que esto ocurre porque a través de los medios participamos de discursos globales que reconfiguran la identidad y la sociedad. Cuando preparaba una charla sobre la “generación Z” vi mucho humo sobre sus atributos y capacidades, pero donde hay consenso es sobre el hecho de lo parecidos que son entre sí a nivel global: probablemente alguien de esa “generación Z” y un “babyboomer” que viven en la misma casa sean más distintos que dos de la misma generación que viven en Lima y Tokio. Esto se debe al consumo transcultural que generan los medios y también incide en sus procesos formativos.

 

Se habla de la mediatización: el proceso por el cual los individuos somos atravesados por los medios. A pesar de esto la escuela persiste reacia a integrar los medios: ¿es por temor o por no saber cómo hacerlo?

Debemos dejar de centrarnos en el dispositivo, lo importante no es el celular o la tablet, y pensar los cambios en un nivel más cultural. Me atrevo a decir que un tercio de las escuelas ya están haciendo las cosas de manera distintas, pero la estructura no solo no fomenta nuevas prácticas sino que las invisibiliza y las hace parecer una pérdida de tiempo. El profe que quiere jugar con kahoot, por ejemplo, a veces es tratado como un derrochador. No creo que estemos aún cerca de una transición, pero sí que las cosas interesantes están pasando fuera de la escuela. Los estudiantes no están esperando que las clases de matemática estimulen su creatividad sino que están explotando otros canales para que esto suceda.

 

Muchos piensan la innovación tecnológica como la compra de dispositivos tecnológicos. En el Perú compramos más de 800 mil laptops del programa “Una computadora por niño” sin que produzca mucho impacto, mientras que en Uruguay el Plan Ceibal se reconoce como un proyecto exitoso. ¿Qué hicieron distinto?

Para empezar diría que pasa algo más básico aún: la innovación se piensa como tecnología y se dice que sin tecnología no se puede innovar. No es cierto. Ahora bien, Uruguay tiene características especiales en América Latina: es un país más chico, más ordenado, más laico y con un estado social más fuerte. Pero además en el proceso de este proyecto hubo mucho aprendizaje y reinvención, empezó como una política de inclusión social, no como la escuela 2.0 o del siglo XXI de la que se habla ahora. Diez años después, la entrega de equipos e infraestructura se sigue dando, pero ya no es lo central.

 

¿Cuál fue el punto de quiebre?

En Uruguay se habla de 3 estadios: el primero fue de provisión de equipos; el segundo fue la capacitación en el uso de software; y el tercero, que es el de hoy, en que se piensa en maneras distintas de aprender en un ecosistema de innovación más allá de las máquinas. En el proceso se contrató al Dr. Michael Fullan para revisar el sistema y él planteó cambiar el lenguaje y el enfoque para formar redes de escuelas que funcionen como laboratorios; se empezó a hablar de docentes que aprenden y no solo enseñan y se desinstrumentalizó la idea de innovación. Si bien Plan Ceibal es una política interesante en la región –para empezar porque viene durando más de diez años– tampoco podemos decir que todos los profes son digitales o que no hay resistencia. Lo que sí existen son condiciones para que el que quiera innovar pueda hacerlo y tenga herramientas para conectarse con otros que hablan su mismo lenguaje.

 

¿El sistema del que nos hablas ha impactado también en la formación inicial docente?

En los años que llevo en Uruguay no lo he visto con la misma celeridad. Sin embargo, ahora viene un proyecto lindo que es promover la formación de pensamiento computacional a nivel nacional. Y esta transformación no consiste en meter un ladrillo más al currículum sino que fue diseñada con los mismos profes y con mecanismos de capacitación para llevarlo a gran escala. El desafío no está en usar el dispositivo, sino aprender a pensar distinto.

 

¿Cómo estos nuevos paradigmas deben gravitar en la formación de los docentes?

Creo que partimos de una deuda, porque lo sensato es atender los temas en un momento temprano en vez de hacer capacitaciones a posteriori. En educación sabemos que la inversión en primera infancia es más efectiva que en secundaria y esa misma racionalidad se puede llevar a la preparación de profesores. Tenemos que ampliar el mapa cognitivo de los futuros docentes.

 

En tu reciente libro La innovación pendiente señalas que el docente debe ser más que un facilitador de tecnología: ¿qué tipo de educación mediática debe tener el profesor?

En América Latina tenemos muchos clichés: hablamos del proceso de aprendizaje centrado en el estudiante, por ejemplo, pero en el aula no sucede porque el docente no siempre conoce el poder de los medios. El docente debe ser un facilitador porque ya no es la fuente de la verdad, pero debe tener recursos mediáticos suficientes para buscar esa diversidad de miradas. Internet permite una mirada polisémica, pero no se explota en ese sentido… Es como tener un auto Ferrari con ruedas de madera.

 

(Fuente: educared.fundaciontelefonica por @juliussinmundo)

 

Gestionando entre los egos y el eros – Introducción (Parte 1)

Gráfica desarrollada en el taller de The Kairos Project en Barcelona (2016). *Este es el primer post de 4. Seguramente cuando asistes a un taller muy intenso en cuanto a contenidos y actividades, para conectar con los saberes y experiencias expuestas, es importante dejar decantar los conocimientos un tiempo para poder entender en todas sus dimensiones lo observado y vivido.  Así fue con

Gestionando entre los egos y el eros – Introducción (Parte 1)

Gráfica desarrollada en el taller de The Kairos Project en Barcelona (2016). *Este es el primer post de 4. Seguramente cuando asistes a un taller muy intenso en cuanto a contenidos y actividades, para conectar con los saberes y experiencias expuestas, es importante dejar decantar los conocimientos un tiempo para poder entender en todas sus dimensiones lo observado y vivido.  Así fue con

Gestionando entre los egos y el eros – Introducción (Parte 1)

Gráfica desarrollada en el taller de The Kairos Project en Barcelona (2016). *Este es el primer post de 4.  Seguramente cuando asistes a un taller muy intenso en cuanto a contenidos y actividades, para conectar con los saberes y experiencias expuestas, es importante dejar decantar los conocimientos un tiempo para poder entender en todas sus dimensiones lo observado y vivido.  Así fue con el

Laura F. Tenenbaum: «Hay que encontrar una forma de conectar con la naturaleza cada día»

Laura Faye Tenenbaum | Ilustración de José Antonio Soria | CC-BY

Laura Faye Tenenbaum | Ilustración de José Antonio Soria | CC-BY

Laura F. Tenenbaum es una científica que se confiesa totalmente enamorada del planeta Tierra, de las pequeñas cosas. No hay forma de hablarle de migrar a lejanos exoplanetas, como sugiere el astrofísico Stephen Hawking. Tenenbaum le explica al gran público la ciencia de nuestro planeta, del cambio climático y de sus efectos a través de las emociones. Su objetivo es implicar a la gente desde un punto de vista optimista y dinámico. Tenenbaum es miembro del Equipo de Comunicación sobre Ciencias de la Tierra del Laboratorio de Propulsión a Reacción de la NASA, en el que crea contenido para la página web sobre el cambio climático Global Climate Change: Vital Signs of the Planet y para el blog Earth Right Now. Este año, Tenenbaum ha formado parte del jurado de la segunda edición del Premio Internacional a la Innovación Cultural convocado por el CCCB, que precisamente tenía el cambio climático como tema.

«¡Hola! ¡Buenas tardes a todos!». Segura de sí misma, con un gran sentido del humor y con las fantásticas fotografías de Groenlandia que hizo hace unos meses, Laura F. Tenenbaum, una innovadora en Comunicación Científica de la NASA, dejó boquiabierto al público del CCCB el día que se anunció el Premio Internacional a la Innovación Cultural. Desde el principio de su charla. Como suele pasar cuando da conferencias en colegios, universidades o museos, incluso en charlas TED. Y, sobre todo, en sus textos.

Hay dos tipos de personas. Por un lado están las que permanecen egoístamente en la absoluta ignorancia y piensan: «La la la, el mundo gira a mi alrededor». Y luego hay un grupo de gente que está muerta de miedo. En un ataque de pánico total. Ninguna de las dos formas de vida me parece útil, ni la ignorante ni la aterrorizada. Efectivamente, todos contribuimos al cambio climático. ¿Es realmente así?

Si tuviera algún problema de salud, decidiría ir al hospital, y allí solo tienen plástico de usar y tirar. Los hospitales son muy poco ecológicos, pero iría de todas formas, utilizaría la medicina moderna. Y ahora mismo, mientras hacemos esta entrevista, estamos bebiendo agua en botellas de plástico. Estar vivo significa estar usando algo. El altruismo absoluto no existe. Cada uno lo hace lo mejor que puede, pero en definitiva la sociedad tiene que implementar grandes cambios. Como colectivo, tenemos que salir adelante con una legislación y una política mejores, entre otras cosas, para conseguir esos cambios. Las energías renovables, por ejemplo, tienen mucho más sentido desde un punto de vista económico, así que ya estamos avanzando.

En España no, aquí paga más impuestos la energía renovable que los combustibles fósiles.

La vieja guardia, sea quien sea, va a luchar y a tratar de resistir, por supuesto. Pero hay muchísimas cosas en marcha: las grandes empresas en Estados Unidos —Google, Facebook, los gigantes corporativos— ya solo utilizan energía renovable. Los estados se comprometerán a hacerlo, ya lo están promoviendo. Y pasará lo mismo en otros países. Así que al final acabará ocurriendo.

Si todos nos pasamos a un modelo sostenible, ¿es posible frenar los efectos del cambio climático?

Una de las cosas que ocurre en California, e imagino que aquí también porque son climas muy parecidos, son las grandes sequías. A mucha gente le gusta decir que son una consecuencia del cambio climático, pero es complicado, porque la sequía—y tú me dirás si aquí se da el caso— también es una consecuencia de nuestro despilfarro de agua. Muchísima gente se muda a California, muchísima gente utiliza cada vez más agua; hay campos de golf enormes, campos con muchísimo césped. Así que, en parte, es una mala interpretación de la ciencia decir que la sequía la causa únicamente el cambio climático. El deshielo en Groenlandia sí que es consecuencia del cambio climático. Y cuando el hielo se derrite, provoca una subida del nivel del mar. Por ese motivo Venecia se está hundiendo, igual que Bangladesh y que Florida, en Estados Unidos. Algunas zonas corren peligro. Incluso Lower Manhattan, que es carísimo.

Pero incluso si dejáramos de quemar combustibles fósiles hoy mismo y ni una sola persona los usara nunca más, hay varias razones por las que no podemos librarnos de la subida del nivel del mar. El agua almacena el calor y ya hemos calentado los océanos. Ese calor va a permanecer ahí, y las cosas calientes se expanden. Así que, hagamos lo que hagamos, de la subida del nivel del mar no hay escapatoria.

En el mejor de los casos, quizá perdamos Tuvalu, las Maldivas o Bangladesh. De todos ellos ya emigran refugiados climáticos. En Florida ya hay inundaciones. Las predicciones científicas apuntan a que nos esperan mayores tormentas y situaciones meteorológicas extremas. ¿Quieres que te dé la explicación científica?

Por favor.

La Tierra es alucinante. Laura, que trabaja en la NASA, dice que es el mejor planeta.

¡Lo es!

Una de las mejores cosas de la Tierra es el agua, que da estabilidad. De modo que la Tierra tiene un clima muy estable, aunque ha cambiado en otras épocas. Una de las causas de las enormes fluctuaciones climáticas del pasado, por ejemplo, fue que Norteamérica y Sudamérica no estaban unidas. Hace unos sesenta millones de años, un istmo las unió y eso tuvo repercusiones drásticas en las corrientes oceánicas. Es decir, que hubo fluctuación y más tarde se estabilizó.

Ahora vivimos un nuevo tipo de fluctuaciones, fenómenos meteorológicos extremos: mayores tormentas, inundaciones y sequías. Así es como la Tierra intenta ajustarse a la nueva situación mientras atraviesa esta fluctuación. Finalmente, dentro de cientos o miles de años, encontrará un nuevo equilibrio. Esta situación la hemos causado nosotros y estaremos anclados a ella durante miles de años, porque el océano es lento.

Stephen Hawking dice que tenemos que encontrar otro planeta urgentemente, porque este…

¡No estoy nada de acuerdo! Ese comentario es tan de tío… (ahora estoy siendo sexista). Trabajo para la NASA, donde obviamente hay mucha gente que quiere irse a otro planeta. Siempre les digo: «¡No!». No me convence eso de dejar el sitio que te encanta hecho un desastre y buscar otro. No, no, no. De ninguna manera. Además, eso de ir en busca de otro planeta me suena a la típica aventura de macho explorador.

Te dedicas a la comunicación. ¿Cómo podemos comunicar algo que se ha comunicado tanto de una forma nueva, que conciencie a la gente sobre el problema sin sonar sensacionalista?

Creo que no hay una fórmula comunicativa que funcione para todos los casos. Yo uso las emociones. ¡También el sentido del humor, a veces!

Laura Faye Tenenbaum | © CCCB, 2017. Autor: Miquel Taverna

Laura Faye Tenenbaum | © CCCB, 2017. Autor: Miquel Taverna

¿Puedes poner un ejemplo?

La mayoría de las veces me inspiran pequeñas cosas, detalles. Hace poco estaba en Groenlandia y me di la vuelta —la historia va de eso, de darse la vuelta—. Estaba muy al norte, a unos 85º de latitud al norte, y allí el sol nunca sube mucho, siempre está bajo. Así que me di la vuelta, el sol reflejó en el hielo y me entró en los ojos. De repente, entendí el efecto albedo de otra forma. El efecto albedo es lo que hace que el blanco sea más reflectante que el negro. Esa es la razón por la que en las zonas calurosas es más común vestir de blanco, y también explica que cuando caminas descalzo no quieras pisar el asfalto.

En Groenlandia esto es crucial, porque el blanco refleja el sol y cuando el hielo se derrite hace que el océano, que antes era muy oscuro, se vuelva azul. Yo sabía la explicación científica, pero de todas formas, cuando estuve allí a finales de abril, el día duraba catorce horas. Me preguntaba: «¿Por qué no se derrite el hielo?». El sol salía mucho tiempo y luego se ponía alrededor de las nueve y media. Así que conté la historia de lo que sentí al darme la vuelta en ese momento y que me diera en los ojos el reflejo del sol, esa sensación de quedarse petrificada. Lo describí.

¿Te llegan las impresiones del público?

Claro. Hay que escuchar al público.

¿Pero cómo?

Bueno, es algo que se percibe. A veces me siento en el escritorio y pienso, ¿cuál es el ambiente? ¿Cómo me siento? En los primeros dos o tres párrafos improviso sobre lo que está pasando, sobre mis sentimientos en ese momento o sobre la energía del espacio en el que estoy, porque no soy tan distinta a los demás. Es como si hubiera un humor colectivo. Con los primeros dos o tres párrafos tanteo el ambiente y a partir de ahí avanzo. A menudo mis textos empiezan con frases sobre el público —sobre lo que pueden sentir— y tratan de entablar una relación y de sentir a la gente, incluso de manera remota, si no está presente en la sala.

Una cosa de la que me he dado cuenta al hablar con los jóvenes es que les interesa mucho el vídeo. Les interesa mucho el humor, quieren algo que enganche. Así que trato de conseguirlo. ¿Hay alguna forma de hacer que mi mensaje sobre el cambio climático enganche? Al mismo tiempo, el contenido científico tiene que ser preciso, no hay alternativa. De lo contrario, sería contraproducente.

¿Cuál de tus textos ha sido más leído y comentado?

El más comentado fue uno acerca de la solución. La gente siempre pregunta cuál es la solución y yo siempre respondo que se pueden hacer tres cosas: puedes responsabilizarte de todo lo que haces. Es obvio que una persona no puede salvar el mundo, pero sí que puede hacer algo, todos podemos contribuir.

En segundo lugar, puedes unirte a los demás —lo cual es muy valioso—. Eso incluye votar con tus dólares o con tus euros, o votar, o apuntarte a asociaciones ecologistas o medioambientales en cualquier sitio, porque los números son poderosos. ¡Nos hace falta! Tenemos mucha más fuerza cuando nos agrupamos, porque es imposible que una persona tenga todas las respuestas. Yo aprenderé de ti, tú aprenderás de mí y además todos nos habremos comprometido a tomar decisiones y podremos actuar juntos. Creo que eso empodera.

Por último, otra cosa que puedes hacer es dedicar un momento cada día a construir una relación con la naturaleza. Creo que, en definitiva, si la gente consume en exceso es porque hay un vacío, quizá cierta soledad. Cuando conectamos con la naturaleza y construimos una relación auténtica con ella, llenamos ese vacío y, además, es menos probable que queramos hacer cosas que dañen el medio ambiente. Es importante conectar con la naturaleza cada día.

Eso es muy difícil si vives en una ciudad, ¿no?

Hay hierbajos que crecen entre las grietas de la acera.

No hace falta ir a un parque nacional, entonces.

También puedes. Yo visito el Parque Nacional de las Montañas Rocosas unas tres veces al año, pero hay que hacer algo a diario. Hay que encontrar una forma de conectar con la naturaleza cada día.

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Narratopías de futuro: El agotamiento de lo posible

Escasez de alimentos en una tienda de comestibles. Oak Ridge, 1945

Escasez de alimentos en una tienda de comestibles. Oak Ridge, 1945 | Department of Energy. Oak Ridge Office | U.S. Government Works

Durante los últimos años el fenómeno de las narrativas condicionales, tanto utópicas como distópicas, se ha establecido como marco de posibilidad desde el cual abordar problemáticas relativas al desarrollo tecnológico, a los usos políticos de este y a las consecuencias directas sobre la mal llamada naturaleza. Desde la filosofía, la teoría de las artes, la investigación y específicamente desde las prácticas artísticas, ha acontecido una eclosión especulativa, centrada mayoritariamente en proyectos que fabulan con futuros posibles. El uso del componente ficcional como herramienta crítica para re-articular la actualidad ha estado presente a lo largo de la historia, a través de distintos formatos, desde Nueva Atlántida de Bacon hasta Donna Haraway, desde la vida simulada hasta el imaginable epochs to come. La especulación se ha presentado como potencia para cambiar el presente imaginando otros futuros, pero ¿está la idea de futuro despotencializando la fuerza especulativa?

A modium of pathos

Literal: Una medición de patetismo.

Juego: A modium hace referencia a la medida, y en este caso concreto a measurements presentes en las propuestas teóricas de Karen Barad, que a la vez tienen que ver con un concepto de temporalidad y agencia que toman como referencia las teorías cuánticas. Pathos, aquí, hace referencia a uno de los tres modos de persuasión de la retórica.

Los grandes festivales e instituciones se han apuntado al futuring que muchos proyectos autónomos venían abordando en los últimos años. El futuro como posible respuesta a presentes inciertos se ha acomodado entre las programaciones de los principales eventos de la industria cultural.

La última edición de Ars Electronica Festival, centrada en inteligencia artificial, ha sido un claro ejemplo de esta pre-ocupación de las grandes narrativas por el storytelling contemporáneo: si el futuro es ahora, ¿qué hacemos al respecto?

Los artistas invitados de esta edición han sido el colectivo Time’s Up, quienes se definen como laboratorio para la construcción de situaciones experimentales. En esta ocasión el colectivo ha presentado Turnton Docklands, una site especific que definen como physical narrative, en la que se invita al público a recorrer la re-creación de una ciudad costera en 2047.

Turnton nos lleva a un futuro inmediato poblado por un colapso ecológico, consecuencia de un cambio climático tan advertido como ignorado. El proyecto consiste en un recorrido teatral de re-creación semi-apocalíptica que nos interpela a una oposición «positiva» para socavar la situación ecológica, la posibilidad de un actuar ahora para cambiar el futuro.

Ars Electronica Center | CC BY NC-ND

Ars Electronica Center | CC BY NC-ND

Tópos Koinós

Tópos Koinós, en referencia a lo anterior, y al concepto de extensión hace referencia a lugar común.

En esta edición, tras la efectiva crítica de Heather Dewey-Hagborg al festival, conocida viralmente como #KissmyArs, Ars Electronica ha incorporado un mayor número de proyectos que problematizan no solo con la temporalidad futura, sino también con cuestiones relativas al género, las tecnologías, las identidades impuestas y el acceso a los recursos. Proyectos como la exposición Feminist Climate Change o el proyecto ganador del Golden Nica en la categoría de Hybrid Arts otorgado a Maja Smrekar por K-9_topology, quien nos invita a pensar más allá de los límites del humanismo a través de becoming (m)Other, ponen en jaque el futurismo reproductivo, reivindicando otros modos de estar_con. Es, precisamente, la crítica voraz a la obsolescencia de la concepción humanista de sujeto, a las consecuencias de esta y a la concepción de normalidad, la que encontramos en proyectos como Open Source Estrogen (presentado en el festival junto a Byron Rich), de Mary Maggic, artista residente en Prototype_ome, Hangar.

Open Source Estrogene es un proyecto colaborativo que combina el biohacking con el diseño especulativo desde una perspectiva de subversión y bio-desobediencia civil. El proyecto empieza con una pregunta condicional: ¿Y si fuera posible generar estrógenos en la cocina? A partir de un enunciado de posibilidad, Open Source Estrogene abre el debate sobre el control y producción de hormonas, sobre sus consecuencias, sobre la silenciada contaminación por xeno-estrógenos, generada por la industria petroquímica, agraria y farmacéutica y los efectos de estos en tanto que disruptores hormonales. Un debate sobre la soberanía del cuerpo, extendido más allá de una concepción antropocéntrica. Si tod_s, humanos y no-humanos, estamos afectados por fuerzas hegemónicas, compartamos pues las herramientas, los conocimientos y hackeemos los sistemas de colonización hormonal para generar una mutagénesis social.

Open Source Estrogen (SPARKS)

Ambos proyectos inciden en hipótesis de investigación para re-articular los posibles que vendrán. Pero la diferencia fundamental entre ambos es que Open Source Estrogene pone lo negativo al servicio de los poderes de afirmación, mientras que Turnton, más allá de la intencionalidad, señala lo potencialmente negativo como mera descripción, es decir, pone lo negativo al servicio de los poderes prescriptivos-propositivos, confirmando esto último a través de la figura del visitante de un futuro que está por venir.

Los debates sobre futuros posibles en relación a las consecuencias del llamado Antropoceno siguen enfocándose, en la mayoría de los casos, desde la concepción de un sistema-de-necesidades, pero no en relación a las responsabilidades y relaciones que tenemos para con los no-humanos. Entre otras cuestiones, debido a esto, algunos debates son exaltaciones de un antropocentrismo trasnochado que se ha teñido el pelo de verde flúor y que sueña con otros futuros posibles. Pero es, precisamente, esta idea de futuro la que se está convirtiendo en adalid de retóricas condicionales que generan una falsación de compromiso; por lo tanto, quizás sea el momento de abandonar la narratopía de futuro, esa futuridad que siempre marca una distancia, un hueco, por pequeño que sea, por el que se cuelan excusas ético-onto-espistemo-políticas, probablemente consecuencia de un temor social al explotado No Future.

La pregunta sobre la que planea este artículo es si, ante una preocupación social, esta incorporación espectacularizada por parte de narrativas institucionales de lo ficcional y especulativo se está convirtiendo en una articulación de un sistema de producción de significados que neutraliza la potencia de lo ficcional y especulativo. Pareciera, pues, que en estos contextos el futuro se hace sistema, a través de promesas y fuerzas hipotéticas.

La promesa de un futuro (posible) articula nuevos ídolos o, como remarcaba Santiago López Petit (1994), articula «un reciclado continuo de sentido». La sobre-explotación de lo especulativo y de la idea de futuro está levantando nuevos ídolos en una falsación colectiva de alejarnos temporalmente de ese peligro inminente que pretendemos combatir pero con el que nos relacionamos desde la tentativa y contra el que nunca nos comprometemos. Por este motivo, muchos de los discursos especulativos sirven a la causa de dotar de sentido a la realidad, ya que son proyectos que no terminan nunca de transmutarse en movimiento afirmativo y, por lo tanto, perpetúan los antiguos valores de promesas de futuro, esas que supuestamente combaten. Como consecuencia, el futuro en las prácticas especulativas se está convirtiendo en ese instante eterno que no llega y que a-través-de la promesa agota los posibles.

¿No será entonces que entre la ausencia de futuro y el agotamiento de lo posible necesitamos operar una distorsión temporal colectiva? Proyectos como Open Source Estrogene abren ese espacio político para ir más allá del agotamiento de lo posible y, quizás, en esas grietas podamos abordar distorsiones de temporalidad y olvidarnos del futuro como la promesa que nos regala un vacío aletargado y onírico de no acción. O re-apropiándonos de Haraway podríamos plantear: Make kin(d), not future(s).

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Narratopías de futuro: El agotamiento de lo posible

Escasez de alimentos en una tienda de comestibles. Oak Ridge, 1945

Escasez de alimentos en una tienda de comestibles. Oak Ridge, 1945 | Department of Energy. Oak Ridge Office | U.S. Government Works

Durante los últimos años el fenómeno de las narrativas condicionales, tanto utópicas como distópicas, se ha establecido como marco de posibilidad desde el cual abordar problemáticas relativas al desarrollo tecnológico, a los usos políticos de este y a las consecuencias directas sobre la mal llamada naturaleza. Desde la filosofía, la teoría de las artes, la investigación y específicamente desde las prácticas artísticas, ha acontecido una eclosión especulativa, centrada mayoritariamente en proyectos que fabulan con futuros posibles. El uso del componente ficcional como herramienta crítica para re-articular la actualidad ha estado presente a lo largo de la historia, a través de distintos formatos, desde Nueva Atlántida de Bacon hasta Donna Haraway, desde la vida simulada hasta el imaginable epochs to come. La especulación se ha presentado como potencia para cambiar el presente imaginando otros futuros, pero ¿está la idea de futuro despotencializando la fuerza especulativa?

A modium of pathos

Literal: Una medición de patetismo.

Juego: A modium hace referencia a la medida, y en este caso concreto a measurements presentes en las propuestas teóricas de Karen Barad, que a la vez tienen que ver con un concepto de temporalidad y agencia que toman como referencia las teorías cuánticas. Pathos, aquí, hace referencia a uno de los tres modos de persuasión de la retórica.

Los grandes festivales e instituciones se han apuntado al futuring que muchos proyectos autónomos venían abordando en los últimos años. El futuro como posible respuesta a presentes inciertos se ha acomodado entre las programaciones de los principales eventos de la industria cultural.

La última edición de Ars Electronica Festival, centrada en inteligencia artificial, ha sido un claro ejemplo de esta pre-ocupación de las grandes narrativas por el storytelling contemporáneo: si el futuro es ahora, ¿qué hacemos al respecto?

Los artistas invitados de esta edición han sido el colectivo Time’s Up, quienes se definen como laboratorio para la construcción de situaciones experimentales. En esta ocasión el colectivo ha presentado Turnton Docklands, una site especific que definen como physical narrative, en la que se invita al público a recorrer la re-creación de una ciudad costera en 2047.

Turnton nos lleva a un futuro inmediato poblado por un colapso ecológico, consecuencia de un cambio climático tan advertido como ignorado. El proyecto consiste en un recorrido teatral de re-creación semi-apocalíptica que nos interpela a una oposición «positiva» para socavar la situación ecológica, la posibilidad de un actuar ahora para cambiar el futuro.

Ars Electronica Center | CC BY NC-ND

Ars Electronica Center | CC BY NC-ND

Tópos Koinós

Tópos Koinós, en referencia a lo anterior, y al concepto de extensión hace referencia a lugar común.

En esta edición, tras la efectiva crítica de Heather Dewey-Hagborg al festival, conocida viralmente como #KissmyArs, Ars Electronica ha incorporado un mayor número de proyectos que problematizan no solo con la temporalidad futura, sino también con cuestiones relativas al género, las tecnologías, las identidades impuestas y el acceso a los recursos. Proyectos como la exposición Feminist Climate Change o el proyecto ganador del Golden Nica en la categoría de Hybrid Arts otorgado a Maja Smrekar por K-9_topology, quien nos invita a pensar más allá de los límites del humanismo a través de becoming (m)Other, ponen en jaque el futurismo reproductivo, reivindicando otros modos de estar_con. Es, precisamente, la crítica voraz a la obsolescencia de la concepción humanista de sujeto, a las consecuencias de esta y a la concepción de normalidad, la que encontramos en proyectos como Open Source Estrogen (presentado en el festival junto a Byron Rich), de Mary Maggic, artista residente en Prototype_ome, Hangar.

Open Source Estrogene es un proyecto colaborativo que combina el biohacking con el diseño especulativo desde una perspectiva de subversión y bio-desobediencia civil. El proyecto empieza con una pregunta condicional: ¿Y si fuera posible generar estrógenos en la cocina? A partir de un enunciado de posibilidad, Open Source Estrogene abre el debate sobre el control y producción de hormonas, sobre sus consecuencias, sobre la silenciada contaminación por xeno-estrógenos, generada por la industria petroquímica, agraria y farmacéutica y los efectos de estos en tanto que disruptores hormonales. Un debate sobre la soberanía del cuerpo, extendido más allá de una concepción antropocéntrica. Si tod_s, humanos y no-humanos, estamos afectados por fuerzas hegemónicas, compartamos pues las herramientas, los conocimientos y hackeemos los sistemas de colonización hormonal para generar una mutagénesis social.

Open Source Estrogen (SPARKS)

Ambos proyectos inciden en hipótesis de investigación para re-articular los posibles que vendrán. Pero la diferencia fundamental entre ambos es que Open Source Estrogene pone lo negativo al servicio de los poderes de afirmación, mientras que Turnton, más allá de la intencionalidad, señala lo potencialmente negativo como mera descripción, es decir, pone lo negativo al servicio de los poderes prescriptivos-propositivos, confirmando esto último a través de la figura del visitante de un futuro que está por venir.

Los debates sobre futuros posibles en relación a las consecuencias del llamado Antropoceno siguen enfocándose, en la mayoría de los casos, desde la concepción de un sistema-de-necesidades, pero no en relación a las responsabilidades y relaciones que tenemos para con los no-humanos. Entre otras cuestiones, debido a esto, algunos debates son exaltaciones de un antropocentrismo trasnochado que se ha teñido el pelo de verde flúor y que sueña con otros futuros posibles. Pero es, precisamente, esta idea de futuro la que se está convirtiendo en adalid de retóricas condicionales que generan una falsación de compromiso; por lo tanto, quizás sea el momento de abandonar la narratopía de futuro, esa futuridad que siempre marca una distancia, un hueco, por pequeño que sea, por el que se cuelan excusas ético-onto-espistemo-políticas, probablemente consecuencia de un temor social al explotado No Future.

La pregunta sobre la que planea este artículo es si, ante una preocupación social, esta incorporación espectacularizada por parte de narrativas institucionales de lo ficcional y especulativo se está convirtiendo en una articulación de un sistema de producción de significados que neutraliza la potencia de lo ficcional y especulativo. Pareciera, pues, que en estos contextos el futuro se hace sistema, a través de promesas y fuerzas hipotéticas.

La promesa de un futuro (posible) articula nuevos ídolos o, como remarcaba Santiago López Petit (1994), articula «un reciclado continuo de sentido». La sobre-explotación de lo especulativo y de la idea de futuro está levantando nuevos ídolos en una falsación colectiva de alejarnos temporalmente de ese peligro inminente que pretendemos combatir pero con el que nos relacionamos desde la tentativa y contra el que nunca nos comprometemos. Por este motivo, muchos de los discursos especulativos sirven a la causa de dotar de sentido a la realidad, ya que son proyectos que no terminan nunca de transmutarse en movimiento afirmativo y, por lo tanto, perpetúan los antiguos valores de promesas de futuro, esas que supuestamente combaten. Como consecuencia, el futuro en las prácticas especulativas se está convirtiendo en ese instante eterno que no llega y que a-través-de la promesa agota los posibles.

¿No será entonces que entre la ausencia de futuro y el agotamiento de lo posible necesitamos operar una distorsión temporal colectiva? Proyectos como Open Source Estrogene abren ese espacio político para ir más allá del agotamiento de lo posible y, quizás, en esas grietas podamos abordar distorsiones de temporalidad y olvidarnos del futuro como la promesa que nos regala un vacío aletargado y onírico de no acción. O re-apropiándonos de Haraway podríamos plantear: Make kin(d), not future(s).

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Te presentamos el decálogo #tejeRedes sobre la colaboración

¿Cuándo somos o no colaborativos? Para responder a aquella interrogante, hemos preparado un decálogo con 10 planteamientos. Esta publicación nace de una charla tejeRedes que realizamos sobre el tema de la colaboración. En la conversación estuvieron invitados Esther Paniagua (periodista independiente), Omar Cid y Pablo Reyes (ambos de Plataforma Aurea). Los tres escriben y trabajan en torno