¡Última Charla 2017! Invitada, Tina Böhme: "Mindfulness y sostenibilidad" (jueves 14 diciembre)

Queremos terminar las charlas tejeRedes de la mejor manera y para ello Tina Böhme nos acompañará en la última conversación de este 2017 bajo la temática: Mindfulness y sostenibilidad ¡No te lo pierdas! Los avances de los tiempos modernos nos ha traído muchas posibilidades para simplificar nuestras vidas. Podemos obtener una gran variedad de información y productos de consumo en sólo un

¡Última Charla 2017! Invitada, Tina Böhme: "Mindfulness y sostenibilidad" (jueves 14 diciembre)

Queremos terminar las charlas tejeRedes de la mejor manera y para ello Tina Böhme nos acompañará en la última conversación de este 2017 bajo la temática: Mindfulness y sostenibilidad ¡No te lo pierdas! Los avances de los tiempos modernos nos ha traído muchas posibilidades para simplificar nuestras vidas. Podemos obtener una gran variedad de información y productos de consumo en sólo un

Agroecología: una visión holística del sistema alimentario

Cosecha en Irlanda, c. 1897

Cosecha en Irlanda, c. 1897 | Robert French, National Library of Ireland | Dominio público

El sistema alimentario industrial rompe ciclos biológicos y redes sociales cercanas, y nos separa de una parte importante de nuestra cultura agraria y alimentaria. No tiene en cuenta las necesidades de los demás componentes que permiten que los cultivos crezcan, y por eso empobrece, homogeneiza y contamina los cultivos, con las subsecuentes consecuencias para nuestra dieta. Para la agroecología, en cambio, existe una interdependencia de todos los elementos, humanos y no humanos, que forman el ecosistema alimentario: la cultura de la tierra, de nuestras semillas y de los alimentos.

Si hay algo que hace humanas a las personas eso es la cultura. La palabra cultura viene del latín cultura, y este a su vez de cultus, «cultivo, cultivado». En definitiva, nuestras primeras formas de cultura fueron los cultivos. Cultivar la tierra es cultivarnos a nosotros mismos, y es el principio, la primera semilla, de las diferentes culturas que cohabitan en este planeta. La ciencia agroecológica es la ciencia que busca recoger y entender la cultura de la tierra, la cultura de nuestras semillas y la cultura de nuestros alimentos, desde una visión holística y de interdependencia de los seres humanos y los no humanos que habitamos el planeta Tierra.

Como objetivo principal, la agroecología busca cultivar la tierra para alimentar a las personas y ofrecer aquellos alimentos que el propio agroecosistema, con sus características de suelo y clima, y en su relación milenaria con las personas agricultoras, puede producir en el momento que toca. Y son ese qué (alimento), ese cómo (formas de cultivar), ese cuándo (la temporada) y ese por quién (hombres y mujeres) los que a lo largo de los años han ido conformando nuestra cultura agraria y alimentaria. Así, por ejemplo, ¿qué sería de la cultura catalana sin la cocina y dieta mediterráneas? Claramente nos faltaría algo. Las personas que habitamos en Cataluña, en pleno mar Mediterráneo, estamos orgullosas de tener una cultura alimentaria reconocida por la UNESCO como patrimonio inmaterial: la dieta mediterránea.

Y la agroecología nos recuerda precisamente esto, que dicha dieta ha sido conformada a lo largo de los siglos por la interacción de las personas cultivadoras de alimentos con los agroecosistemas mediterráneos característicos de nuestro territorio y las personas que cocinan dichos alimentos con los productos de sus tierras. Ellas y ellos, a su vez, son los creadores de los paisajes cultivados que conocemos y a los que nos sentimos arraigados, paisajes que conforman nuestro patrimonio agrario y que han sido, también, protagonistas de múltiples poemas y canciones: campos de almendros, campos de olivos, terrazas de cultivo, muros de piedra. Cultura que compartimos con otros pueblos a lo largo del mar Mediterráneo, como Francia, Egipto o Palestina. De nuevo, la cultura cultiva y recoge culturas, solidaridad e intercambios (de conocimientos, de semillas).

La dieta mediterránea se basa en el consumo de verduras, legumbres, frutas, pescado, y de aceite de oliva como grasa esencial | Dominio público

La dieta mediterránea se basa en el consumo de verduras, legumbres, frutas, pescado, y de aceite de oliva como grasa esencial | Dominio público

La agroecología, desde esa dimensión holística, nos insiste además en que todo, absolutamente todo en el acto (o arte) de cultivar, recoger, transformar o preparar alimentos está relacionado. Existe una interdependencia de todos los elementos que componen ese agroecosistema alimentario, ya sean humanos o no humanos. Esa interdependencia y esa visión holística son, sin embargo, las que rompe el sistema alimentario industrial, haciéndonos ver simplemente el producto final aislado de todo lo demás, ya sea este producto una semilla híbrida en manos de las personas agricultoras, o una tostada de pan con aceite y tomate en manos de la persona que está a punto de comérsela. Pero ni las semillas ni las tostadas son productos que surgen de la nada. Son elementos que interaccionan con otros elementos del sistema, humanos y no humanos, y, sin esa interacción, no serían lo que son o, probablemente, ni siquiera existirían.

Así, por ejemplo, las semillas campesinas son fruto de la coevolución entre personas y plantas, generando lo que conocemos como uno de los activos más importantes en la actualidad, el conocimiento tradicional. Las mujeres campesinas han ido seleccionando dichas semillas, a lo largo de la historia, buscando aquellas características que mejor se ajustaban a sus necesidades y su territorio. Las semillas se han intercambiado con diferentes personas, hombres y mujeres, generando nuevas semillas con nuevas características.

Solo en Cataluña existen en los bancos de germoplasma unos cuatro mil registros de hortalizas diferentes, y sin embargo se comercializan únicamente unos cientos. Esas semillas se cultivaban, y de ellas nacían alimentos que llenaban nuestros platos con comidas que asimismo son fruto del intercambio de conocimientos y experiencias, normalmente también entre mujeres. La simple tostada es un alimento elaborado, fruto de la interacción de personas que cultivan trigo, olivos y tomates, con sus tierras, y con gentes que muelen el trigo o extraen el aceite de la aceituna. Pero el sistema alimentario industrial rompe ciclos biológicos, rompe redes sociales cercanas y, sobre todo, nos separa de una parte importante de nuestra cultura, la cultura agraria y alimentaria. Es decir, de forma artificial, la agricultura industrial rompe las interdependencias que nos unen al territorio y con otros humanos. Y vemos que las semillas, los intercambios y las recetas son ahora elementos para el rescate.

El Banco Mundial de Semillas de Svalbard es una enorme despensa subterránea de semillas de miles de plantas de cultivo de todo | Landbruks- og matdepartementet | CC BY-ND

El Banco Mundial de Semillas de Svalbard es una enorme despensa subterránea de semillas de miles de plantas de cultivo de todo | Landbruks- og matdepartementet | CC BY-ND

Así, por ejemplo, en un sistema industrial, las semillas híbridas (variedades de alto rendimiento) pertenecen a un paquete tecnológico que se puede exportar a cualquier rincón del planeta en el que existan buenas condiciones para el cultivo (las mejores tierras). Están sujetas a las leyes de propiedad intelectual, con lo que de ser un bien común pasan a ser un bien privado y ya no se pueden intercambiar. Solo aquellos «afortunados» que puedan permitirse (o endeudarse) para comprar los paquetes tecnológicos pueden cultivar. Considero estas leyes de propiedad intelectual surgidas en los años sesenta como uno de los primeros ataques a la cultura, a su privatización. El conocimiento tradicional, por contra, es open access y creative commons. Pero, además, estas semillas híbridas existen para tan solo unas pocas especies. Por lo que, de las siete mil especies de cultivo que a lo largo de la historia han servido para alimentar a la humanidad, en la actualidad nuestra dieta se basa fundamentalmente en cuatro: patata, arroz, maíz y trigo, que nos abastecen en más del cincuenta por ciento de nuestra alimentación a nivel mundial.

Con los procesos de industrialización e urbanización de nuestras sociedades nuestras dietas se van haciendo cada vez más pobres, homogéneas y artificiales, es decir, menos saludables, en un proceso conocido como la «transición nutricional», caracterizada por un alto consumo de grasas saturadas y azúcares a través de alimentos procesados y productos de origen animal. Una dieta que genera personas enfermas (solo en Cataluña uno de cada tres niños sufre de sobrepeso y está, por lo tanto, en riesgo de padecer enfermedades como la diabetes tipo II o enfermedades coronarias cuando sean personas adultas) y cuyos costes sanitarios son externalizados y pagaremos todas y todos. Asimismo, como el objetivo último de la agricultura industrial es producir y producir (no alimentar de manera sana y nutritiva a las personas), no tiene en cuenta las necesidades de los demás componentes que hacen posible que los cultivos crezcan, es decir, los organismos que habitan el suelo, o la calidad de las aguas del territorio. De esta forma empobrece los ecosistemas sobre los que deben crecer los cultivos, a la par que los contamina y también los homogeneiza.

Esto supone otra externalización de costes y otro ataque a nuestras culturas. Por ello, desde la agroecología tenemos otra forma de mirar el mundo. Nuestra filosofía no es la de producir con la máxima eficiencia, sino la de producir alimentos sanos y nutritivos que respeten el medio ambiente y cuiden de las personas que los producen y de las que los consumen. La agroecología tiene como objetivo la reproducción del agroecosistema, es decir, la reproducción de la vida, y por ello pone en el centro las semillas, la salud de las personas y el cuidado del medio ambiente, entre otros, que son los activos de la reproducción. Para ello, desde la ciencia agroecológica, se introduce el pensamiento holístico y la visión de sistemas en un encaje perfecto entre diferentes disciplinas científicas (desde la sociología hasta la historia o la agronomía, pasando por la nutrición y la ecología) y el conocimiento de las personas agricultoras, transformadoras o preparadoras de alimentos, con el fin último de diseñar sistemas agroalimentarios sostenibles.

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Datos para la memoria histórica

Bombardeo aéreo de Barcelona, 1938 | Italian Airforce, Wikimedia Commons | Dominio público

Bombardeo aéreo de Barcelona, 1938 | Italian Airforce, Wikimedia Commons | Dominio público

La transparencia de una organización es una condición indispensable para acceder a la materia prima del periodismo de datos, conjuntos de datos que se ponen a disposición del público y pueden ser reutilizados y publicados sin restricción. Estos datos a menudo contribuyen al acceso al conocimiento o nos remiten a casos de investigación como los recientes Panama Papers. Pero también pueden contribuir a la recuperación de la memoria histórica. Ochenta años después, todavía es muy difícil encontrar información precisa sobre todas las víctimas de la Guerra Civil y el franquismo. Los documentos están dispersos entre multitud de archivos militares y de ámbito muy diverso. La asociación Innovation and Human Rights (IHR) presenta una base de datos para ayudar a las víctimas y a sus descendientes y contribuir a difundir y promover la investigación histórica.

Todo el mundo tiene una historia familiar respecto a la Guerra Civil y los datos lo confirman. Los muertos como resultado de la Guerra Civil se estiman alrededor de medio millón, pero no se conoce su cifra exacta. Se cree que unas 50.000 personas fueron víctimas de la violencia de varias secciones de grupos de izquierdas entre 1936 y 1939; 200.000 habrían muerto en el frente y, según Paul Preston, 200.000 más murieron en manos de los sublevados contra la República y durante la dictadura de Franco entre 1936 y 1975. Además, los muertos por bombardeos fueron 10.000 (más de 2.000 solo en Barcelona), según Hugh Thomas. Aparte están los desaparecidos en las cunetas; son las víctimas de desaparición forzada, en el término que utiliza Naciones Unidas: personas que sufrieron la privación de libertad y a menudo la tortura o ejecución extrajudicial por parte de agentes del Estado o grupos o personas que el Estado apoyaba.

Si los datos de los muertos no son precisos, los datos de las personas que sufrieron represalias aún lo son menos. Hubo 188 campos de concentración en la España franquista —dos de ellos en Barcelona, en Poblenou y en Horta—, como ha documentado Javier Rodrigo, y varios centros de prisioneros. Asimismo, más de 130.000 personas pasaron por los Batallones Disciplinarios de Soldados Trabajadores, agrupaciones de supuestos soldados que, a menudo sin haber cometido delito, eran obligados a trabajar duramente sin garantías, casi gratis, y que recientemente han recibido el nombre de esclavos de Franco.

En su último informe sobre España, de septiembre de 2017, el Grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias de Naciones Unidas, en el que ha participado Innovation and Human Rights, destaca: «Especialmente preocupante resulta constatar que la mayoría de recomendaciones fundamentales para que los familiares de personas desaparecidas durante la Guerra Civil y la dictadura puedan investigar la suerte y el paradero de sus seres queridos, tener acceso a la verdad, a la justicia y a reparaciones no han sido plenamente implementadas, y que hasta hoy los familiares están entregados a su propia suerte.»

En la mayoría de los casos, acceder a la información no es fácil. Se alude a la Ley de protección de datos en referencia a personas desaparecidas o que llevan muertas más de 50 años. Por ello desde Innovation and Human Rights (IHR) hemos cursado varias peticiones de acceso a la información pública y tenemos algunos convenios de colaboración en marcha. Una de las bases de datos a las que hemos solicitado acceder es la del Coste Humano de la Guerra Civil del Centro de Historia Contemporánea, de los muertos catalanes, para poder difundir el trabajo que ha llevado a cabo la Generalitat de Catalunya desde hace treinta años en este sentido.

Cuando el juez Baltasar Garzón abrió un controvertido sumario por crímenes contra la humanidad en España, en 2008, las asociaciones de memoria histórica hicieron llegar listas que sumaban más de 114.000 desaparecidos, que luego se ampliaron a 143.000. El Juzgado número 5 de la Audiencia Nacional los agrupó en una base de datos que el Grupo de Trabajo de Desapariciones Forzosas o Involuntarias reiteradamente reclama al Gobierno que se haga pública. Sin resultados.

Barcelona: 800 días bajo las Bombas | BTV Datalab

Una visión de conjunto: la base de datos unificada de Innovation and Human Rights

La asociación sin ánimo de lucro Innovation and Human Rights (IHR) presentamos la base de datos centralizada de víctimas de la Guerra Civil y el franquismo. Cuenta con más de 200.000 documentos con nombres y apellidos, y le seguimos añadiendo datos mientras buscamos e investigamos más fuentes de información. La mayoría de documentos nunca habían sido tan accesibles antes. Lo hemos hecho para ayudar a las víctimas y a sus descendientes a encontrar información y para apoyar a personas que aún buscan justicia y reparación, como las de la Mesa de Entidades Memorialistas de Cataluña, con la Comisión de la Dignidad, el Colectivo Republicano del Baix Llobregat, la Asociación Pro-Memoria a los Inmolados por la Libertad en Cataluña, Lo Riu, Memoria de Mallorca, los familiares de desaparecidos impulsores de la creación del Banco de ADN y otros.

Queremos contribuir a difundir y promover la investigación histórica con tratamiento de datos sobre aspectos investigados menos conocidos de todo lo relacionado con la Guerra Civil y el franquismo, con rigor, referencia a documentos y profundidad. Porque, hasta ahora, la mayoría de las historias y los protagonistas de la represión han permanecido ocultos. En parte porque no se les ha reconocido como víctimas por la Ley de amnistía de 1977 o porque no todo el mundo ha tenido la convicción de la Asociación Catalana de Ex-Presos Políticos del Franquismo u otras asociaciones e iniciativas. Queda mucho trabajo por hacer, pese a interesantes documentales como Desde el otro lado del charco, de datecuenta.org, recién estrenado; Un padre (Victor Forniés, 2016), Avi, et trauré d’aquí (Montse Armengou y Ricard Belis, 2014), y El camí d’un protocol (Carles Seuba, 2013).

La base de datos nace de la necesidad de saber qué sucedió con los miembros de nuestra familia, hasta dónde llegó el alcance de la represión y quién concretamente la sufrió; necesidad y derecho a saber que contrastan con la dificultad de acceso y la fragmentación de la información. A Natalia Lemos, de combatientes.es, la dispersión de la documentación en multitud de archivos y la dificultad de hallar información acerca de su abuelo la llevó a elaborar la guía Cómo realizar una búsqueda, con docenas de enlaces.

La base de datos centralizada incluye inicialmente documentos respecto a víctimas mortales, víctimas de desaparición forzada y víctimas de represión durante la Guerra Civil y el franquismo. Actualmente, su característica fundamental es un buscador por nombre, pero se irán ampliando las herramientas de consulta y las posibilidades. Igualmente, trabajamos para armonizar y relacionar los documentos disponibles. Estamos en proceso de integrar en una sola web cientos de fuentes documentales y de iniciativas de memoria histórica muy diversas en tamaño y ubicación geográfica en toda España. Tenemos conjuntos de datos de decenas de miles de documentos, otros de algunos cientos y otros incluso de una veintena. Por ejemplo, hay documentos de investigaciones de historia local y otros de archivos estatales.

La base de datos tiene dos valores añadidos: (1) solo incluye documentos de los que puede citarse la referencia de la investigación —sea un proyecto de alguna institución o de autoría individual— y, siempre que es posible, la referencia del archivo donde se encuentran, y (2) todo es accesible a un clic.

Un proyecto inspirador es SIDBRINT (Sistema de Información Digital sobre las Brigadas Internacionales), la base de datos de la Universidad de Barcelona con información documental de más de 19.000 brigadistas, con más de 1.500 fuentes documentales.

Miembros de la Brigada Internacional en la cocina británica de Albacete, 1936-1937 | Imperial War Museum | Dominio público

Miembros de la Brigada Internacional en la cocina británica de Albacete, 1936-1937 | Imperial War Museum | Dominio público

Iniciativas fragmentadas

Algunas administraciones públicas han tomado iniciativas diversas para dar a conocer la represión franquista. Por ejemplo, Galicia tiene el proyecto nomesevoces.org, por el que, mediante un acuerdo entre las tres universidades públicas y la Consejería de Cultura de la Xunta, en 2006 se puso en marcha la creación de una base de datos de víctimas gallegas de muerte y de represalias. Ahora se puede consultar la lista e incluso descargarse un archivo.

El Gobierno del País Vasco publica también una «lista de personas muertas, fusiladas y/o desaparecidas en Euskadi durante la Guerra Civil y la dictadura franquista» y centraliza toda la actividad en torno al tema con Gogora, Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos.

El Gobierno de Navarra va un poco más allá y, mediante su sistema de archivos, ha indexado con nombre y apellido más de 42.000 fichas de combatientes de la Guerra Civil y ha publicado en línea más de 1.500 sentencias inculpatorias y absolutorias del Tribunal de Responsabilidades Políticas, digitalizadas, de modo que pueden descargarse íntegramente. Hay que decir que este tribunal juzgaba según la ley del mismo nombre, dictada en febrero de 1939, «reconociendo la necesidad de reconstrucción espiritual y material de la patria», con el agravante de ser retroactiva desde el 1 de octubre de 1934.

En cuanto a los archivos, solo de militares, hay veintiocho en toda España, y a menudo cada uno conserva documentación de un determinado fragmento de vida: reclutamiento, tropa, mando, afección o desafección según avales, juicio militar, privación de libertad en prisión o campo de concentración, batallón de soldados, batallón disciplinario de soldados trabajadores, batallón disciplinario de soldados trabajadores penados, entre otros.

Del mismo modo, hay archivos de muchos otros tipos: autonómicos, comarcales, municipales, judiciales, eclesiásticos, parroquiales, etc., y en todos ellos existe la posibilidad de encontrar documentos relacionados con la Guerra Civil y el franquismo, que prueben el ingreso en una prisión, en un hospital de sangre, y la muerte por heridas o por accidente o por ejecución tras un consejo de guerra o también de forma extrajudicial.

Sin embargo, no parece existir la voluntad política de preservar la memoria con visión de conjunto. También hay que reconocer el trabajo de los archiveros y archiveras a pesar de la poca dotación de recursos y nos complace mucho que el proyecto cuente con el apoyo de la Asociación de Archiveros y Gestores Documentales de Cataluña.

Uno de los conjuntos de datos que hemos integrado es la lista de reparación jurídica de víctimas del franquismo, con casi 70.000 registros, publicada por el Archivo Nacional de Cataluña (ANC) el pasado mes de julio en formato de datos abiertos. El ANC publicó este fichero con motivo de la aprobación de la Ley 11/2017 de reparación jurídica de las víctimas del franquismo, que declara ilegales los tribunales militares y simbólicamente nulas las sentencias y resoluciones de las causas instruidas por causas políticas. Hacen falta más leyes valientes como esta para promover el acceso a la información de la Guerra Civil y la época franquista en formato reutilizable. A raíz de esta publicación, decenas de personas que han accedido al listado del ANC han descubierto nombres de familiares de los que desconocían que habían sido víctimas de represalias. Aspiramos a que nuestra base de datos tenga también este efecto.


Innovation and Human Rights, con la publicación de esta base de datos, quiere aportar su grano de arena a la verdad, la justicia y la reparación. Si sois investigadores o investigadoras y queréis que publiquemos vuestros datos o deseáis compartir vuestra historia, escribidnos a info@ihr.world.

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Datos para la memoria histórica

Bombardeo aéreo de Barcelona, 1938 | Italian Airforce, Wikimedia Commons | Dominio público

Bombardeo aéreo de Barcelona, 1938 | Italian Airforce, Wikimedia Commons | Dominio público

La transparencia de una organización es una condición indispensable para acceder a la materia prima del periodismo de datos, conjuntos de datos que se ponen a disposición del público y pueden ser reutilizados y publicados sin restricción. Estos datos a menudo contribuyen al acceso al conocimiento o nos remiten a casos de investigación como los recientes Panama Papers. Pero también pueden contribuir a la recuperación de la memoria histórica. Ochenta años después, todavía es muy difícil encontrar información precisa sobre todas las víctimas de la Guerra Civil y el franquismo. Los documentos están dispersos entre multitud de archivos militares y de ámbito muy diverso. La asociación Innovation and Human Rights (IHR) presenta una base de datos para ayudar a las víctimas y a sus descendientes y contribuir a difundir y promover la investigación histórica.

Todo el mundo tiene una historia familiar respecto a la Guerra Civil y los datos lo confirman. Los muertos como resultado de la Guerra Civil se estiman alrededor de medio millón, pero no se conoce su cifra exacta. Se cree que unas 50.000 personas fueron víctimas de la violencia de varias secciones de grupos de izquierdas entre 1936 y 1939; 200.000 habrían muerto en el frente y, según Paul Preston, 200.000 más murieron en manos de los sublevados contra la República y durante la dictadura de Franco entre 1936 y 1975. Además, los muertos por bombardeos fueron 10.000 (más de 2.000 solo en Barcelona), según Hugh Thomas. Aparte están los desaparecidos en las cunetas; son las víctimas de desaparición forzada, en el término que utiliza Naciones Unidas: personas que sufrieron la privación de libertad y a menudo la tortura o ejecución extrajudicial por parte de agentes del Estado o grupos o personas que el Estado apoyaba.

Si los datos de los muertos no son precisos, los datos de las personas que sufrieron represalias aún lo son menos. Hubo 188 campos de concentración en la España franquista —dos de ellos en Barcelona, en Poblenou y en Horta—, como ha documentado Javier Rodrigo, y varios centros de prisioneros. Asimismo, más de 130.000 personas pasaron por los Batallones Disciplinarios de Soldados Trabajadores, agrupaciones de supuestos soldados que, a menudo sin haber cometido delito, eran obligados a trabajar duramente sin garantías, casi gratis, y que recientemente han recibido el nombre de esclavos de Franco.

En su último informe sobre España, de septiembre de 2017, el Grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias de Naciones Unidas, en el que ha participado Innovation and Human Rights, destaca: «Especialmente preocupante resulta constatar que la mayoría de recomendaciones fundamentales para que los familiares de personas desaparecidas durante la Guerra Civil y la dictadura puedan investigar la suerte y el paradero de sus seres queridos, tener acceso a la verdad, a la justicia y a reparaciones no han sido plenamente implementadas, y que hasta hoy los familiares están entregados a su propia suerte.»

En la mayoría de los casos, acceder a la información no es fácil. Se alude a la Ley de protección de datos en referencia a personas desaparecidas o que llevan muertas más de 50 años. Por ello desde Innovation and Human Rights (IHR) hemos cursado varias peticiones de acceso a la información pública y tenemos algunos convenios de colaboración en marcha. Una de las bases de datos a las que hemos solicitado acceder es la del Coste Humano de la Guerra Civil del Centro de Historia Contemporánea, de los muertos catalanes, para poder difundir el trabajo que ha llevado a cabo la Generalitat de Catalunya desde hace treinta años en este sentido.

Cuando el juez Baltasar Garzón abrió un controvertido sumario por crímenes contra la humanidad en España, en 2008, las asociaciones de memoria histórica hicieron llegar listas que sumaban más de 114.000 desaparecidos, que luego se ampliaron a 143.000. El Juzgado número 5 de la Audiencia Nacional los agrupó en una base de datos que el Grupo de Trabajo de Desapariciones Forzosas o Involuntarias reiteradamente reclama al Gobierno que se haga pública. Sin resultados.

Barcelona: 800 días bajo las Bombas | BTV Datalab

Una visión de conjunto: la base de datos unificada de Innovation and Human Rights

La asociación sin ánimo de lucro Innovation and Human Rights (IHR) presentamos la base de datos centralizada de víctimas de la Guerra Civil y el franquismo. Cuenta con más de 200.000 documentos con nombres y apellidos, y le seguimos añadiendo datos mientras buscamos e investigamos más fuentes de información. La mayoría de documentos nunca habían sido tan accesibles antes. Lo hemos hecho para ayudar a las víctimas y a sus descendientes a encontrar información y para apoyar a personas que aún buscan justicia y reparación, como las de la Mesa de Entidades Memorialistas de Cataluña, con la Comisión de la Dignidad, el Colectivo Republicano del Baix Llobregat, la Asociación Pro-Memoria a los Inmolados por la Libertad en Cataluña, Lo Riu, Memoria de Mallorca, los familiares de desaparecidos impulsores de la creación del Banco de ADN y otros.

Queremos contribuir a difundir y promover la investigación histórica con tratamiento de datos sobre aspectos investigados menos conocidos de todo lo relacionado con la Guerra Civil y el franquismo, con rigor, referencia a documentos y profundidad. Porque, hasta ahora, la mayoría de las historias y los protagonistas de la represión han permanecido ocultos. En parte porque no se les ha reconocido como víctimas por la Ley de amnistía de 1977 o porque no todo el mundo ha tenido la convicción de la Asociación Catalana de Ex-Presos Políticos del Franquismo u otras asociaciones e iniciativas. Queda mucho trabajo por hacer, pese a interesantes documentales como Desde el otro lado del charco, de datecuenta.org, recién estrenado; Un padre (Victor Forniés, 2016), Avi, et trauré d’aquí (Montse Armengou y Ricard Belis, 2014), y El camí d’un protocol (Carles Seuba, 2013).

La base de datos nace de la necesidad de saber qué sucedió con los miembros de nuestra familia, hasta dónde llegó el alcance de la represión y quién concretamente la sufrió; necesidad y derecho a saber que contrastan con la dificultad de acceso y la fragmentación de la información. A Natalia Lemos, de combatientes.es, la dispersión de la documentación en multitud de archivos y la dificultad de hallar información acerca de su abuelo la llevó a elaborar la guía Cómo realizar una búsqueda, con docenas de enlaces.

La base de datos centralizada incluye inicialmente documentos respecto a víctimas mortales, víctimas de desaparición forzada y víctimas de represión durante la Guerra Civil y el franquismo. Actualmente, su característica fundamental es un buscador por nombre, pero se irán ampliando las herramientas de consulta y las posibilidades. Igualmente, trabajamos para armonizar y relacionar los documentos disponibles. Estamos en proceso de integrar en una sola web cientos de fuentes documentales y de iniciativas de memoria histórica muy diversas en tamaño y ubicación geográfica en toda España. Tenemos conjuntos de datos de decenas de miles de documentos, otros de algunos cientos y otros incluso de una veintena. Por ejemplo, hay documentos de investigaciones de historia local y otros de archivos estatales.

La base de datos tiene dos valores añadidos: (1) solo incluye documentos de los que puede citarse la referencia de la investigación —sea un proyecto de alguna institución o de autoría individual— y, siempre que es posible, la referencia del archivo donde se encuentran, y (2) todo es accesible a un clic.

Un proyecto inspirador es SIDBRINT (Sistema de Información Digital sobre las Brigadas Internacionales), la base de datos de la Universidad de Barcelona con información documental de más de 19.000 brigadistas, con más de 1.500 fuentes documentales.

Miembros de la Brigada Internacional en la cocina británica de Albacete, 1936-1937 | Imperial War Museum | Dominio público

Miembros de la Brigada Internacional en la cocina británica de Albacete, 1936-1937 | Imperial War Museum | Dominio público

Iniciativas fragmentadas

Algunas administraciones públicas han tomado iniciativas diversas para dar a conocer la represión franquista. Por ejemplo, Galicia tiene el proyecto nomesevoces.org, por el que, mediante un acuerdo entre las tres universidades públicas y la Consejería de Cultura de la Xunta, en 2006 se puso en marcha la creación de una base de datos de víctimas gallegas de muerte y de represalias. Ahora se puede consultar la lista e incluso descargarse un archivo.

El Gobierno del País Vasco publica también una «lista de personas muertas, fusiladas y/o desaparecidas en Euskadi durante la Guerra Civil y la dictadura franquista» y centraliza toda la actividad en torno al tema con Gogora, Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos.

El Gobierno de Navarra va un poco más allá y, mediante su sistema de archivos, ha indexado con nombre y apellido más de 42.000 fichas de combatientes de la Guerra Civil y ha publicado en línea más de 1.500 sentencias inculpatorias y absolutorias del Tribunal de Responsabilidades Políticas, digitalizadas, de modo que pueden descargarse íntegramente. Hay que decir que este tribunal juzgaba según la ley del mismo nombre, dictada en febrero de 1939, «reconociendo la necesidad de reconstrucción espiritual y material de la patria», con el agravante de ser retroactiva desde el 1 de octubre de 1934.

En cuanto a los archivos, solo de militares, hay veintiocho en toda España, y a menudo cada uno conserva documentación de un determinado fragmento de vida: reclutamiento, tropa, mando, afección o desafección según avales, juicio militar, privación de libertad en prisión o campo de concentración, batallón de soldados, batallón disciplinario de soldados trabajadores, batallón disciplinario de soldados trabajadores penados, entre otros.

Del mismo modo, hay archivos de muchos otros tipos: autonómicos, comarcales, municipales, judiciales, eclesiásticos, parroquiales, etc., y en todos ellos existe la posibilidad de encontrar documentos relacionados con la Guerra Civil y el franquismo, que prueben el ingreso en una prisión, en un hospital de sangre, y la muerte por heridas o por accidente o por ejecución tras un consejo de guerra o también de forma extrajudicial.

Sin embargo, no parece existir la voluntad política de preservar la memoria con visión de conjunto. También hay que reconocer el trabajo de los archiveros y archiveras a pesar de la poca dotación de recursos y nos complace mucho que el proyecto cuente con el apoyo de la Asociación de Archiveros y Gestores Documentales de Cataluña.

Uno de los conjuntos de datos que hemos integrado es la lista de reparación jurídica de víctimas del franquismo, con casi 70.000 registros, publicada por el Archivo Nacional de Cataluña (ANC) el pasado mes de julio en formato de datos abiertos. El ANC publicó este fichero con motivo de la aprobación de la Ley 11/2017 de reparación jurídica de las víctimas del franquismo, que declara ilegales los tribunales militares y simbólicamente nulas las sentencias y resoluciones de las causas instruidas por causas políticas. Hacen falta más leyes valientes como esta para promover el acceso a la información de la Guerra Civil y la época franquista en formato reutilizable. A raíz de esta publicación, decenas de personas que han accedido al listado del ANC han descubierto nombres de familiares de los que desconocían que habían sido víctimas de represalias. Aspiramos a que nuestra base de datos tenga también este efecto.


Innovation and Human Rights, con la publicación de esta base de datos, quiere aportar su grano de arena a la verdad, la justicia y la reparación. Si sois investigadores o investigadoras y queréis que publiquemos vuestros datos o deseáis compartir vuestra historia, escribidnos a info@ihr.world.

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Los nuevos reaccionarios

Hombres jugando a cartas. Victoria, Australia, 1944 | Jim Fitzpatrick. National Library of Australia | Sin restricciones conocidas de derechos de autor

Hombres jugando a cartas. Victoria, Australia, 1944 | Jim Fitzpatrick. National Library of Australia | Sin restricciones conocidas de derechos de autor

Desde hace unas décadas surgen nuevos espacios para la construcción de la identidad que dejan atrás la situación de dominación total de hace un siglo. Ante esto, un amplio grupo de gente que debería tenerlo fácil para ser aquello que quiere ser siente que se enfrenta a barreras insuperables. Son los reaccionarios, hombres blancos, heterosexuales, de clase media, que consideran que existe una hegemonía cultural y social que les roba el derecho a ser como quieren ser. A pesar de esto, los indicadores apuntan que lo siguen teniendo más fácil para triunfar, elegir y vivir su vida.

La identidad es escurridiza.

En los países ricos como el nuestro, con acceso libre a la información, parece bastante sencillo construirse una identidad a medida. Al menos a primera vista: escoger entre los rasgos propios; ignorar, cuestionar o modificar aquellos con los que no nos sentimos cómodos; potenciar otros; acudir al ilimitado menú simbólico y cultural que la globalización pone a nuestra disposición. En definitiva: decidir.

Pero este poder tiene algo de espejismo. Por un lado, nadie es una hoja en blanco. Por ejemplo, si nacemos con órganos reproductivos masculinos pero nos sentimos y queremos adscribirnos a una categoría de género distinta a «hombre», el proceso por el que debemos pasar no es ni libre ni sencillo. Al contrario, se trata de un camino complejo, que acarrea costes, no solo beneficios. Ambos moldearán lo que seremos. Otro caso: pongamos que crecemos en un determinado país, pero en un momento dado de nuestra juventud nos mudamos a otro donde pretendemos construir una vida, una carrera. Ahora somos inmigrantes. Esa categoría es parte de nuestra identidad lo queramos o no, y deberemos gestionar nuestra nueva posición. De nuevo, aparecen costes junto a los beneficios, sin ser nosotros quienes decidimos la cuantía de los mismos, ni cuándo o cómo se pueden volver inasumibles. De hecho, a veces, se convierten en barreras insalvables. Sencillamente, no todos contamos con las mismas oportunidades para ejecutar nuestras decisiones, para escoger esto o dejar aquello y hacer de nuestra trayectoria vital un collage perfecto. Hay lugares y condiciones a los que muchos no podrán llegar aunque lo deseen y lo intenten. Con el consiguiente resultado: frustración en algunos casos, adquisición de una posición ideológica en otros, indiferencia incluso. En definitiva, aún existen ciertos caminos más transitados que otros, y salirse de ellos está muy lejos de ser gratis. Es ahí donde la identidad se escapa de las manos del individualismo para encontrarse con lo que a los sociólogos les gustan llamar «estructura».

Pocos lectores se sorprenderán con esta apreciación, que sonará casi obvia para muchos. Construir la propia identidad aún es, en muchos casos, un proceso arduo que para nada sucede en un vacío perfecto. Nada nuevo hasta ahora. La mayoría lo sabemos, o lo intuimos, y lidiamos con ello de una manera o de otra.

Lo que quizá sí resulte más chocante para estos mismos lectores (no sorprendente, pues ya se habrán encontrado con algunos ejemplos en su deambular diario por las redes) es que un grupo nutrido de gente que, en principio, lo tendría fácil para ser aquello que quiere ser siente que se enfrenta a barreras insuperables, que la estructura juega en su contra. Digámoslo claramente. Se trata de personas que normalmente contienen varios de los siguientes rasgos, si no todos, y además desean adscribirse a los mismos de manera activa: hombres, blancos, heterosexuales, de clase media. Lógicamente, no todos (ni siquiera una mayoría) de estas personas piensa así, pero la mayoría de los que así piensan comparten dichos rasgos. Para ellos hay una estructura dominante que no les permite ser como quieren. Son los reaccionarios: lo que les une es la reacción ante lo que ven como el nuevo statu quo.

Cuatro hombres discutiendo ante una pila de madera. Victoria, Australia, 1944 | Jim Fitzpatrick. National Library of Australia | Sin restricciones conocidas de derechos de autor

Cuatro hombres discutiendo ante una pila de madera. Victoria, Australia, 1944 | Jim Fitzpatrick. National Library of Australia | Sin restricciones conocidas de derechos de autor

Los reaccionarios consideran, por lo tanto, que existe una hegemonía cultural y social que les roba el derecho a ser como quieren ser. Exactamente igual que aquellos que pertenecen a ciertas minorías, solo que la hegemonía percibida por cada uno de ambos grupos es diametralmente opuesta. De hecho, el reaccionario que se lamenta de la situación actual (cabe recordar que otros muchos, quizá la mayoría, no lo hacen) considera que dichas minorías ya han ganado, y que en su victoria él es el perdedor. Si aspira a reafirmar la mejor posición de los hombres sobre las mujeres a la hora de desarrollar ciertos trabajos, la diferencia en algunas áreas de los blancos sobre los negros, la superioridad de la cultura occidental sobre las demás, ya no pueden hacerlo. Señalar qué es natural y qué no, cómo deberían ser las cosas, no es posible en esta supuesta nueva hegemonía. Con ello se ahogan. O al menos así se desprende de sus constantes quejas, apreciables en un nada despreciable número de cuentas de Twitter, perfiles de Facebook, vídeos de YouTube y, por supuesto, los discursos de ciertos partidos y líderes políticos en Europa y en los Estados Unidos.

La paradoja es obvia. En realidad, es más un espejismo. Porque casi cualquier indicador cuantitativo con que contamos demuestra que no es así: no vivimos un nuevo reinado de las minorías. Más bien, los grupos sociodemográficos a los que pertenecen los reaccionarios lo siguen teniendo comparativamente más fácil para triunfar, elegir y vivir su vida.

Sin embargo, estos mismos indicadores apuntan a una mejora relativa de la posición de muchas minorías en las sociedades occidentales en las últimas décadas. Al mismo tiempo, se han venido detectando ciertas bolsas de exclusión en ámbitos donde hasta ahora no se esperaban, o que al menos habían pasado desapercibidas: antiguas zonas prósperas y obreras en decadencia, por ejemplo. Pero quienes engrosan las filas de los excluidos en ningún caso comandan la reconstrucción epistémica de los que se pretenden reaccionarios. En el mejor de los casos, los desclasados son más un arma, o una excusa, que una vanguardia al frente de lucha alguna.

En definitiva, poco a poco se han ido abriendo nuevos espacios para una construcción identitaria que, si bien dista mucho de ser igualitaria, tiene cada vez menos que ver con la situación de dominación casi total de hace un siglo. Y así es como se produce el espejismo: parece que han perdido, que están siendo anulados, pero en realidad solo se trata de una pérdida de poder relativa.

Quienes han ido ganando cuota discrepan entre sí sobre cómo se ha logrado el cambio. Para unos se trata de una batalla contrahegemónica. A una estructura cultural imbricada en las clases dominantes se contrapone una alternativa que les interpela directamente, ganando paso a paso espacios siguiendo una estructura de conflicto más o menos clásica, cuya consecuencia última debería ser la sustitución de una hegemonía por otra. Para otros, sin embargo, el proceso ha sido de apertura, con lo que la dicotomía se produce más entre uniformidad y pluralismo. La tesis roja contra la tesis multicolor, por así decirlo.

«Las guerras culturales se juegan hoy más que nunca, en muchos frentes: el cuerpo de las mujeres, las escuelas y sus libros de texto, la unión de dos personas adultas, los debates en los campos universitarios.»

Este debate está implícito también entre los reaccionarios. Para ellos, en algún punto de los últimos diez, veinte o treinta años se impuso una nueva hegemonía que estructuraba la producción identitaria y a la que había que acogerse sí o sí, anulando en el proceso las que antes dominaban. Pero eso no quiere decir que acepten que la identidad solo puede construirse en conflicto. Al contrario, en su seno se reproduce la misma división que sus supuestos adversarios. Mientras algunos parecen aceptar sin mayor problema que la batalla es inevitable, otros argumentan que el pluralismo sigue siendo un ideal a alcanzar, pero que ha quedado opacado por esta nueva dominación, para la que no pocas veces usan el epíteto (intencionadamente vago) de «corrección política». Es en la «incorrección» en la que se escudan, por tanto. Parecen decir: «si amáis la heterodoxia, ¿por qué teméis tanto los discursos que no encajan con vuestro ideal?, ¿por qué no permitís identidades ofensivas?».

¿Puede construirse la identidad en ausencia de dialéctica, de conflicto? ¿O la reacción que estamos observando era inevitable, precisamente porque la amenaza que perciben es real, aunque esté lejos de ser ejecutada? Las guerras culturales que han marcado el debate público, primero en Estados Unidos en los años noventa y después alrededor de todo el hemisferio occidental, podrían ser un ejemplo a favor de la segunda hipótesis. Se jugaron, y se juegan hoy más que nunca, en muchos frentes: el cuerpo de las mujeres, las escuelas y sus libros de texto, la unión de dos personas adultas, los debates en los campos universitarios. De su dinámica inicial, de conservadores contra progresistas, se han movido al esquema que aquí describimos, en el cual los reaccionarios se han convertido en una versión perfeccionada, de ataque directo, de las posiciones más extremas entre el conservadurismo, al que ahora consideran prácticamente un traidor, un desertor en el frente. Una que, además, se ha rearmado con argumentos de orden estructural.

De hecho, si la construcción de la identidad no puede ser separada de las estructuras sociales, económicas y de poder existentes, resulta difícil imaginarla en ausencia total de conflicto, en un hipotético futuro ideal en el que cualquiera acuda a una paleta de colores y escoja de manera alegre, aséptica e individual qué ser y cómo serlo. Sin guerra cultural no habría, por lo tanto, identidad. La cultura sería un campo de batalla permanente.

Pero, al mismo tiempo, resulta difícil imaginar las sociedades como meros juegos de suma cero, donde ciertos grupos tengan que perder (no de manera relativa, sino absoluta) para que otros ganen espacio y libertad. Si tal cosa fuese cierta, jamás surgirían nuevas identidades, nuevos sentimientos de pertenencia, que solo pueden venir del mestizaje. Nos guste o no, parece que el conflicto es, en definitiva, productivo para la identidad.

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Un ministerio para pensar en el Futuro

Un bebé y un perro en un velero. Sydney, c. 1910 | Samuel J. Hood, Australian National Maritime Museum | Sin restricciones conocidas de derechos de autor

Un bebé y un perro en un velero. Sydney, c. 1910 | Samuel J. Hood, Australian National Maritime Museum | Sin restricciones conocidas de derechos de autor

Ser consciente del futuro de manera ecológica significa ser consciente que hay muchas más escalas temporales (y espaciales) que los humanos tendrían que tener en cuenta y reflexionar. El Ministerio del Futuro es una iniciativa artística dentro de la exposición Después del fin del mundo para convencer a los gobiernos del mundo de que habiliten mecanismos para la política a largo plazo. El primer ministro del Futuro es encarnado por el filósofo Timothy Morton, creador de conceptos como «hiperobjeto» y «ecología oscura», y uno de los pensadores de referencia mundial preocupados por imaginar una nueva relación con el planeta. Reproducimos aquí el discurso que leyó en la inauguración de la exposición donde explica las funciones de este nuevo ministerio y reflexiona sobre los conceptos de «Fin del mundo», «Futuro», «Vida» y «Arte», entre otros.

 

Me llamo Timothy Morton y he sido nombrado Ministro del Futuro por la buena gente aquí en el CCCB.

He venido en avión desde Houston, Texas, y obviamente, aún estoy bajo los efectos del jet lag. Una parte de mi aún está en Houston. Otra parte quedó desparramada sobre el océano Atlántico. Mi alma aún no se me ajusta al cuerpo, por así decirlo. Y esta sensación es exactamente de lo que os quiero hablar hoy. Ser ecológicamente consciente significa tener sensaciones como el jet lag. Quiere decir darse cuenta que te sientes desparramado, que tu mente aún no se corresponde a las condiciones físicas actuales. Y eso explica algo profundo sobre el tiempo, algo que nuestro mundo, tan bien medido, esconde. Os contaré más al respeto en un rato. Esperad un momento.

Me gustaría daros la bienvenida a esta presentación, que tiene por título Después del fin del mundO.

¿Qué significa, el fin del mundo? Significa el fin de la idea que el ser humano es la única entidad del universo que puede definir qué es la realidad. Quiere decir que hay muchísimas entidades no-humanas en nosotros, que nos penetran, que nos permiten existir, que acechan por el horizonte listos para pulverizar, o más bien, pulverizando el escenario aparentemente estable –porque hace tiempo que dura– donde parece que actuemos. Quiere decir que lo que llamamos naturaleza ya nunca más será natural, porque no se comporta como un decorado neutral y bonito para nuestro drama humano. Una parte del escenario se nos cae encima y duele. Se está deshilachando y detrás vemos todo de cosas que no queríamos ver.

Se podría decir que el fin del mundo ya ocurrió. El calentamiento global ya ha empezado. No es lo mismo que decir que todos moriremos o que nada importa. Quiere decir que ya no podemos vivir más como si estuviéramos entre algodones, algodones reales o imaginarios. El fin del mundo ha empezado, sino no podríais sentir lo que acabo de decir sobre escenarios que se colapsan. No hagáis caso a la gente que os advierta que el fin se acerca. A su manera, quieren ayudar. No es un apocalipsis religioso y no vamos a recibir ningún premio ni seremos castigados. Más bien es como aquellas películas en las que la protagonista se da cuenta que está muerta.

Soy el Ministro del Futuro, lo que significa tres cosas.

La primera: significa que soy responsable de aquello que aún no existe. Y estos seres dependen profundamente de lo que hacemos nosotros ahora mismo. En el futuro, dos cosas serán ciertas. Serán más ciertas a medida que miréis en un futuro más lejano.

1: yo, como Timothy Morton, esta persona en concreto, cada vez seré cada vez menos relevante, menos importante.

2: cada cosita que Timothy Morton haga, cada vez será más relevante, más importante.

Salas de espera de la exposición «Después del fin del mundo» | © CCCB, 2017. Autor: Gunnar Knechtel Photography

Salas de espera de la exposición «Después del fin del mundo» | © CCCB, 2017. Autor: Gunnar Knechtel Photography

Hacer esto (mover un pequeño objeto como un vaso unos cuantos centímetros) significará algo enorme de aquí a cien mil años.

Cien mil años es el periodo de tiempo máximo del calentamiento global. Vale. Esto me lleva a la Segunda Cosa.

Ser consciente del futuro de manera ecológica significa ser consciente que hay muchas más escalas temporales (y espaciales) que los humanos tendrían que tener en cuenta y reflexionar. El calentamiento global durará hasta dentro de 100.000 años: el 7 % de los efectos del calentamiento global aún estarán sucediendo, mientras son absorbidos lentamente por rocas ígneas.

Otro periodo son 30.000 años. De aquí treinta mil años, las corrientes oceánicas habrán absorbido la mayoría de los derivados de carbono, pero en la atmosfera, aún quedarán, en suspensión, un 25%. La vida media del plutonio 239 es de 24.100 años. Estos periodos son tan grandes como la historia entera de la Humanidad, o más. Las pinturas de la cueva de Chauvet, en Francia, están datadas de hace 30.000 años.

Otro periodo temporal son 500 años. El 75% de los efectos del calentamiento global aún persistirán dentro de quinientos años. Intento imaginarme como era la vida el 1511.

Ninguna de estas escalas temporales es menos real que la otra. Y tienen alguna cosa en común. Todas estas escalas se pueden predecir, de una manera u otra. Podemos calcular, computar, extrapolar que habrá pasado de aquí muchos años, muy adelante en el futuro.

Esto es el futuro mesurable. Soy el Ministro del Futuro Mesurable. Soy responsable de los seres, humanos y no humanos, los que aún no existen, la existencia de los cuales vendrá determinada por lo que hacemos ahora, por cómo pensamos ahora. Todas nuestras decisiones están influenciadas por ellos, si lo pensáis bien. ¿Aceleraréis al doblar la esquina o reduciréis la velocidad por si acaso hay alguien o alguna cosa? El CCCB acaba de anunciar, oficialmente, que podemos preocuparnos de ello, que tendríamos que preocuparnos de ello.

Pero también soy el Ministro del Futuro Inconmensurable. ¿Qué quiere decir eso? Soy el ministro de la posibilidad del futuro. Soy el ministro de lo futurible, como dicen algunos. De la calidad futurible, de la «futuralidad», si queréis decirlo así.

Este tipo de futuro no es predecible. Este tipo de futuro es el futuro que permite que suceda el futuro predecible. En términos vitales, es la posibilidad que haya vida, de la vida tal y como la conocemos. La vida, que siempre tiene esta necesaria calidad de futuro abierto.

Este tipo de futuro, por lo que respeta nuestra implicación como humanos, tiene otro nombre.

Salas de espera de la exposición «Después del fin del mundo» | © CCCB, 2017. Autor: Gunnar Knechtel Photography

Salas de espera de la exposición «Después del fin del mundo» | © CCCB, 2017. Autor: Gunnar Knechtel Photography

La palabra para este tipo de futuro es arte. El arte es el futuro y yo soy el Ministro del Futuro. Sostengo la puerta abierta para enseñaros que hay otras posibilidades más allá de la puerta. El arte es la puerta. El arte no es solo un cuadro o una representación. El arte es acción, artesanía, creación. El arte es causa y efecto. Y el arte es el futuro. ¿Qué significa una obra de arte? ¿Qué es una obra de arte, al fin y al cabo? No lo sabemos… aún. Esta sensación de «aún no», no se va. Acompaña lo que pasa ahora, como un fantasma. Como la luna que veis por la ventana de un coche que corre: parece que te siga, que flote a tu lado. El arte deja abierta la posibilidad que las cosas sean diferentes, y si sois como yo, de verdad que os gustaría que muchas cosas fueran diferentes, al menos algunas.

Por eso estoy muy emocionado de poder ser Ministro del Futuro aquí. No soy el gobernante, soy el ministro. Apunto hacia la apertura que llamamos futuro, la mantengo abierta y os pido que esperéis mientras el arte pasa. He hecho estas salas de espera en nuestro espectáculo, porque esperar es la asignatura principal, el ingrediente básico en la era del calentamiento global. ¿Ha empezado? ¿Cuándo empezará de verdad?¿Qué va a pasar, entonces? ¿A quién? Todas estas sensaciones tiene que ver con habitar un espacio donde hay otras entidades a parte de los humanos, entidades como el huracán donde estuve hace pocas semanas, en Houston, y estas entidades tienen su propio compás, que tengo que seguir.

Aquel armatoste, que parecía una nave extraterrestre gigante, hacía días que flotaba sobre Houston. Te tenías que esperar. Era tiempo-huracán, no tu-tiempo. Esperar despierta muchos sentimientos, la mayoría poco agradables. Acostumbrarte a estos sentimientos para no hacernos daños los unos a los otros o correr por ahí como pollos sin cabeza cada vez será más importante.

Esperar implica un futuro incierto, abierto. El arte es un futuro abierto, ¿recordáis? El arte mantiene abierto este espacio de espera y así lo podemos estudiar, acostumbrarnos a él y que se nos ocurran cosas en medio de la desazón.

Así que me gustaría daros la bienvenida al futuro, que está ocurriendo ahora, como las sombras de esta sala. Y me gustaría presentaros a los artistas del espectáculo: Benjamin Grant, Natalie Jeremijenko, Charles Lim, Rimini Protokoll, Tomás Saraceno, Superflux, Unknown Fields Division (Kate Davies y Liam Young). Y a los encantadores  comisarios, Rosa Ferré y José Luis de Vicente.

Y ahora, como una sombra, callaré y dejaré que hablen los otros. Gracias.

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Entrevista (corregida): “Innovar es aprender a pensar distinto” @pagina12

Imagen: Leandro Teysseire

Disclaimer: El viernes 10.10.17 el periódico argentino Página 12 publicó una entrevista e incluyó algunas imprecisiones corrijo en esta versión actualizada de la entrevista. Mientras esperamos que la fuente original haga lo propio comparto el texto editado (en color).

En la ciudad vieja de Montevideo, Mario Benedetti ya lo había anticipado. “Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron las preguntas”, escribió hace unas décadas. Ahora, del otro lado del charco, el investigador del Instituto de Internet de la Universidad de Oxford Cristóbal Cobo retoma esa idea para explicar los nuevos objetivos del Centro de Estudios Fundación Plan Ceibal, el órgano de investigación en políticas de educación, innovación y tecnología creado como institución independiente cuya creación fue impulsada desde el Plan Ceibal. Este último fue creado en 2007 para favorecer inclusión social e igualdad de oportunidades del sistema educativo uruguayo. En diálogo con PáginaI12, el director del Centro de Estudios de la Fundación Ceibal sostuvo que la tecnología no es un sinónimo de revolución en las aulas y que “la búsqueda debe estar orientada a la innovación pedagógica”, justamente el área más desfinanciada de otro programa educativo de la región, el Conectar Igualdad, que sufrió masivos despidos y reducción del stock de computadoras en los últimos dos años. Cobo, además, profundiza las nociones sobre desobediencia tecnológica y formación docente. “La sociedad del conocimiento es tremendamente generadora de marginalidad. No solamente de infraestructura y de aparatos tecnológicos, sino cognitiva y de igualdad de oportunidades”, agregó.

En el cuarto piso del Centro Cultural de la Ciencia, en el barrio porteño de Palermo, Cobo es esa figurita difícil que completa el álbum: los docentes le piden selfies, ejecutivos de empresas intentan arreglar encuentros con él e incluso, el investigador chileno debió ser el encargado de inaugurar la Semana de la Ciudadanía y la Alfabetización Digital con una charla para trescientos educadores y facilitadores pedagógicos digitales.

“Lo que vengo diciendo en las presentaciones y en mi último libro es una provocación para algunos: se puede seguir teniendo una educación conservadora aún con un montón de tecnología incorporada. Muchas de las conversaciones se centran en los aparatos y la verdad es que las cosas interesantes están por fuera de la tecnología. La innovación es, en realidad, aprender a pensar de una manera distinta”, comentó Cobo.

El Plan Ceibal fue la criatura que creó Cobo Miguel Brecher junto a otros especialistas pedagógicos y políticos del Uruguay. En el 2007, tres años antes que se firme el programa Conectar Igualdad en Argentina, el por entonces –y ahora también– presidente del país oriental, Tabaré Vázquez, entregó la primera laptop en el departamento de Florida, una de las regiones más pobres del interior. Dos años después, todos los estudiantes de primaria obtuvieron una computadora, a la vez que las escuelas, ya sean públicas o privadas, contaban con acceso a wi-fi. “Muchas de esas laptops fueron las primeras que tuvieron las familias. En Argentina seguramente haya ocurrido lo mismo. Pero hoy en día, en los sectores medios y bajos ya cuentan con teléfonos, que no sólo juegan un papel importante en la conectividad sino que ya no es factor de diferenciación social, por ejemplo, tener un Facebook”, reflexionó el director del Centro de Estudios que analiza el impacto de las políticas públicas del proyecto pedagógico.

“Ahora, el nuevo objetivo es construir de la escuela, un laboratorio”. Así sintetiza Cobo la próxima fase del Plan Ceibal. Luego de cumplir la conectividad, el proyecto educativo uruguayo se enfoca en vincular los saberes cognitivos, las tecnologías de la información y la comunicación (TIC´s) y las habilidades socioemocionales, como la creatividad, la sociabilización y la empatía. “Parece algo totalmente novedoso, pero nada que ver, son ideas que deambulaban en siglos anteriores, el tema es que nunca se le prestó mucha atención”, dijo Cobo. La nueva meta es, precisamente, lo que Cobo no observa ahora en el Plan Conectar Igualdad argentino. Lo que dice el educador chileno se asemeja al informe realizado por Ctera donde se alerta sobre el recorte del 43 por ciento del ahora Plan Nacional de Educación Digital en el presupuesto pronosticado para 2018. Y aquello se agrega a la falta de stock (en 2016 se compró la mitad de computadoras que en el año anterior) y el despido de equipos territoriales que articulaban el área de pedagogía con la tecnología. Dicho de otro modo: desfinanciamiento.

–En esta transformación del sistema educativo uruguayo, ¿cuál es el rol que deben cumplir, ahora, los docentes?

–Los maestros han sido, tradicionalmente, agentes que ayudan a llevar el conocimiento a la sociedad. Ellos traían el conocimiento experto a través de libros de textos, programas de estudio. Ahora, con la aparición de las tecnologías y, en particular, de las tecnologías digitales, existe un proceso de descentralización y de desintermediación de saberes. Están Google, Wikipedia, YouTube y muchos otros canales que generan circuitos de información que adquieren muchísima más atención. Entonces, el rol del docente entra en un proceso de transformación, que nada tiene que ver con lo tecnológico sino con la relación del conocimiento: él tiene que ayudar a discriminar el ruido de la señal, lo que es importante de lo que es basura. La metáfora podría ser la del sherpa, ellos te acompañan, te dan orientaciones, si no sigues su camino te puedes caer por un barranco, pero al final del día, la trayectoria la terminás haciendo tú.

–En su libro habla de la desobediencia tecnológica. ¿Cómo entiende ese concepto? ¿Se aplica para los más chicos?

–Absolutamente. La desobediencia tecnológica es animarse a hackear la tecnología. Y eso es lo que los chicos tienen que hacer. América Latina es un continente que, en su gran mayoría, consume tecnología creada por otros y eso te pone una situación de desventaja, porque uno consume la tecnología y otros lo crean. Es decir, alguien pone la música y los demás la bailamos, lo cual produce una dependencia total. Entonces, bueno, cómo hacemos para cambiar la relación con la tecnología, pensar de manera distinta y darle un propósito diferente. Y yo creo que esto ocurre en la actualidad, aunque el sector educativo en la región no lo estimula. En la escuela el profe tiene que cubrir un programa de estudios, evaluar ciertas asignaturas y ese sistema deja pocos espacios para la divergencia. En cambio, en los

Cristóbal Cobo inauguró en Buenos Aires la Semana de la Ciudadanía y la Alfabetización Digital.espacios extracurriculares, se da el lugar para la innovación, el pensamiento divergente y la creatividad.

Pero todavía hay un actor fundamental que no había sido nombrado durante la entrevista: el Estado. Por eso, en el final de la charla, Cobo no duda en incluirlo al indicar que “esta sociedad es tremendamente desigual, no sólo en cuestiones tecnológicas sino también en sistemas de aprendizajes y de igualdad de oportunidades. El Estado no puede ser ajeno a esa lógica”. “Por ejemplo, ahora está la inteligencia artificial. Eso implica una nueva brecha de pobreza: los que la comprenden y los que no logran entender. El Estado tiene que ayudar a regular a eso, pero, a la vez, tiene que buscar la manera de que existan otros actores jugando en la cancha”, completó.

La entrevista concluye. Y, otra vez, docentes le piden fotos al educador.

Informe: Jeremías Batagelj.

CERN: divulgación científica sin fronteras

Reconstrucción del Sincrociclotrón en el CERN. Ginebra, 1975 | © 1975-2017 CERN

Reconstrucción del Sincrociclotrón en el CERN. Ginebra, 1975 | © 1975-2017 CERN

La divulgación científica suele estar destinada al público de las propias instituciones que producen ciencia. Analizamos aquí la experiencia del nodo uruguayo de la Anilla Cultural Latinoamérica-Europa, una red de cocreación, colaboración y participación que enlaza centros culturales de América Latina y Europa con el CERN. Una relación que se inicia con visitas virtuales pero también las incluye presenciales, un caso donde Internet, el entusiasmo y la emoción reducen la distancia con las investigaciones de física de partículas de primera línea.

Tradicionalmente la divulgación científica se ha destinado al público de las propias instituciones que producen ciencia o focalizadas a captar a futuros científicos. Hace cuatro años, resultaba extraño que un centro científico tuviera una política de difusión y apertura hacia todas las personas del mundo, aprovechando el acceso vía Internet en tiempo real. Es el caso del CERN, o Centro Europeo de Investigaciones Nucleares, el principal laboratorio de física experimental fundado en 1954 por doce países europeos, que desde su fundación tuvo una política de apertura del conocimiento científico. Ubicado en Ginebra, sus investigaciones se caracterizan por la colaboración entre científicos e ingenieros a nivel global con el fin de comprender los componentes más profundos de la materia que conforma el universo. El centro tiene un circuito de colisionadores y detectores de partículas instalados a unos cien metros bajo tierra, un espacio subterráneo conocido como ATLAS Room o «la caverna».

Las visitas virtuales

En 2013, la Anilla Cultural Latinoamérica-Europa organizó una conexión con el ATLAS Room del CERN durante el programa de Kosmopolis. Fiesta de la Literatura Amplificada. Ya entonces, el nodo uruguayo de la Anilla participó en línea y manifestó al CCCB el interés de extender esas visitas al público local.

La primera visita virtual titulada «Uruguay visita el CERN» tuvo un despliegue por redes de todo el país y participaron en ella 670 personas entre niños, jóvenes y adultos. A partir de esa visita se iniciaron nexos y desarrollos posteriores. Por ejemplo, en 2015 se diseñó el ciclo en línea sobre los neutrinos. Junto al CERN participaron en directo observatorios como IceCube desde la Antártida, Auger en Mendoza o Angra Neutrino Project en Brasil, entre otros. Quienes se conectaron pudieron establecer una conexión de primer orden con los contenidos científicos, como sucedió entre una localidad norteña de Uruguay, el CERN e IceCube, donde todos pudieron dialogar en primera persona sobre los últimos avances científicos.

En 2016 invitamos a Monica Bello a presentar el programa de residencias artísticas conocido como Arts at CERN, dentro del 3.r Congreso en línea de Educación y Nuevos Medios, con 1.200 participantes de universidades iberoamericanas. Bello compartió su metodología de trabajo, que genera diálogo entre artistas y científicos que colaboran explorando lenguajes artísticos e investigación fundamental para estimular creaciones y descubrimientos. Fue un mensaje inspirador para los asistentes en línea, los cuales están habituados en sus academias a trabajar en áreas específicas sin atreverse a cruzar las fronteras entre distintas disciplinas.

Community DIY science | Shannon Dosemagen | TEDxCERN

Otro desafío interesante fue colaborar con TEDxCERN 2016, puesto que se nos propuso brindar el evento en línea una forma más global. Por ello planteamos involucrar parte de la región latinoamericana con la interpretación simultánea al español. La apertura ha marcado siempre las acciones de extensión del CERN. Con gran satisfacción, desde Montevideo coordinamos a varios actores locales y regionales que participaron activamente.

Para abrir nuevos espacios en la difusión de la física de partículas, creamos la «Red Amigos del CERN en Latinoamérica», inaugurada por Rolf Landua, director de Extensión del CERN. En 2017, hubo otra visita virtual en distintas regiones latinoamericanas con una masiva asistencia.

Estas sinergias culturales constituyen una invitación a sumarse a otras actividades futuras, abiertas a todos aquellos curiosos que quieran conocer e imaginar cómo funcionan las partículas elementales de nuestro planeta y el Universo.

Visita presencial al CERN

Posterior al anuncio del CERN sobre el Bosón de Higgs, durante el año 2014 el colisionador estuvo parado para refacción y ajuste. Ese año se intensificaron las visitas presenciales al CERN, especialmente al Experimento o Colaboración ATLAS, que, con 25 años desde su conformación dentro del laboratorio, es el principal detector de partículas.

En la recepción de Secretaría del CERN, esperaba iniciar mi visita y descender a la «caverna» del ATLAS. Un joven estudiante de doctorado anunció que sería nuestro guía. Partimos en un grupo integrado por estudiantes alemanes de física y quien suscribe, una uruguaya no científica. Salimos al exterior, cruzamos la línea del tranvía que conecta con Ginebra y bordeamos The Globe, que tiene una muestra permanente con los principales descubrimientos del CERN. Dejamos atrás el paisaje veraniego de los Alpes.

Dentro del Experimento ATLAS, el guía sintetizó básicamente sobre física de partículas y vimos la sala de controles. Nos contó cómo todas las cosas están compuestas por materia, esta por átomos, los átomos están formados por electrones que orbitan alrededor de un núcleo, el cual está constituido por partículas subatómicas llamadas protones y neutrones, también formados por partículas más pequeñas denominadas quarks. Hasta el momento se conocen seis tipos de quarks (up, down, top, bottom, strange y charm). Estos, junto con los leptones (electrones, muones, tauones, neutrinos) y los bosones (Higgs, fotón, gluón, W, Z) constituyen las denominadas partículas fundamentales de la materia visible y son las más pequeñas que se han identificado.

Ese espacio ya era conocido por mí, por dos visitas en línea pasadas. Y ahora estaba allí presencialmente. Tuve una sensación extraña, entre lo que conocía del CERN y la ansiedad de estar in situ.

Gran colisionador de hadrones. Ginebra, 2017 | © 2017 CERN

Gran colisionador de hadrones. Ginebra, 2017 | © 2017 CERN

Nos colocamos cascos de seguridad y descendimos hacia la caverna. En los pasillos de acceso, había posters acerca de los anillos interconectados que componen el colisionador, circuitos donde aceleran partículas que chocan y los detectores las receptan. El anillo más grande se llama LHC, que significa Large Hadron Collider o Gran Colisionador de Hadrones, y mide 27 km de circunferencia. Está planificada la construcción de un anillo mayor, con 100 km de circunferencia, por debajo del lago de Ginebra.

Al recorrer las enormes salas que alojan los servidores del CERN, nuestras voces disminuyeron el volumen. Seguimos con la adrenalina muy alta por corredores articulados. Una puerta se abrió y llegamos al espacio que alberga el detector. Un espontáneo silencio grupal sustituyó la presencia de esa magnífica pieza tecnológica.

Desde un balcón mirando el centro del detector me asomé y vi toda su estructura, probablemente la mayor concentración de cables del mundo estaba ahí. Comparé mi altura con el tamaño de aquella mole cilíndrica y estimé que podía repetir mi cuerpo unas veinte veces; en realidad son treinta veces. En pocos segundos mi memoria pasó por los anillos que había visto antes en los posters. Mentalmente viajé y regresé al mismo sitio: al balcón mirando el detector. Abrumada, pensé en el conocimiento acumulado para producir y mantener esa maquinaria.

De regreso en la superficie del ATLAS, nuestro guía explicó cómo funciona la calibración de imanes para que los haces puedan chocar exactamente. Entendimos la transferencia que hace el detector desde procesos analógicos hasta imágenes digitales para ser estudiadas. También mencionó una publicación, de la revista Nature, que pondera la cultura científica del CERN comparando las siglas LHC en clave de Large Human Collision o Gran Colisión Humana, donde personas de diferentes nacionalidades y culturas interactúan con un objetivo científico. Quisiera agregar otra posibilidad para las siglas LHC, como Large Human Construction o una Gran Construcción Humana, en la historia de la ciencia y la humanidad.

Finalizada la visita, no esperaba encontrar esa saciedad mental y emotiva del haber estado ahí.

Un año después, en Montevideo, preparando una videoconferencia con el artista Ignacio Iturria, él mencionaba situaciones que marcaron su percepción. Un recuerdo fue su visita al zoológico donde vio encerrado a un elefante en una jaula. Esto provocó en él exploraciones artísticas en relación a la escala. Enseguida conecté este ejemplo del tamaño de las cosas y su percepción al recuerdo vívido de la caverna. Una especie de metáfora visual: «un elefante en un anillo» emulando el circuito de colisión y su detector.

La visita a la caverna fue una antológica experiencia estética y, junto con ella, un recursivo goce de haber estado allí. Esta asimilación conceptual y emocional constituye una serendipia múltiple. Sin lugar a dudas, la fortuna encontrada fue un hecho signado para ser compartido con otros.

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¡Ya llega la 11ª Charla! "Experiencias de resistencia colectivas frente al sistema capitalista" con Carolina Vélez

En noviembre conoceremos de la mano de Carolina Vélez diversas experiencias de resistencias grupales frente a los sistemas tradicionales en los cuales estamos inmersos ¡Apúntalo en la agenda y acompáñanos!   Queridos amigos ¡Ya estamos próximos a la 11ª Charla tejeRedes de 2017! Esta vez nos visitará Carolina Vélez quien es licenciada y profesora en filosofía, egresada de la Universidad