Gestionando entre los egos y el eros – Introducción (Parte 1)

Gráfica desarrollada en el taller de The Kairos Project en Barcelona (2016). *Este es el primer post de 4.  Seguramente cuando asistes a un taller muy intenso en cuanto a contenidos y actividades, para conectar con los saberes y experiencias expuestas, es importante dejar decantar los conocimientos un tiempo para poder entender en todas sus dimensiones lo observado y vivido.  Así fue con el

Gestionando entre los egos y el eros – Introducción (Parte 1)

Gráfica desarrollada en el taller de The Kairos Project en Barcelona (2016). *Este es el primer post de 4.  Seguramente cuando asistes a un taller muy intenso en cuanto a contenidos y actividades, para conectar con los saberes y experiencias expuestas, es importante dejar decantar los conocimientos un tiempo para poder entender en todas sus dimensiones lo observado y vivido.  Así fue con el

Laura F. Tenenbaum: «Hay que encontrar una forma de conectar con la naturaleza cada día»

Laura Faye Tenenbaum | Ilustración de José Antonio Soria | CC-BY

Laura Faye Tenenbaum | Ilustración de José Antonio Soria | CC-BY

Laura F. Tenenbaum es una científica que se confiesa totalmente enamorada del planeta Tierra, de las pequeñas cosas. No hay forma de hablarle de migrar a lejanos exoplanetas, como sugiere el astrofísico Stephen Hawking. Tenenbaum le explica al gran público la ciencia de nuestro planeta, del cambio climático y de sus efectos a través de las emociones. Su objetivo es implicar a la gente desde un punto de vista optimista y dinámico. Tenenbaum es miembro del Equipo de Comunicación sobre Ciencias de la Tierra del Laboratorio de Propulsión a Reacción de la NASA, en el que crea contenido para la página web sobre el cambio climático Global Climate Change: Vital Signs of the Planet y para el blog Earth Right Now. Este año, Tenenbaum ha formado parte del jurado de la segunda edición del Premio Internacional a la Innovación Cultural convocado por el CCCB, que precisamente tenía el cambio climático como tema.

«¡Hola! ¡Buenas tardes a todos!». Segura de sí misma, con un gran sentido del humor y con las fantásticas fotografías de Groenlandia que hizo hace unos meses, Laura F. Tenenbaum, una innovadora en Comunicación Científica de la NASA, dejó boquiabierto al público del CCCB el día que se anunció el Premio Internacional a la Innovación Cultural. Desde el principio de su charla. Como suele pasar cuando da conferencias en colegios, universidades o museos, incluso en charlas TED. Y, sobre todo, en sus textos.

Hay dos tipos de personas. Por un lado están las que permanecen egoístamente en la absoluta ignorancia y piensan: «La la la, el mundo gira a mi alrededor». Y luego hay un grupo de gente que está muerta de miedo. En un ataque de pánico total. Ninguna de las dos formas de vida me parece útil, ni la ignorante ni la aterrorizada. Efectivamente, todos contribuimos al cambio climático. ¿Es realmente así?

Si tuviera algún problema de salud, decidiría ir al hospital, y allí solo tienen plástico de usar y tirar. Los hospitales son muy poco ecológicos, pero iría de todas formas, utilizaría la medicina moderna. Y ahora mismo, mientras hacemos esta entrevista, estamos bebiendo agua en botellas de plástico. Estar vivo significa estar usando algo. El altruismo absoluto no existe. Cada uno lo hace lo mejor que puede, pero en definitiva la sociedad tiene que implementar grandes cambios. Como colectivo, tenemos que salir adelante con una legislación y una política mejores, entre otras cosas, para conseguir esos cambios. Las energías renovables, por ejemplo, tienen mucho más sentido desde un punto de vista económico, así que ya estamos avanzando.

En España no, aquí paga más impuestos la energía renovable que los combustibles fósiles.

La vieja guardia, sea quien sea, va a luchar y a tratar de resistir, por supuesto. Pero hay muchísimas cosas en marcha: las grandes empresas en Estados Unidos —Google, Facebook, los gigantes corporativos— ya solo utilizan energía renovable. Los estados se comprometerán a hacerlo, ya lo están promoviendo. Y pasará lo mismo en otros países. Así que al final acabará ocurriendo.

Si todos nos pasamos a un modelo sostenible, ¿es posible frenar los efectos del cambio climático?

Una de las cosas que ocurre en California, e imagino que aquí también porque son climas muy parecidos, son las grandes sequías. A mucha gente le gusta decir que son una consecuencia del cambio climático, pero es complicado, porque la sequía—y tú me dirás si aquí se da el caso— también es una consecuencia de nuestro despilfarro de agua. Muchísima gente se muda a California, muchísima gente utiliza cada vez más agua; hay campos de golf enormes, campos con muchísimo césped. Así que, en parte, es una mala interpretación de la ciencia decir que la sequía la causa únicamente el cambio climático. El deshielo en Groenlandia sí que es consecuencia del cambio climático. Y cuando el hielo se derrite, provoca una subida del nivel del mar. Por ese motivo Venecia se está hundiendo, igual que Bangladesh y que Florida, en Estados Unidos. Algunas zonas corren peligro. Incluso Lower Manhattan, que es carísimo.

Pero incluso si dejáramos de quemar combustibles fósiles hoy mismo y ni una sola persona los usara nunca más, hay varias razones por las que no podemos librarnos de la subida del nivel del mar. El agua almacena el calor y ya hemos calentado los océanos. Ese calor va a permanecer ahí, y las cosas calientes se expanden. Así que, hagamos lo que hagamos, de la subida del nivel del mar no hay escapatoria.

En el mejor de los casos, quizá perdamos Tuvalu, las Maldivas o Bangladesh. De todos ellos ya emigran refugiados climáticos. En Florida ya hay inundaciones. Las predicciones científicas apuntan a que nos esperan mayores tormentas y situaciones meteorológicas extremas. ¿Quieres que te dé la explicación científica?

Por favor.

La Tierra es alucinante. Laura, que trabaja en la NASA, dice que es el mejor planeta.

¡Lo es!

Una de las mejores cosas de la Tierra es el agua, que da estabilidad. De modo que la Tierra tiene un clima muy estable, aunque ha cambiado en otras épocas. Una de las causas de las enormes fluctuaciones climáticas del pasado, por ejemplo, fue que Norteamérica y Sudamérica no estaban unidas. Hace unos sesenta millones de años, un istmo las unió y eso tuvo repercusiones drásticas en las corrientes oceánicas. Es decir, que hubo fluctuación y más tarde se estabilizó.

Ahora vivimos un nuevo tipo de fluctuaciones, fenómenos meteorológicos extremos: mayores tormentas, inundaciones y sequías. Así es como la Tierra intenta ajustarse a la nueva situación mientras atraviesa esta fluctuación. Finalmente, dentro de cientos o miles de años, encontrará un nuevo equilibrio. Esta situación la hemos causado nosotros y estaremos anclados a ella durante miles de años, porque el océano es lento.

Stephen Hawking dice que tenemos que encontrar otro planeta urgentemente, porque este…

¡No estoy nada de acuerdo! Ese comentario es tan de tío… (ahora estoy siendo sexista). Trabajo para la NASA, donde obviamente hay mucha gente que quiere irse a otro planeta. Siempre les digo: «¡No!». No me convence eso de dejar el sitio que te encanta hecho un desastre y buscar otro. No, no, no. De ninguna manera. Además, eso de ir en busca de otro planeta me suena a la típica aventura de macho explorador.

Te dedicas a la comunicación. ¿Cómo podemos comunicar algo que se ha comunicado tanto de una forma nueva, que conciencie a la gente sobre el problema sin sonar sensacionalista?

Creo que no hay una fórmula comunicativa que funcione para todos los casos. Yo uso las emociones. ¡También el sentido del humor, a veces!

Laura Faye Tenenbaum | © CCCB, 2017. Autor: Miquel Taverna

Laura Faye Tenenbaum | © CCCB, 2017. Autor: Miquel Taverna

¿Puedes poner un ejemplo?

La mayoría de las veces me inspiran pequeñas cosas, detalles. Hace poco estaba en Groenlandia y me di la vuelta —la historia va de eso, de darse la vuelta—. Estaba muy al norte, a unos 85º de latitud al norte, y allí el sol nunca sube mucho, siempre está bajo. Así que me di la vuelta, el sol reflejó en el hielo y me entró en los ojos. De repente, entendí el efecto albedo de otra forma. El efecto albedo es lo que hace que el blanco sea más reflectante que el negro. Esa es la razón por la que en las zonas calurosas es más común vestir de blanco, y también explica que cuando caminas descalzo no quieras pisar el asfalto.

En Groenlandia esto es crucial, porque el blanco refleja el sol y cuando el hielo se derrite hace que el océano, que antes era muy oscuro, se vuelva azul. Yo sabía la explicación científica, pero de todas formas, cuando estuve allí a finales de abril, el día duraba catorce horas. Me preguntaba: «¿Por qué no se derrite el hielo?». El sol salía mucho tiempo y luego se ponía alrededor de las nueve y media. Así que conté la historia de lo que sentí al darme la vuelta en ese momento y que me diera en los ojos el reflejo del sol, esa sensación de quedarse petrificada. Lo describí.

¿Te llegan las impresiones del público?

Claro. Hay que escuchar al público.

¿Pero cómo?

Bueno, es algo que se percibe. A veces me siento en el escritorio y pienso, ¿cuál es el ambiente? ¿Cómo me siento? En los primeros dos o tres párrafos improviso sobre lo que está pasando, sobre mis sentimientos en ese momento o sobre la energía del espacio en el que estoy, porque no soy tan distinta a los demás. Es como si hubiera un humor colectivo. Con los primeros dos o tres párrafos tanteo el ambiente y a partir de ahí avanzo. A menudo mis textos empiezan con frases sobre el público —sobre lo que pueden sentir— y tratan de entablar una relación y de sentir a la gente, incluso de manera remota, si no está presente en la sala.

Una cosa de la que me he dado cuenta al hablar con los jóvenes es que les interesa mucho el vídeo. Les interesa mucho el humor, quieren algo que enganche. Así que trato de conseguirlo. ¿Hay alguna forma de hacer que mi mensaje sobre el cambio climático enganche? Al mismo tiempo, el contenido científico tiene que ser preciso, no hay alternativa. De lo contrario, sería contraproducente.

¿Cuál de tus textos ha sido más leído y comentado?

El más comentado fue uno acerca de la solución. La gente siempre pregunta cuál es la solución y yo siempre respondo que se pueden hacer tres cosas: puedes responsabilizarte de todo lo que haces. Es obvio que una persona no puede salvar el mundo, pero sí que puede hacer algo, todos podemos contribuir.

En segundo lugar, puedes unirte a los demás —lo cual es muy valioso—. Eso incluye votar con tus dólares o con tus euros, o votar, o apuntarte a asociaciones ecologistas o medioambientales en cualquier sitio, porque los números son poderosos. ¡Nos hace falta! Tenemos mucha más fuerza cuando nos agrupamos, porque es imposible que una persona tenga todas las respuestas. Yo aprenderé de ti, tú aprenderás de mí y además todos nos habremos comprometido a tomar decisiones y podremos actuar juntos. Creo que eso empodera.

Por último, otra cosa que puedes hacer es dedicar un momento cada día a construir una relación con la naturaleza. Creo que, en definitiva, si la gente consume en exceso es porque hay un vacío, quizá cierta soledad. Cuando conectamos con la naturaleza y construimos una relación auténtica con ella, llenamos ese vacío y, además, es menos probable que queramos hacer cosas que dañen el medio ambiente. Es importante conectar con la naturaleza cada día.

Eso es muy difícil si vives en una ciudad, ¿no?

Hay hierbajos que crecen entre las grietas de la acera.

No hace falta ir a un parque nacional, entonces.

También puedes. Yo visito el Parque Nacional de las Montañas Rocosas unas tres veces al año, pero hay que hacer algo a diario. Hay que encontrar una forma de conectar con la naturaleza cada día.

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Narratopías de futuro: El agotamiento de lo posible

Escasez de alimentos en una tienda de comestibles. Oak Ridge, 1945

Escasez de alimentos en una tienda de comestibles. Oak Ridge, 1945 | Department of Energy. Oak Ridge Office | U.S. Government Works

Durante los últimos años el fenómeno de las narrativas condicionales, tanto utópicas como distópicas, se ha establecido como marco de posibilidad desde el cual abordar problemáticas relativas al desarrollo tecnológico, a los usos políticos de este y a las consecuencias directas sobre la mal llamada naturaleza. Desde la filosofía, la teoría de las artes, la investigación y específicamente desde las prácticas artísticas, ha acontecido una eclosión especulativa, centrada mayoritariamente en proyectos que fabulan con futuros posibles. El uso del componente ficcional como herramienta crítica para re-articular la actualidad ha estado presente a lo largo de la historia, a través de distintos formatos, desde Nueva Atlántida de Bacon hasta Donna Haraway, desde la vida simulada hasta el imaginable epochs to come. La especulación se ha presentado como potencia para cambiar el presente imaginando otros futuros, pero ¿está la idea de futuro despotencializando la fuerza especulativa?

A modium of pathos

Literal: Una medición de patetismo.

Juego: A modium hace referencia a la medida, y en este caso concreto a measurements presentes en las propuestas teóricas de Karen Barad, que a la vez tienen que ver con un concepto de temporalidad y agencia que toman como referencia las teorías cuánticas. Pathos, aquí, hace referencia a uno de los tres modos de persuasión de la retórica.

Los grandes festivales e instituciones se han apuntado al futuring que muchos proyectos autónomos venían abordando en los últimos años. El futuro como posible respuesta a presentes inciertos se ha acomodado entre las programaciones de los principales eventos de la industria cultural.

La última edición de Ars Electronica Festival, centrada en inteligencia artificial, ha sido un claro ejemplo de esta pre-ocupación de las grandes narrativas por el storytelling contemporáneo: si el futuro es ahora, ¿qué hacemos al respecto?

Los artistas invitados de esta edición han sido el colectivo Time’s Up, quienes se definen como laboratorio para la construcción de situaciones experimentales. En esta ocasión el colectivo ha presentado Turnton Docklands, una site especific que definen como physical narrative, en la que se invita al público a recorrer la re-creación de una ciudad costera en 2047.

Turnton nos lleva a un futuro inmediato poblado por un colapso ecológico, consecuencia de un cambio climático tan advertido como ignorado. El proyecto consiste en un recorrido teatral de re-creación semi-apocalíptica que nos interpela a una oposición «positiva» para socavar la situación ecológica, la posibilidad de un actuar ahora para cambiar el futuro.

Ars Electronica Center | CC BY NC-ND

Ars Electronica Center | CC BY NC-ND

Tópos Koinós

Tópos Koinós, en referencia a lo anterior, y al concepto de extensión hace referencia a lugar común.

En esta edición, tras la efectiva crítica de Heather Dewey-Hagborg al festival, conocida viralmente como #KissmyArs, Ars Electronica ha incorporado un mayor número de proyectos que problematizan no solo con la temporalidad futura, sino también con cuestiones relativas al género, las tecnologías, las identidades impuestas y el acceso a los recursos. Proyectos como la exposición Feminist Climate Change o el proyecto ganador del Golden Nica en la categoría de Hybrid Arts otorgado a Maja Smrekar por K-9_topology, quien nos invita a pensar más allá de los límites del humanismo a través de becoming (m)Other, ponen en jaque el futurismo reproductivo, reivindicando otros modos de estar_con. Es, precisamente, la crítica voraz a la obsolescencia de la concepción humanista de sujeto, a las consecuencias de esta y a la concepción de normalidad, la que encontramos en proyectos como Open Source Estrogen (presentado en el festival junto a Byron Rich), de Mary Maggic, artista residente en Prototype_ome, Hangar.

Open Source Estrogene es un proyecto colaborativo que combina el biohacking con el diseño especulativo desde una perspectiva de subversión y bio-desobediencia civil. El proyecto empieza con una pregunta condicional: ¿Y si fuera posible generar estrógenos en la cocina? A partir de un enunciado de posibilidad, Open Source Estrogene abre el debate sobre el control y producción de hormonas, sobre sus consecuencias, sobre la silenciada contaminación por xeno-estrógenos, generada por la industria petroquímica, agraria y farmacéutica y los efectos de estos en tanto que disruptores hormonales. Un debate sobre la soberanía del cuerpo, extendido más allá de una concepción antropocéntrica. Si tod_s, humanos y no-humanos, estamos afectados por fuerzas hegemónicas, compartamos pues las herramientas, los conocimientos y hackeemos los sistemas de colonización hormonal para generar una mutagénesis social.

Open Source Estrogen (SPARKS)

Ambos proyectos inciden en hipótesis de investigación para re-articular los posibles que vendrán. Pero la diferencia fundamental entre ambos es que Open Source Estrogene pone lo negativo al servicio de los poderes de afirmación, mientras que Turnton, más allá de la intencionalidad, señala lo potencialmente negativo como mera descripción, es decir, pone lo negativo al servicio de los poderes prescriptivos-propositivos, confirmando esto último a través de la figura del visitante de un futuro que está por venir.

Los debates sobre futuros posibles en relación a las consecuencias del llamado Antropoceno siguen enfocándose, en la mayoría de los casos, desde la concepción de un sistema-de-necesidades, pero no en relación a las responsabilidades y relaciones que tenemos para con los no-humanos. Entre otras cuestiones, debido a esto, algunos debates son exaltaciones de un antropocentrismo trasnochado que se ha teñido el pelo de verde flúor y que sueña con otros futuros posibles. Pero es, precisamente, esta idea de futuro la que se está convirtiendo en adalid de retóricas condicionales que generan una falsación de compromiso; por lo tanto, quizás sea el momento de abandonar la narratopía de futuro, esa futuridad que siempre marca una distancia, un hueco, por pequeño que sea, por el que se cuelan excusas ético-onto-espistemo-políticas, probablemente consecuencia de un temor social al explotado No Future.

La pregunta sobre la que planea este artículo es si, ante una preocupación social, esta incorporación espectacularizada por parte de narrativas institucionales de lo ficcional y especulativo se está convirtiendo en una articulación de un sistema de producción de significados que neutraliza la potencia de lo ficcional y especulativo. Pareciera, pues, que en estos contextos el futuro se hace sistema, a través de promesas y fuerzas hipotéticas.

La promesa de un futuro (posible) articula nuevos ídolos o, como remarcaba Santiago López Petit (1994), articula «un reciclado continuo de sentido». La sobre-explotación de lo especulativo y de la idea de futuro está levantando nuevos ídolos en una falsación colectiva de alejarnos temporalmente de ese peligro inminente que pretendemos combatir pero con el que nos relacionamos desde la tentativa y contra el que nunca nos comprometemos. Por este motivo, muchos de los discursos especulativos sirven a la causa de dotar de sentido a la realidad, ya que son proyectos que no terminan nunca de transmutarse en movimiento afirmativo y, por lo tanto, perpetúan los antiguos valores de promesas de futuro, esas que supuestamente combaten. Como consecuencia, el futuro en las prácticas especulativas se está convirtiendo en ese instante eterno que no llega y que a-través-de la promesa agota los posibles.

¿No será entonces que entre la ausencia de futuro y el agotamiento de lo posible necesitamos operar una distorsión temporal colectiva? Proyectos como Open Source Estrogene abren ese espacio político para ir más allá del agotamiento de lo posible y, quizás, en esas grietas podamos abordar distorsiones de temporalidad y olvidarnos del futuro como la promesa que nos regala un vacío aletargado y onírico de no acción. O re-apropiándonos de Haraway podríamos plantear: Make kin(d), not future(s).

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Narratopías de futuro: El agotamiento de lo posible

Escasez de alimentos en una tienda de comestibles. Oak Ridge, 1945

Escasez de alimentos en una tienda de comestibles. Oak Ridge, 1945 | Department of Energy. Oak Ridge Office | U.S. Government Works

Durante los últimos años el fenómeno de las narrativas condicionales, tanto utópicas como distópicas, se ha establecido como marco de posibilidad desde el cual abordar problemáticas relativas al desarrollo tecnológico, a los usos políticos de este y a las consecuencias directas sobre la mal llamada naturaleza. Desde la filosofía, la teoría de las artes, la investigación y específicamente desde las prácticas artísticas, ha acontecido una eclosión especulativa, centrada mayoritariamente en proyectos que fabulan con futuros posibles. El uso del componente ficcional como herramienta crítica para re-articular la actualidad ha estado presente a lo largo de la historia, a través de distintos formatos, desde Nueva Atlántida de Bacon hasta Donna Haraway, desde la vida simulada hasta el imaginable epochs to come. La especulación se ha presentado como potencia para cambiar el presente imaginando otros futuros, pero ¿está la idea de futuro despotencializando la fuerza especulativa?

A modium of pathos

Literal: Una medición de patetismo.

Juego: A modium hace referencia a la medida, y en este caso concreto a measurements presentes en las propuestas teóricas de Karen Barad, que a la vez tienen que ver con un concepto de temporalidad y agencia que toman como referencia las teorías cuánticas. Pathos, aquí, hace referencia a uno de los tres modos de persuasión de la retórica.

Los grandes festivales e instituciones se han apuntado al futuring que muchos proyectos autónomos venían abordando en los últimos años. El futuro como posible respuesta a presentes inciertos se ha acomodado entre las programaciones de los principales eventos de la industria cultural.

La última edición de Ars Electronica Festival, centrada en inteligencia artificial, ha sido un claro ejemplo de esta pre-ocupación de las grandes narrativas por el storytelling contemporáneo: si el futuro es ahora, ¿qué hacemos al respecto?

Los artistas invitados de esta edición han sido el colectivo Time’s Up, quienes se definen como laboratorio para la construcción de situaciones experimentales. En esta ocasión el colectivo ha presentado Turnton Docklands, una site especific que definen como physical narrative, en la que se invita al público a recorrer la re-creación de una ciudad costera en 2047.

Turnton nos lleva a un futuro inmediato poblado por un colapso ecológico, consecuencia de un cambio climático tan advertido como ignorado. El proyecto consiste en un recorrido teatral de re-creación semi-apocalíptica que nos interpela a una oposición «positiva» para socavar la situación ecológica, la posibilidad de un actuar ahora para cambiar el futuro.

Ars Electronica Center | CC BY NC-ND

Ars Electronica Center | CC BY NC-ND

Tópos Koinós

Tópos Koinós, en referencia a lo anterior, y al concepto de extensión hace referencia a lugar común.

En esta edición, tras la efectiva crítica de Heather Dewey-Hagborg al festival, conocida viralmente como #KissmyArs, Ars Electronica ha incorporado un mayor número de proyectos que problematizan no solo con la temporalidad futura, sino también con cuestiones relativas al género, las tecnologías, las identidades impuestas y el acceso a los recursos. Proyectos como la exposición Feminist Climate Change o el proyecto ganador del Golden Nica en la categoría de Hybrid Arts otorgado a Maja Smrekar por K-9_topology, quien nos invita a pensar más allá de los límites del humanismo a través de becoming (m)Other, ponen en jaque el futurismo reproductivo, reivindicando otros modos de estar_con. Es, precisamente, la crítica voraz a la obsolescencia de la concepción humanista de sujeto, a las consecuencias de esta y a la concepción de normalidad, la que encontramos en proyectos como Open Source Estrogen (presentado en el festival junto a Byron Rich), de Mary Maggic, artista residente en Prototype_ome, Hangar.

Open Source Estrogene es un proyecto colaborativo que combina el biohacking con el diseño especulativo desde una perspectiva de subversión y bio-desobediencia civil. El proyecto empieza con una pregunta condicional: ¿Y si fuera posible generar estrógenos en la cocina? A partir de un enunciado de posibilidad, Open Source Estrogene abre el debate sobre el control y producción de hormonas, sobre sus consecuencias, sobre la silenciada contaminación por xeno-estrógenos, generada por la industria petroquímica, agraria y farmacéutica y los efectos de estos en tanto que disruptores hormonales. Un debate sobre la soberanía del cuerpo, extendido más allá de una concepción antropocéntrica. Si tod_s, humanos y no-humanos, estamos afectados por fuerzas hegemónicas, compartamos pues las herramientas, los conocimientos y hackeemos los sistemas de colonización hormonal para generar una mutagénesis social.

Open Source Estrogen (SPARKS)

Ambos proyectos inciden en hipótesis de investigación para re-articular los posibles que vendrán. Pero la diferencia fundamental entre ambos es que Open Source Estrogene pone lo negativo al servicio de los poderes de afirmación, mientras que Turnton, más allá de la intencionalidad, señala lo potencialmente negativo como mera descripción, es decir, pone lo negativo al servicio de los poderes prescriptivos-propositivos, confirmando esto último a través de la figura del visitante de un futuro que está por venir.

Los debates sobre futuros posibles en relación a las consecuencias del llamado Antropoceno siguen enfocándose, en la mayoría de los casos, desde la concepción de un sistema-de-necesidades, pero no en relación a las responsabilidades y relaciones que tenemos para con los no-humanos. Entre otras cuestiones, debido a esto, algunos debates son exaltaciones de un antropocentrismo trasnochado que se ha teñido el pelo de verde flúor y que sueña con otros futuros posibles. Pero es, precisamente, esta idea de futuro la que se está convirtiendo en adalid de retóricas condicionales que generan una falsación de compromiso; por lo tanto, quizás sea el momento de abandonar la narratopía de futuro, esa futuridad que siempre marca una distancia, un hueco, por pequeño que sea, por el que se cuelan excusas ético-onto-espistemo-políticas, probablemente consecuencia de un temor social al explotado No Future.

La pregunta sobre la que planea este artículo es si, ante una preocupación social, esta incorporación espectacularizada por parte de narrativas institucionales de lo ficcional y especulativo se está convirtiendo en una articulación de un sistema de producción de significados que neutraliza la potencia de lo ficcional y especulativo. Pareciera, pues, que en estos contextos el futuro se hace sistema, a través de promesas y fuerzas hipotéticas.

La promesa de un futuro (posible) articula nuevos ídolos o, como remarcaba Santiago López Petit (1994), articula «un reciclado continuo de sentido». La sobre-explotación de lo especulativo y de la idea de futuro está levantando nuevos ídolos en una falsación colectiva de alejarnos temporalmente de ese peligro inminente que pretendemos combatir pero con el que nos relacionamos desde la tentativa y contra el que nunca nos comprometemos. Por este motivo, muchos de los discursos especulativos sirven a la causa de dotar de sentido a la realidad, ya que son proyectos que no terminan nunca de transmutarse en movimiento afirmativo y, por lo tanto, perpetúan los antiguos valores de promesas de futuro, esas que supuestamente combaten. Como consecuencia, el futuro en las prácticas especulativas se está convirtiendo en ese instante eterno que no llega y que a-través-de la promesa agota los posibles.

¿No será entonces que entre la ausencia de futuro y el agotamiento de lo posible necesitamos operar una distorsión temporal colectiva? Proyectos como Open Source Estrogene abren ese espacio político para ir más allá del agotamiento de lo posible y, quizás, en esas grietas podamos abordar distorsiones de temporalidad y olvidarnos del futuro como la promesa que nos regala un vacío aletargado y onírico de no acción. O re-apropiándonos de Haraway podríamos plantear: Make kin(d), not future(s).

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Te presentamos el decálogo #tejeRedes sobre la colaboración

¿Cuándo somos o no colaborativos? Para responder a aquella interrogante, hemos preparado un decálogo con 10 planteamientos. Esta publicación nace de una charla tejeRedes que realizamos sobre el tema de la colaboración. En la conversación estuvieron invitados Esther Paniagua (periodista independiente), Omar Cid y Pablo Reyes (ambos de Plataforma Aurea). Los tres escriben y trabajan en torno

Te presentamos el decálogo #tejeRedes sobre la colaboración

¿Cuándo somos o no colaborativos? Para responder a aquella interrogante, hemos preparado un decálogo con 10 planteamientos. Esta publicación nace de una charla tejeRedes que realizamos sobre el tema de la colaboración. En la conversación estuvieron invitados Esther Paniagua (periodista independiente), Omar Cid y Pablo Reyes (ambos de Plataforma Aurea). Los tres escriben y trabajan en torno

Máquinas y humanos: tenemos que hablar

El robot George desayunando con su inventor, William Richards. Berlín, 1930

El robot George desayunando con su inventor, William Richards. Berlín, 1930 | German Federal Archives, Wikipedia | CC-BY-SA 3.0

Cada vez hay más máquinas que hablan. Los chatbots y asistentes personales virtuales son la avanzadilla del uso de sistemas de inteligencia artificial para el consumo masivo. La historia de las tecnologías de consumo es la historia de una creciente delegación de tareas de humanos a máquinas, que en general tiene resultados positivos pero también supone una transmisión de poder. Cuando delegamos acciones a las máquinas, permitimos a las empresas que las controlan que aprendan de nuestras interacciones.

El Sr. Stevens ha dedicado toda su vida al servicio incondicional a otras personas. Es atento, confiable y discreto: cordial pero nunca familiar. Organiza y gestiona las tareas del hogar a la vez que se preocupa por el «señor» y sus allegados: siempre está listo para recibir a las visitas, dar un mensaje, servir una copa o atender a algún invitado indispuesto. Es un abnegado profesional, impoluto y diligente. La convivencia y la atención hacen que, con el tiempo, el Sr. Stevens sepa anticiparse a las necesidades y los gustos de las personas a las que sirve. Se debe a su trabajo de mayordomo y eso es, como narra la película The Remains of The Day (1993), un orgullo al que dedica toda su vida.

A lo largo de la historia, las clases dominantes se han servido de las subalternas para aligerar (y hacer más agradables) sus tareas del día a día. Hoy, Google nos recuerda cuándo tenemos que salir de casa para tomar un vuelo, nos organiza las fotos de las vacaciones sin que se lo pidamos o nos avisa si podemos encontrar retenciones. A veces también nos pregunta qué nos ha parecido tal o cual restaurante. A su manera, la máquina nos dice que está ahí para «echarnos un cable».

La idea de asistencia está en el corazón de los imaginarios que enmarcan nuestras concepciones sobre lo que han sido, son y serán las tecnologías. A finales del siglo XIX, igual que ahora, la automatización de la fuerza de trabajo alimentaba el miedo de las clases trabajadoras. En este contexto, Oscar Wilde coqueteaba con el socialismo utópico cuando escribía que «bajo condiciones favorables, la máquina se encargará de todo trabajo no intelectual, toda tarea monótona y aburrida que implique condiciones desagradables». La tensión entre la narrativa de la máquina como instrumento opresor y simultáneamente como promesa liberadora se hacía presente.

Redes hechas de carne, imaginación y cables

Cuando las tecnologías implican un cierto nivel de complejidad, necesitan una serie de condiciones para pasar de las especulaciones (o delirios) de laboratorios de investigación y gabinetes de comunicación corporativa a la operatividad de las funcionalidades, usos y mercados. Entre medio, académicos, productores de hardware, investigadores, fondos de inversión, programadores, gobiernos y creadores de ficción en papel, celuloide u otros formatos van urdiendo una trama sociotécnica donde sintonizan expectativas (visiones de futuro), intereses, leyes, significados, narrativas o miedos, que abren o cierran la posibilidad a que determinadas tecnologías crucen el umbral entre ficción y realidad.

Ilustración de Marta Handenawer

Ilustración de Marta Handenawer | CC BY–NC

Una de las figuras retóricas que ha hecho de Caronte entre estos dos reinos es la de la máquina al servicio del ser humano. Presente tanto en el relato de las lavadoras como en la de C3PO, la idea de asistencia tecnológica ha espoleado la industria de la innovación desde hace décadas y finalmente ha logrado, gracias a los avances en algoritmos que aprenden con las interacciones y relacionan información por ellos mismos o sistemas de comprensión y procesamiento de lenguaje natural, catalizar en un ecosistema donde los asistentes personales inteligentes han sido llamados a ser un nuevo estándar de interacción y, por lo tanto, el nuevo Dorado.

Se dice en ámbitos de innovación y diseño que para que una tecnología disruptiva sea aceptada tiene que empezar con unas coordenadas de uso conocidas para luego, paulatinamente, virar hacia lo desconocido. El hecho de que algunas de las aplicaciones más utilizadas sean de mensajes de texto (WhatsApp, Facebook Messenger, etc.) ha sido un argumento más —junto a un terreno ya abonado por un ambiente cultural y técnico favorable— para dar un paso de gigante en la normalización de la conversación como interfaz humano-máquina.

Burbujas tecnofílicas

En los últimos tres años, empresas como Amazon, Google, Apple y pronto Samsung han presentado objetos que dan cuerpo, hacen inteligibles y dan usos concretos en el mercado de consumo a sistemas de inteligencia artificial (una licencia poética muy útil a los intereses del mercado).

Aunque con un funcionamiento mucho más rudimentario que el del Sr. Stevens, estas tecnologías emergentes son capaces (no sin limitaciones) de entender lo que el usuario le dice y dar una respuesta autónoma. Simulan conversaciones y comportamientos humanos para realizar tareas concretas como poner música, dar información, organizar el calendario o pedir un taxi, entre otras.

Cada cual es presentado bajo una narrativa y una personalidad (el software que despliegan los dispositivos) distinta: Amazon Echo se dio a conocer como un nuevo y servicial miembro de la familia; Google Home pone el foco en su capacidad de ayudar en distintas circunstancias y el HomePod de Apple (que va a la zaga), se diferencia poniendo el acento en la calidad del sonido de su altavoz. Las estrategias de estas tres empresas son cosméticamente distintas, pero tienen un objetivo común: luchar por posicionar su sistema de inteligencia artificial en el centro de los hogares, ya sea para vender más a través de Internet, o simplemente para mediar en uno de los grandes espacios todavía no colonizados por la perpetuidad del servicio (y la vigilancia) maquínica corporativa.

Ilustración de Marta Handenawer

Ilustración de Marta Handenawer | CC BY–NC

Los estrategas de Facebook, por otro lado, han preferido abordar la batalla del conversational computing por otro flanco: los chatbots, sistemas de interacción conversacional textual. En 2016, esta empresa presentó una plataforma basada en su servicio de mensajes (de instalación obligatoria si se quiere chatear en el móvil) orientada a abrir el boyante mercado de los chatbots para empresas. Su movimiento fue sagaz: compró WhatsApp en 2014, obligó a todos quienes quisieran utilizar la aplicación de Facebook a bajarse Messenger y, cuando tuvo a miles de millones de usuarios capturados, decidió abrirse como una nueva forma para que las empresas lleguen a sus clientes. De este modo, ha logrado conquistar una porción muy importante de un mercado emergente donde seres humanos hablarán con programas inteligentes que ofrecerán servicios concretos (de atención psicológica, por ejemplo) o harán de interfaz (de venta, reclamación o asistencia técnica) para empresas.

¿Quién asiste a quién?

Sin embargo, por más que la prensa celebratoria y el marketing de la industria lo afirmen, todavía no ha llegado el momento en el que podamos hablar normalmente con un ordenador y nos responda haciendo una simulación perfecta del habla humana. Un ejemplo de que el ensamblaje no está todavía maduro son esos chatbots que han tenido comportamientos no previstos o directamente racistas, como es el caso de Tay, uno de los bots de inteligencia artificial de Microsoft

Los asistentes virtuales implican nuevos mercados y formas de interacción, y previsiblemente serán cada vez más frecuentes en ámbitos relacionados con los negocios, la educación, la automoción o la salud. Precisamente porque ahora se está estabilizando esta tecnología, es cuando más importante es poder incidir en el rumbo que tomará esta forma de relación máquina-humano. Porque diseñar una nueva tecnología implica diseñar también una serie de usos, hábitos y formas de interacción.

De hecho, la historia de las tecnologías de consumo es la historia de una creciente delegación de tareas de humanos a máquinas, de nuevas coordenadas de cooperación entre unos y otras que ha tenido, en general, resultados muy positivos. Sin embargo, cuando estos artefactos están conectados a la red, la transferencia de capacidad de acción se hace también a corporaciones tecnocráticas que constantemente aprenden de nuestras interacciones con la máquina o el entorno en el que está situada.

Por ello, usuarios, diseñadores, desarrolladores, legisladores e investigadores debemos tomar partido en la forma en la que queremos que este magma se consolide para que no reproduzcan nuestros vicios; para imaginar de qué seremos capaces, máquinas y humanos, en este nuevo contexto, y sobre todo, para poder elegir qué y cómo dejamos que estas máquinas hagan por nosotros, con la transferencia de poder que ello implica.

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tejeRedes y DH Facilitadores apoyaron el V Encuentro de Líderes Jóvenes de Tacna

Felices nos hemos ido de Tacna (Perú) tras participar durante dos días en el V Encuentro de Jóvenes Líderes.  Una experiencia que queremos compartir con ustedes.  El pasado 22 y 23 de septiembre Alberto Infante de tejeRedes y nuestro buen amigo Hans Gutiérrez de DH Facilitadores asistieron como expertos a la V versión del Encuentro Internacional de Jóvenes Líderes en la ciudad de Tacna, Perú

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