TeatroRed: Tecnología social para facilitar relaciones

Actividades lúdicas como el teatro pueden transformar a un grupo de personas en una red de conversaciones comunes. Las relaciones humanas son un intangible. No pueden medirse en un informe financiero, pero son una de las claves más importantes para la sostenibilidad de una organización. Sin su gente, las empresas e instituciones sin fines de lucro no pueden funcionar. Desde esta perspectiva

TeatroRed: Tecnología social para facilitar relaciones

Actividades lúdicas como el teatro pueden transformar a un grupo de personas en una red de conversaciones comunes. Las relaciones humanas son un intangible. No pueden medirse en un informe financiero, pero son una de las claves más importantes para la sostenibilidad de una organización. Sin su gente, las empresas e instituciones sin fines de lucro no pueden funcionar. Desde esta perspectiva

Estar grillado

Cosecha de patatas de principios del s. XX

Cosecha de patatas de principios del s. XX | Wikipedia | CC BY-SA 3.0

¿Cómo se escribe lo que comemos? ¿Cómo nos tragamos los textos? ¿Los libros alimentan? ¿La cocina es ciencia? ¿Y la literatura? ¿O son atajos? ¿Y hacia dónde? ¿Qué nos cuenta de nuestra sociedad lo que comemos y la forma en la que lo hacemos? ¿Cuál es la verdadera historia de la patata, y por qué podríamos decir que es más alucinante que la odisea de Ulises? Exprimir jugo antropológico, ficcional, textual de nuestros hábitos gastronómicos. Rebañar la relación que tenemos con la comida: hasta los tuétanos, con la pantalla por mantel.

¿Hay una primera vez, un origen, una sola explicación, el porqué de las cosas? ¿O son solo las ganas, la ignorancia que desplegamos, el estrago de todo quererlo contar? Las preguntas exigen una respuesta, y el puente que predeterminan es demasiado estrecho: el mundo pasa por debajo de él, raudo, inescrutable y fresco, y merece la pena mojarse en él, empaparse de él, bebérselo, sacar grillos, sacar branquias.

*

Dicen que todo empezó en el altiplano de los Andes. ¿Hubo un descubridor, unas únicas manos que escarbaron la tierra, o ya se las encontraron desenterradas por mor de una torrentada? ¿Fueron un cúmulo de experiencias sumadas y olvidadas que sedimentaron a lo largo de los siglos? Se ve que primero fue la dulce, y que la otra era incomible –pequeña y retorcida como unos dedos artríticos– y tuvieron que cruzarla y cruzarla hasta que pudieron zampársela. Y que también la secaban y hacían una pasta para conservarla hasta diez años. Que un gran imperio la utilizó para desplegar su poder por el continente. Que había de mil variedades.

Todo se nos escabulle: ¿quién sabe con certeza lo que pasó hace 10.000 años?
¿Quién se acuerda de lo que cenó el miércoles pasado?
¿Tortilla de patatas?
¿Crema de zanahoria?
Nadie se acuerda de la primera vez.
¿Quién sabe cuando mordió su primera patata?
¿Por qué son naranja las zanahorias?
No es importante. ¿No?
¿Qué es lo importante?
¿Un príncipe? ¿Un nombre? ¿Un color?[1] ¿Una guerra?

Estar grillado

Estar grillado | © nomdenoia, 2018

La principal información que da una pregunta es sobre quien la formula: qué le interesa, desde dónde la hace, qué sabe, cómo es. Toda pregunta prefigura la respuesta o, mejor, la limitación de la respuesta. Es una clase de molde para la respuesta: las preguntas humanas dan respuestas humanas, al servicio del conocimiento restringido de la mente humana. Al conocimiento, al total, al que supera al hombre, no se puede acceder mediante las preguntas que hacemos –que más que nada lo que hacen es acotarlo. La pregunta nos sirve a nosotros como espuela, pero no puede ser un método, son las muletas de la curiosidad cuando no vuela, un principio, nunca debe ser lo que determina nuestra búsqueda –una verdadera búsqueda descubre lo que no sabe que descubrirá, y debe permitírselo: si encuentras lo que querías encontrar, ¿por qué lo buscas? ¿qué te aporta? Si el objetivo es corroborase, vamos mal. Una pregunta directa no abre nada, no es ninguna llave: es, más bien, simplemente, el negativo de una cerradura. Y no queremos saber cómo se cierra una puerta, sino qué hay más allá de ella. Lo que se nos escapa. En cambio, interrogarse no es dirigirse, a ciegas, hacia una respuesta, hacia la cerradura, sino sobrevolar el territorio de nuestro conocimiento, topografiarlo, ampliar el campo de batalla. Multiplicarlo. Hacerlo fértil: engendrar más preguntas, no respuestas. Una red tupida de preguntas que midan palmo a palmo, soltada sobre la inmensidad de lo que no está estructurado para ser entendido. Jugar con ello, vivirlo, embelesarse, aprender a no imponer el significado. Interrogarse es hacer preguntas-pájaro, que hacen de grumete por el cielo de nuestro pensamiento y atisban tierras ignotas, cumbres rascanubes y fulgores espléndidos, inauditos. Incomprensibles. Desconocidos. Topes de cordura, disoluciones de razón, pensamiento sobrevolado, sobrepasado.

Estar grillado

Estar grillado | © nomdenoia, 2018

No sé cómo nos conocimos, con Edu. Creo que fue cuando tocábamos con los Sirles, una época caótica y desdibujada, seguramente durante alguna noche de verano en Sant Feliu de Guíxols, de aquellas en las que terminas en el mar, en pelotas bajo las estrellas. Quedamos a las siete y media en el templo. Tiene dos entradas: por la plaza y por el callejón de detrás. Me lo encuentro en la barra de mármol, charlando con Josep, que le está contando que un día, con un socio suyo, se encerraron en la cocina para hacer las patatas bravas perfectas. Método científico: distintas variedades de papas, medida de la temperatura del aceite y del tiempo, dobles y triples cocciones, etcétera. No nos cuenta el secreto y nos recomienda los pulpitos, que son una auténtica golosina, tiernos y sabrosos. Entre botellines, pido a Edu si se acuerda de la primera vez que comió patata. Pone una de esas caras tan suyas, tan expresivas, con la carcajada emboscada a punto de asaltarte desde cada rincón de la oreja, los ojos o la nariz. Me dice que no pero que se imagina que debía ser chafadita, en forma de puré, como tantas criaturas. Yo le pongo al día de mi investigación patatera, llena de anécdotas alucinantes como la del edicto de Federico el Grande[2] o la historia de este cartel.[3] Él me dice que lo que le flipa de la patata es que sea infinita. Supongo que se refiere a su capacidad de grillarse y grillarse, de no depender de la semilla para continuar el ciclo. De germinar y injertarse por aquí, por allí, por todos lados. De desperdigarse. De salir de si misma y hacerse otra. En una cena, hace días, alguien sacó una bengalas para celebrar el encuentro y un par de comensales se hicieron algunas quemaduras leves. Estábamos en el Priorat. Un escritor amigo les dijo que cogieran una patata y se la restregaran por la quemadura, que eso les aliviaría el escozor y les curaría. Funcionó. ¿Por qué tenemos que perpetuar la segmentación de los saberes? ¿A quién beneficia la distinción entre teoría y praxis, entre manual y ensayo, entre narrativa y no-ficción? ¿Por qué no practicar una literatura sin compuertas y plantar patatas en las notas al pie?

*

Turín, 1889. Un señor fustiga a su caballo sin piedad. El filósofo Friedrich Nietzsche tiene un ataque, se abraza al animal y cae al suelo llorando. Grillado, ya no recuperará la cordura. Muere once años más tarde. En 2011, el genial cineasta húngaro Béla Tarr se pregunta qué pasó con aquel caballo y con su amo –y su hija– en una granja aislada en medio de la nada. Esta interrogación se convierte en un film que no responde, que grilla apocalipsis: A torinói ló (El caballo de Turín). Yo no me acuerdo de cuándo comí patatas por primera vez, pero jamás me podré quitar de la cabeza esta película, el viento incesante, la oscuridad creciente, la supervivencia diaria y, al cabo de seis días, el fin del mundo, cuando, finalmente, ya no pueden hervir las patatas que comían cada noche con las manos, padre e hija, cara a cara, en silencio, como en una comunión pagana.


[1] Los cítricos tienen veinte millones de años y vienen de Asia. En el año cero, en la India la naranja es conocida como naranga, en sánscrito. En su viaje hacia el oeste, esta fruta es asimilada por los árabes, que la introducen en la península Ibérica con el nombre de nāranj, y los franceses de la edad media le llamaran orange a partir del árabe y del italiano arancia. Desde entonces el nombre de la fruta pasa a ser, también, el nombre del color. Willem el Taciturno, noble de la familia Nassau, nace en Alemania el 1533. A los once años muere su primo René de Châlon, príncipe de Orange (un condado del sur de Francia), y él hereda sus títulos y pasa a ser el príncipe Willem van Oranje-Nassau. Terminará capitaneando la revuelta neerlandesa contra la monarquía española que desencadenará la Guerra de los Ochenta Años y que el 1648 culminará con la independencia de las Provincias Unidas de los Países Bajos. En aquella época, los holandeses eran grandes cultivadores de zanahorias, y en honor a la casa que les había dado la independencia empezaron a cultivar masivamente una especie muy rara de zanahoria que tenía una gran cantidad de betacaroteno, un pigmento clasificado como hidrocarburo terpenoide, del color del nombre de la dinastía de Willem. O sea, que la fruta –la naranja– dio nombre al color, y los holandeses terminaron dando este color al tipo de zanahoria que era más común en todas partes. Como la que rallaste ayer en tu ensalada.

[2] Cuando los europeos descubren la patata en América, a principios del siglo xvi, no les causa sensación, para nada, más bien al contrario: la parte verde es venenosa, es de la peligrosa familia de las solanáceas, no sale mencionada en la Biblia y tampoco tiene muy buena pinta. Así que, cuando llega a Sevilla, se conrea en el patio del Hospital de la Sangre, en el año 1570, para alimentar a los pobres que viven allí: si se mueren, nadie hará aspavientos. Contra todo pronóstico, su alto valor nutricional (proteínas, minerales y vitaminas, fáciles de digerir) los ayuda a recuperarse. Felipe II ve que ahí hay un filón y manda algunas al Papa, que tiene un embajador enfermo en los Países Bajos y se las hace llegar. Allí caen en manos del botánico Carolus Clusius –el introductor de la tulipa–, que las planta en Viena, Frankfurt y Leiden. El chiflado de Federico el Grande será uno de los primeros en entender que la patata puede fortalecer a los soldados y a la población en general, pues es un alimento nutritivo que crece en todos lados en condiciones adversas y no depende de las inclemencias que devastan cosechas. Para vencer las reticencias de los payeses, Federico usará dos vías: la sutil y la categórica. Manda plantar un campo de patatas real en un lugar de paso y pone guardas para que lo vigilen. Eso maravilla a los payeses, que empiezan a interesarse por el tema. Encima, da instrucciones a los guardas para que se duerman de noche y no vigilen con mucho esmero. La gente no tarda en hacerse con las codiciadas patatas y plantarlas ellos mismos. La vía categórica llega el 1756 con el Kartoffelbefehl, el edicto de la patata, que obliga a todo el mundo a plantarla. Del rechazo pasaron, rápidamente, a la devoción. Antoine-Augustine Parmentier aplicará ese mismo método en Francia –donde la patata estaba prohibida por el parlamento desde 1748 porque decían que causaba lepra–, plantando patatas en el jardín del palacio de las Tullerías para despertar el interés por el tubérculo maldito, pero como no puede remacharlo con un edicto, usará otras armas para ponerla de moda: convencerá a María Antonieta para que lleve un ramo de flores de patatera y organizará grandes comilonas, con celebridades como Benjamin Franklin, en las que todos los platos estarán hechos a base de patata cocinada de distintas maneras. Finalmente, en 1785, año de malas cosechas, los franceses aceptarán con gusto la patata para evitar el hambre. Exactamente lo contrario pasará el año 1845 en Irlanda: allí harán monocultivo de la variedad «Irish Lumper», y cuando llegue la plaga americana –la Phytophtora infestans, un hongo que causa el mildiu de la patata y se la carga en un santiamén–, en cuatro años el país perderá dos millones de personas, uno de muertos y el otro de exiliados.

[3]

HALT AMIKÄFER! 1950

Halt Amikäfer! 1950 | © Deutsches Historisches Museum

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Charla: La Innovación Pendiente (Corriente, Argentina).

Tras una conferencia magistral, tuve la oportunidad de participar de un estimulante intercambio académico con la comunidad universitaria de Corrientes, Argentina. Pudimos discutir algunos temas vinculados al libro “Innovación Pendiente“, pero lo más interesante fue la posibilidad de analizar desde una perspectiva crítica las propuestas de ese trabajo a la luz de los desafíos que plantea al mundo de la educación superior. Aquí la video conferencia que fue transmitida por streaming.

Aprender y enseñar con tecnologías digitales

Classe de la Boston Public School durant la visita de l'alcalde Kevin White, 1973 | Boston City Archives

Clase de la Boston Public School durante la visita del alcalde Kevin White, 1973 | Boston City Archives | CC-BY-SA 2.0

La necesidad de promover un salto cualitativo en la educación implica pasar de un modelo de adquisición del conocimiento a un modelo de profundización y creación de conocimiento. En un contexto de cambio constante, las tecnologías nos han permitido mejorar los procesos de enseñanza-aprendizaje, avaluación y organización. Estas transformaciones en las tareas del profesorado y los alumnos impactan tanto en el proceso de aprendizaje como en el de enseñanza.

Hoy en día, ¿tenemos opción para decidir si incorporamos o no las TIC en nuestra vida cotidiana, en la escuela, en el trabajo…? En la actualidad la tecnología digital es de uso común en varios contextos (contextos de educación –como escuelas, institutos, universidades, bibliotecas–, contextos laborales y de la vida cotidiana –en casa, en los transportes públicos, los restaurantes–) y para una población cada vez más amplia que se inicia a una edad cada vez más temprana. Aparte de las características de contextos y edad, hay que señalar el tipo de actividad en que, según Henry Jenkins, los jóvenes no solo son usuarios, sino que también participan creando contenidos multimodales. Se trata de una cultura de participación que se realiza claramente en las redes sociales, pero también en expresiones más creativas. Ahora bien, esta participación no forma parte del currículo explícito, sino de lo que se denomina currículo oculto. La falta de incorporación de actividades digitales no es solo una cuestión de gestión de las tareas escolares, sino también un desperdicio de oportunidades de aprendizaje de los estudiantes.

En efecto, si bien la tecnología de la información y la comunicación (TIC) ha modificado muchos aspectos de la actividad diaria, también ha cambiado nuestra interacción con el aprendizaje y estos cambios en los procesos de enseñanza y aprendizaje no han sido equivalentes. La importancia y ubicuidad de las TIC en el trabajo, la educación y la vida cotidiana se reflejan en la consideración del actual escenario de interacción social de la sociedad, definida como «sociedad de la información y el conocimiento» por Manuel Castells. La referencia al conocimiento es consecuencia de la conciencia de que las tecnologías por sí solas no tienen efectos si no van acompañadas de las habilidades cognitivas y de la alfabetización correspondientes a las capacidades de acceso como usuarios y a las capacidades de integrar, evaluar y generar información y comunicación. Siguiendo esta idea, Robert B. Kozma afirma que, en la transición de la economía industrial a la economía del conocimiento, es importante ser conscientes de la necesidad de promover un salto cualitativo en la educación para pasar de un modelo de adquisición del conocimiento a un modelo de profundización y de creación de conocimiento. Y de este modo, desarrollar aquellas capacidades que en la actualidad suponen el nuevo escenario laboral y que requieren de la tecnología a nivel transversal: las competencias del siglo XXI (entendidas como la capacidad de comunicación eficaz, de trabajo en equipo y de colaboración, de flexibilidad y resolución de problemas complejos y de gestión de la información).

Además, de acuerdo con Kozma, la tecnología no debe considerarse como un añadido, sino como un elemento transformador de la educación en el contexto de la sociedad de la información y el conocimiento, donde los aprendices, sus características, las formas sociales, los ritmos de aprendizaje, etc., están cambiando y, por lo tanto, se hace necesario replantear qué, cómo y cuándo se enseña, cómo se evalúa, cómo se organizan y estructuran las escuelas y cómo se gestionan los tiempos y los espacios.

Behind the cover: lifelong learning | The Economist
Behind the cover: lifelong learning | The Economist

Como diría César Coll, hay que redefinir el concepto de escuela innovadora –que hasta ahora se centraba en promover el aprendizaje de la tecnología (de las TIC) con el objetivo de formar a los niños en el uso de herramientas y estrategias para el tratamiento y la transmisión de la información– de modo que se enfoque en el uso de las tecnologías para aprender con la tecnología. Por lo tanto, se trata de convertir las TIC en tecnologías para el aprendizaje y el conocimiento (TAC), lo que se puede entender como una visión de las TIC desde la escuela. Es decir, poner las tecnologías al servicio de una mejora en los procesos de enseñanza-aprendizaje, de evaluación y de organización, así como de actualización en un contexto de cambio constante.

En consecuencia, según Coll, el objetivo de la escuela debería ser garantizar un aprendizaje más profundo, más comprensivo y más significativo y preparar al alumnado para ser capaz de crear conocimiento: educar para lo que aún no se sabe qué será, preparar a los alumnos para que puedan enfrentarse a retos que aún no tienen y dar el máximo de recursos y herramientas para que, cuando se lo encuentren, puedan crear, inventar, rediseñar, estrategias y recursos para poder aportar soluciones. En definitiva, promover el aprendizaje a lo largo de la vida (life-long learning) en contextos y etapas diversos con la ayuda de las TIC.

Ante este contexto, la figura del profesor se convierte en un guía u orientador, y se le exige que desarrolle la competencia digital docente (CDD) entendida, según el Departament d’Ensenyament, como «la capacidad de aplicar y transferir todos los conocimientos, estrategias, habilidades y actitudes sobre las TAC en situaciones reales y concretas de su praxis profesional». Esta CDD está formada por dos tipos de conocimientos y habilidades: por un lado, la competencia digital instrumental, o el uso instrumental de las TIC cuyo marco de referencia es la acreditación de competencias en tecnologías de la información y la comunicación (ACTIC), y por el otro, la competencia digital metodológica, es decir, las habilidades de carácter didáctico y metodológico que, a su vez, se dividen en cinco dimensiones: (1) diseño, planificación e implementación didáctica; (2) organización y gestión de espacios y recursos educativos; (3) comunicación y colaboración; (4) ética y civismo digital, y (5) desarrollo profesional.

Digital Competence Framework for Educators

Marco de competencia digital docente | (c) European Union, 1995-2018

Esta dualidad en la tipología de conocimientos y habilidades que configura la CDD pone en evidencia según Manuel Area que, como educadores, es importante saber que la pedagogía tiene que ir por delante de la tecnología. Es un error suponer que la simple presencia de las tecnologías digitales en el aula producirá una mejora automática de la calidad de los procesos de enseñanza y aprendizaje, así como una mejora de la motivación y el rendimiento del alumnado creando per se innovación pedagógica. Utilizar las tecnologías digitales en el aula bajo un modelo pedagógico tradicional (centrado en el profesor, unidireccional, individualista…) neutraliza el poder innovador de las TIC. Por ello, el valor que pueden añadir las TIC a los procesos de enseñanza y aprendizaje no depende solo de las características del aparato tecnológico o software informático utilizado, sino de los usos sobre la actividad conjunta que desarrollan profesores y alumnado en torno a los contenidos y las tareas de aprendizaje. En este último punto, Coll  destaca el rol mediador que desempeña la tecnología y que varía en función de la situación que adopta dentro del triángulo interactivo formado por las relaciones entre alumnado, contenido-tareas y profesor.

Llegados a este punto, es importante introducir la relación que tiene el concepto de «recurso semiótico» con el tipo de uso que damos a las TIC en el aula. De acuerdo con Coll, entendemos que cuando un recurso semiótico es utilizado como instrumento de regulación tanto de la actividad y de los procesos psicológicos individuales (intrapsicológicos) del aprendiz como de los procesos comunicativos y sociales con otras personas (interpsicológicos) implicados en el proceso de aprendizaje se convierte en un «instrumento psicológico» (en el sentido vigotskiano de la expresión). Así, las TIC pueden utilizarse como instrumentos técnicos, que nos ayudan a hacer mejor, más rápido, más dinámico y con más eficacia lo que ya estábamos haciendo (otorgando poco valor añadido a la práctica educativa), o como instrumentos psicológicos que ayudan a planificar, orientar y regular las actividades y los procesos psicológicos individuales y ajenos (otorgando un alto valor añadido a la práctica educativa).

Cuando las tecnologías se implementan aprovechando y explotando sus características como recursos semióticos y transforman la actividad conjunta entre profesorado y alumnado en torno al contenido y las tareas, impactan tanto en el proceso de aprendizaje (amplificando los procesos de construcción de conocimiento y de atribución de sentido de los alumnos a los contenidos y tareas) como en el proceso de enseñanza (incrementando, diversificando y ajustando las ayudas sistemáticas y sostenidas y los apoyos al aprendizaje de los alumnos por parte del profesor y otros alumnos).

En conclusión, se puede afirmar que, en el marco que entiende la educación desde un modelo socioconstructivista, el uso de las TIC como instrumento psicológico de conexión entre los tres elementos del triángulo interactivo otorga calidad pedagógica en el proceso de enseñar y aprender con tecnologías digitales.

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La revolución 4.0 y sus melodías

VEB Robotron Elektronik Dresden, 1974 | Bundesarchiv

VEB Robotron Elektronik Dresden, 1974 | Bundesarchiv | CC-BY-SA-3.0

El concepto «Industria 4.0», también conocido como revolución industrial 4.0, industria inteligente o ciberindustria del futuro, hace referencia a una nueva forma de organizar los medios de producción caracterizada por una fusión de tecnologías que está difuminando las líneas entre el esfera física, digital y biológica. Supone la puesta en funcionamiento de un gran número de fábricas inteligentes que abren la vía a una nueva revolución industrial. Y como en las anteriores revoluciones industriales, coexisten dos discursos: el del crecimiento económico y el de la promesa de un mundo mejor que pone la comunidad en el centro.

En el territorio de lo mítico/casi-fake/fake corre una versión sobre cómo se gestó «lo 4.0». Situémonos en 2011. Una comisión de la Forschungsunion Wirtschaft-Wissenschaft alemana presentó un programa de investigación e innovación a la canciller Merkel con el título «Revolución industrial 4.0». Era un sesudo plan de acción. Se postulaba como la respuesta al dominio evidente de los nuevos flujos de innovación, creatividad y producción por parte de actores que no eran precisamente los pesos pesados de la industria alemana, sino los nuevos colosos digitales, mayormente americanos. El plan era una reivindicación de la producción física, la producción de cosas, un terreno donde Alemania era fuerte. Desde esa fortaleza había que aprovechar lo digital para situarse con ventaja en el campo de batalla que los de la visión «start-upista», Silicon Valley, habían empezado a jugar. Y a dominar.

¿Qué había de nuevo en todo esto?

La relación entre la información, la comunicación y la producción es antigua. La logística, por ejemplo, depende muy críticamente de disponer a tiempo de información veraz sobre las necesidades de abastecimiento, las capacidades de producción y de su sincronización. La fabricación propiamente dicha –desde Taylor– requiere de mucha información. Desde los diseños iniciales a los planos, a los estadillos de material en almacenes, hasta el ritmo de producción de una cadena de montaje y hasta el rendimiento individual de quienes forman parte de esa cadena es información. Los robots, esa materialización de la información para actuar con cierta inteligencia, llevaban decenas de años en planta. Internet los conectó con bases de datos, almacenes, diseños de piezas y personas para acelerar toda la producción, abastecimiento y distribución hasta velocidades que nos parecen normales, a costa de una complejidad técnica y computacional hasta hace poco insospechada. Que un paquete de Amazon Prime nos llegue a casa en menos de una hora nos parece natural, pero no era nada normal hace bien poco.

The Fourth Industrial Revolution | World Economic Forum
The Fourth Industrial Revolution | World Economic Forum

Por tanto, ¿qué tiene de nuevo el 4.0? Recibamos a Klaus Schwab. Schwab es tan alemán como Merkel pero, además, es el ideador, organizador y promotor de un conocido club de amigos: el Foro Económico Mundial, por otro nombre Foro de Davos. Y les lanza la idea de la Revolución 4.0. En sus propias palabras:

Estamos al borde de una revolución tecnológica que alterará fundamentalmente la forma en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos unos con otros. En su escala, alcance y complejidad, la transformación será diferente a todo lo que la humanidad haya experimentado antes. Todavía no sabemos cómo se desarrollará, pero una cosa es clara: la respuesta debe ser integral y exhaustiva, involucrando a todos los actores de la política global, desde los sectores público y privado hasta la academia y la sociedad civil.

La primera revolución industrial utilizó la energía del agua y el vapor para mecanizar la producción. La segunda usó energía eléctrica para crear producción en masa. La tercera utilizó electrónica y tecnología de la información para automatizar la producción. Ahora, la cuarta revolución industrial se basa en la tercera, la revolución digital que se viene produciendo desde mediados del siglo pasado. Se caracteriza por una fusión de tecnologías que está difuminando las líneas entre las esferas física, digital y biológica.

Es una argumentación, un estilo y una retórica que ya conocemos de otros «puntoceros». Podemos rastrear este aire de familia, por ejemplo, en los anuncios de la apertura de Internet al uso comercial y, después, en la llegada del 2.0. Por ejemplo, en tiempos de Tim O’Reilly, se decía sobre «lo 2.0» lo siguiente:

La Web 2.0 se refiere a los sitios web World Wide Web que enfatizan el contenido generado por el usuario, la usabilidad (facilidad de uso, incluso por no expertos) y la interoperabilidad (esto significa que un sitio web puede funcionar bien con otros productos, sistemas y dispositivos) para los usuarios finales…

Técnicamente la parte más cercana a «lo 4.0» en el caso del 2.0 es la interoperabilidad. Un sistema que no se ha diseñado teniendo a un segundo o tercer sistema en cuenta –ubicados en cualquier otra parte del mundo– puede actuar o interactuar con ellos, interoperar. Esto recuerda a la conexión de sistemas variopintos del 4.0: cadenas logísticas, sistemas de transporte, sistemas de decisión, etc.

Lo que es un tanto diferente del 4.0 es eso que Schwab lleva hasta su consecuencia lógica: la identificación de la información con su correlato bio y material. Si dispones de un plano en Barcelona, alguien se lo puede descargar y fabricar en China. Ahora es algo más que habitual. Si, antes, sobre esta complejidad situábamos a personas que pilotaran estos procesos, ahora Schwab and Friends suponen que habrá tecnología de inteligencia artificial en su lugar. Esto es, en el 4.0 lo que se está conectando ya no son solo materiales y repositorios de contenido e información controlados por procesos programados y repetitivos, sino también ciertos tipos de agentes inteligentes que pueden tomar decisiones insertos en un punto determinado de cadena logística, de producción y de distribución. Con una vuelta de tuerca más y conectando y estirando mucho lo realizable con lo biológico «cuatropuntocero», Schwab viene a decir que si tienes la descripción de su ADN, tienes el programa para «fabricar» a seres vivos e insertarlos en este universo de agentes inteligentes 4.0.

Lo que resuena en todas estas declaraciones es la melodía de la eficiencia y el crecimiento económico:

En el futuro, la innovación tecnológica también conducirá a un milagro de la oferta, con ganancias a largo plazo en eficiencia y productividad. Los costos de transporte y comunicación caerán, la logística y las cadenas de suministro mundiales serán más efectivas, y el costo del comercio disminuirá, lo que abrirá nuevos mercados e impulsará el crecimiento económico.

Schwab dixit. Esta melodía ya nos la conocemos. De vez en cuando se adereza con una referencia al crecimiento exponencial de las capacidades y los resultados.

Así, pues el horizonte que dibuja el 4.0 es homogéneo y continuo con los otros puntoceros: una política de dominio económico basada en la utilización aventajada de otra nueva tecnología y sus combinaciones con otras ya existentes, todas basadas en la información.

El 2.0 nos sedujo con las promesas de la colaboración, de la contribución a la conversación, a la construcción de comunidad. Sin embargo, nos ha llevado también hasta las realidades actuales del capitalismo extractivo de datos. Ante el 4.0 puede que sea un ejercicio necesario y urgente especular sobre sus derivas futuras. Esta compleja interconexión de lo físico y lo material, lo digital y lo vivo, lo repetitivo y lo inteligente está animada por los mismos valores y la misma lógica que ha pilotado los puntoceros anteriores. Incluso el propio Schwab alerta de los cambios «disruptivos» (un adjetivo que no puede faltar en ningún relato protecnológico) en múltiples esferas de vida: medio ambiente, vida diaria, formas de trabajo (o su desaparición), etc.

Design For City Making | Elisava

Design For City Making | Elisava | Drets desconeguts

Ante el cuatropuntocero hegemónico aparecen una política y un discurso alternativos que también recurren a la fabricación. Argumenta que si podemos distribuir la capacidad de fabricación en pequeñas instalaciones que sean cercanas o bien a los consumidores o bien a los productores o a ambos, quizá podamos crear otros modelos económicos alternativos. O buscar nuevas sostenibilidades desde la fabricación. O bien organizar las ciudades de manera distinta, apuntan unos terceros.

Ciertamente, si distribuimos en la ciudad estos recursos de manera accesible a la población, sería posible, en teoría, crear nuevas cadenas logísticas y de producción urbana donde los usuarios sean también productores (aquí vuelven a la carga los «prosumidores» de viejos tiempos 2.0). Podrían fabricar sus propios productos, ya sean biológicos o de otros materiales, comida o vestido. Hay aquí una mezcla que ya conocemos: la confianza en una nueva tecnología vista desde el prisma de un nuevo comunitarismo articulado otra vez, en torno a las mismas tecnologías de producción que han creado y usan los gigantes económicos. Es decir, hay propuestas para utilizar bajo otro concepto de beneficio distinto al capitalista las tecnologías cuatropuntocero dominadas por los grandes actores de lo digital. Caben aquí desde los fablabs hasta otros espacios de fabricación.

Quizá habría que investigar cómo evitar de nuevo las consecuencias que ya conocemos por nuestra experiencia de los puntoceros anteriores. En el proyecto «Design for City Making», por ejemplo, estamos explorando cómo crear un procomún de producción y distribución a partir de recursos de tecnología de fabricación digital. La intersección entre artesanos, artesanos digitales, «makers» al uso, «bricoleurs», «manitas» y una versión abierta y de pequeña escala pero muy replicable de tecnologías de producción digital, alienta una mirada comunitaria con unos valores diferentes a los del 4.0 de la versión Schwab. Es un territorio ambiguo donde podemos anticipar las dificultades de construir lo digital-común que ya experimentamos en los tiempos del 2.0, cuando todos íbamos a construir un común de contenidos y conocimientos y acabamos más bien como productores no remunerados para terceros. Pilotar todo esto no es nada fácil. ¿Podremos sustraernos a otra nueva inocencia?

A Merkel le gustó mucho el plan de acción que le presentó la Forschungsunion Wirtschaft-Wissenschaft, pero sugirió un cambio, poca cosa: en vez de llamarse «Revolución industrial 4.0», el plan de la Forschungsunion Wirtschaft-Wissenschaft se debería llamar pura y simplemente «Industria 4.0». Un cambio sin importancia, un pequeño capricho del poder, apenas nada.


Brynjolfsson y A. McAfee (2014). The Second Machine Age: Work, Progress, and Prosperity in a Time of Brilliant Technologies. Nueva York: W. W. Norton & Company

Martínez, A. Mestres y M. Hinojos (eds.) (2017). Deconstruyendo el Manifiesto Maker. Barcelona: Trànsit Projectes–MakerConvent, pp. 18-33.

Schwab (2017). The Fourth Industrial Revolution. Nueva York: Crown Publishing Group.

Schwab (2016). The Fourth Industrial Revolution What it Means and How to Respond. Accedido el 25 de mayo de 2018.

Tiqqun. La hipótesis cibernética. Accedido el 22 de marzo de 2018.

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Agradecer, parte esencial para aprender a colaborar

Conoce cómo reconocer tus logros te pueden salvar de la frustración de sentirte solo en el trabajo. En general, nuestra vida personal está llena de rituales: celebramos cumpleaños, aniversarios. Recordamos nuestro primer día de clases o cuando terminamos la universidad. Nuestro primer viaje e incluso nuestros nervios antes de iniciar un proyecto personal. Hoy, incluso, las redes sociales como

Agradecer, parte esencial para aprender a colaborar

Conoce cómo reconocer tus logros te pueden salvar de la frustración de sentirte solo en el trabajo. En general, nuestra vida personal está llena de rituales: celebramos cumpleaños, aniversarios. Recordamos nuestro primer día de clases o cuando terminamos la universidad. Nuestro primer viaje e incluso nuestros nervios antes de iniciar un proyecto personal. Hoy, incluso, las redes sociales como

Instituciones ágiles para un mundo cambiante

Atletes cecs a Overbrook. Filadèlfia, 1911

Atletes cecs a Overbrook. Filadèlfia, 1911 | Library of Congress | Public Domain

Organizarnos ha sido fundamental para sobrevivir y articular la vida en común, que ha cambiado según la época y el lugar. En su libro Reinventing Organizations, Frederic Laloux cuenta la historia de las organizaciones según la forma en la que se distribuyen las relaciones de poder y según el papel que tiene la conciencia individual, y establece una escalera evolutiva en la que cada estadio se asocia a un color. A la cabeza hay las organizaciones turquesa o teal: las que funcionan como ecosistemas organizados en una red de nódulos interdependientes, paradigma del liderazgo descentralizado, y en las que se toman decisiones de forma distribuida. Analizamos las características de estas organizaciones y presentamos ejemplos del sector público que ilustran que llevar a cabo este cambio es posible.

De las tribus chamánicas a los movimientos sociales que hoy montamos vía hashtag, tras cualquier versión de organización social existe una lógica particular que acompasa la danza entre la individualidad y el comportamiento colectivo. Organizarnos ha sido fundamental para sobrevivir y articular la vida en común, cambiando en función de la época y el lugar. Cómo se forman y cómo se gobiernan las organizaciones no es nada universal ni espontáneo, sino que refleja necesidades, valores y temores. Y si hay algo que responde a la racionalización extrema y el miedo a la incertidumbre, eso son las administraciones.

Cuando Astérix y Obélix entran en la casa que enloquece (en Astérix y las doce pruebas) descubren la absurdidad de las ventanillas. Seguramente nos reímos desde la complicidad, por haber sufrido esa burocracia ámbar, rígida y exasperante en primera persona. La relación entre hacer un trámite y sentir que viajamos al pasado es cada vez mayor. Si la vida se ha vuelto líquida y fluida a lo Bauman, las administraciones necesariamente han de mutar de la rigidez férrea a la firmeza flexible del bambú. Hay que quebrantar estas «jaulas de hierro», en palabras de Max Weber.

Frederic Laloux nos da muchas pistas en Reinventing Organisations. Primero explica la historia de las organizaciones a partir de cómo se distribuyen las relaciones de poder y qué papel juega la conciencia individual. A cada estadio y estructura le asigna un color. Comienza por el magenta, para las comunidades más ancestrales; seguidas de las tribus o manadas de lobos (rojas, basadas en la regulación del caos y el miedo). Con la revolución agraria aparecen los gobernantes, estructuras jerárquicas basadas en el control y la coerción (ámbar). Los avances científicos y la revolución industrial dan paso a las organizaciones naranja, que heredan la mayoría de grandes corporaciones, basadas en la competencia, el lucro y la persecución de objetivos.

Cambiamos de tonalidades hace una década gracias a la era de la información, viendo florecer organizaciones verdes, mucho más orientadas a relaciones que a resultados, donde además de los accionistas importan los proveedores y los clientes, que se convierten en el centro de atención. Pero la que da sentido a todo su libro y la gran aportación de Laloux son las organizaciones turquesa o teal. Más que organizaciones son organismos, funcionan como ecosistemas o sistemas neuronales, organizados como una red de nodos interdependientes. No hay un cerebro único sino que conviven múltiples centros y varían en función del momento. Es el paradigma del liderazgo descentralizado y se toman decisiones de forma distribuida, lo que da un vuelco a la idea de organización y estructura que teníamos hasta ahora.

Fuente: Adaptación de Kevan Lee a partir de Reinventing Organisations

Fuente: Adaptación de Kevan Lee a partir de Reinventing Organisations

La llegada de Internet y las redes sociales nos han hecho conscientes de la importancia de las conexiones y de la existencia de la inteligencia colectiva como algo mucho más poderoso que la mera suma de las partes. Laloux, tras analizar durante más de tres años a doce grandes organizaciones que ejemplifican este estadio teal de consciencia, identifica los tres ejes elementales:

  • La autonomía o autogestión, la capacidad de organizarse y de tomar decisiones.
  • La plenitud de la persona, más allá de su dimensión profesional. Además de la dimensión racional, valora la intuición, la dimensión emocional y la espiritual. Esto está absolutamente conectado con la necesidad de dotar de sentido a lo que se hace, el cómo y el por qué.
  • El propósito: las organizaciones teal se orientan a propósitos cambiantes, dinámicos y que evolucionan. Ese ser vivo, ese organismo sabe a dónde va, a diferencia de un engranaje que gira de forma estanca y milimétrica.

En realidad Laloux recupera nociones y símiles que ya propusieron los primeros sociólogos (Spencer, Durkheim),[1] [2] con la diferencia que ellos hablaban del sistema sin tener en cuenta la agencia individual, mientras Laloux habla de «organismos» resilientes y conectados a un propósito mayor. Pero volvamos a las ventanillas. Nacieron y siguen siendo puro ámbar: máxima jerarquía, altísima especialización y desconexión absoluta entre las partes. Ha llegado el momento de teñir las administraciones, poner rumbo a espacios flexibles, distribuidos, con propósito y sentido compartidos.

Para muestra, algunos botones

Aunque a priori puede parecer complicado, hemos identificado ejemplos inspiradores dentro del sector público. El motor de cambio son las motivaciones, en muchos casos similares a las que encontramos en el sector privado. Entender el punto de partida es importante, porque explica el compromiso con el proceso de transformación.

La vocación de servicio de las entidades públicas –propósito fundamental– atraviesa una crisis de confianza por parte de la sociedad. Algunas instituciones han decidido plantar cara a este reto y trabajan para recuperar su ADN fundacional. Este es el caso del Conservatori Municipal de Música de Barcelona, que, de la mano de David Martí, gerente de este organismo en los últimos veinte años y que hoy se considera «hombre sin cargo», ha dado luz a Bruc Obert: un programa que abre las puertas del conservatorio para «devolver» la música a los ciudadanos, desde el profundo convencimiento de que la práctica musical es inherente a todo ser humano.

Otro reto importante, consecuencia de la rigidez, es mejorar en la lentitud con la que se enfrentan los cambios. Ahora que el ritmo de cambio social se acelera, la ecuación entre obsolescencia y utilidad aumenta vertiginosamente la distancia. Llegar tarde (o nunca) a determinadas innovaciones condena a la pérdida de sentido. Cuando la estructura no acompaña, la solución empieza por las personas. Por ejemplo capacitando a los miembros de la organización para aprender a trabajar de forma colaborativa. Sin ir más lejos, desde hace más de diez años la Agencia de Salud Pública de Cataluña (ASPCAT) –que sigue el modelo del Departamento de Justicia de la Generalitat de Cataluña y se inspira en él–, ha consolidado un modelo de gestión de conocimiento basado en comunidades de práctica (CoP) que trabajan problemáticas específicas del entorno laboral mediante un proceso colaborativo de inteligencia colectiva, que requiere la pasión y la generosidad de los participantes para que se generen ideas y soluciones fácilmente aplicables a su realidad. En diez años han creado más de setenta CoP donde han trabajado más de ochocientas personas creadoras de productos de conocimiento que han solucionado problemas comunes recurrentes a los diferentes colectivos profesionales de la ASPCAT (veterinarios, farmacéuticos, enfermeros, médicos, psicólogos, antropólogos, etc.).

En esta misma línea, la Universidad Politécnica de Catalunya (UPC) comenzó en 2014 el programa Nexus 24, a través del que se ofrece a todo el Personal de Administración y Servicios un entorno de aprendizaje y práctica de trabajo colaborativo aplicado a proyectos transversales que ayuden a mejorar el funcionamiento de la universidad. El propósito de este programa es que para el 2024 trabajar en equipos colaborativos sea normal en la UPC. En tres años han lanzado cuatro ediciones en las que se ha formado a ciento ochenta personas en prácticas colaborativas, resultando en veinte proyectos de innovación, diecisiete nuevos servicios de apoyo a la innovación colaborativa y un proyecto de investigación sobre la propia transformación que están experimentando. Y, lo más importante: el personal que ha participado ha recuperado el sentido de su trabajo, la motivación, y quiere seguir en espacios colaborativos.

La versión más avanzada apuesta por romper con los llamados «silos» –departamentos que funcionan como compartimentos cerrados, verticales y desconectados del resto–, agitando la estructura organizativa y dando mucho más margen a la autonomía. Este es el caso de la European Union Agency, un organismo de la Comisión Europea encargado de apoyar a pymes para llevar innovaciones disruptivas al mercado. En 2014 organizaron a una unidad de la agencia (son más de sesenta) en tres áreas, orientadas al servicio del usuario al que atienden. Cada área cuenta con un líder que actúa como coach de equipo, cuya misión es ayudar a cada integrante a definir el camino de lo que están haciendo. Los tres equipos trabajan de forma independiente y son responsables del desarrollo personal de los integrantes.

Laloux Culture Model and Agile en español | Agile For All
Laloux Culture Model and Agile en español | Agile For All

Así pues, ¿por dónde empezar?

En la transición hacia lo teal en los ejemplos mencionados hay varios elementos comunes e imprescindibles:

  • Detrás de cada historia existe una visión que sostiene al menos una persona, con la que logra contagiar a un primer grupo de entusiastas encargados de ponerla en práctica. Estos visionarios no necesariamente ocupan puestos en la alta dirección (aunque siempre tienen un cargo de coordinación), por lo que el cambio se plantea como una carrera de fondo, con pequeñas victorias que conducen al siguiente paso.
  • La clave del éxito de este recorrido está en demostrar resultados tangibles y en no descuidar a aquellos que no entienden las nuevas prácticas.
  • Estas manchas teal generan nuevas formas de relación entre los miembros de la organización que forman parte del experimento, creando una convivencia entre la estructura formal jerárquica ya existente y la nueva estructura en red que acaba de emerger. Un rol importante del líder impulsor de la iniciativa es sostener lo que Laloux denomina la shit umbrella, que protege al equipo promotor y permite que pueda llevar a cabo su experimentación.
  • El tránsito genera transformación de las personas y potencia su desarrollo personal. Esto es muy relevante, pues marca un punto de no retorno. «Volver a lo de antes» significa volverse a colocar una venda en los ojos después de haber experimentado cómo crecer y desarrollarse trabajando. Aunque las instituciones sean inamovibles e impasibles, las personas que las componen necesitan propósito y sentido.
  • En muchos de los ejemplos mencionados, lo teal viene acompañado de prácticas orientadas a la plenitud y tienen escuelas comunes, como el Art of Hosting, Comunicación No Violenta, etc. Sorprendentemente, muchos empiezan por Laloux, pero más que una guía es un catalizador.
  • En realidad, la vocación de servicio es un propósito cambiante por naturaleza, sólo que las administraciones que aplican la escucha activa podrían evolucionar con y para la ciudadanía.

La buena noticia es que para comenzar a teñirse de teal no hace falta un volantazo de ciento ochenta grados. Se puede comenzar por algunas grietas, especialmente si hay líderes con posibilidad de generar un proyecto al margen de la estructura formal. En función de la persona, el proceso o el punto del proyecto las propias organizaciones pueden estar en colores distintos. Incluso puede que tu propia organización sea ya un arco iris.


[1] Spencer, H. (1898). The Principles of Sociology. Nueva York: D. Appleton and Company. Vol. I-III.

[2] Durkheim, É. (1893). De la division du travail social. París: Presses Universitaires de France. Tesis doctoral.

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¿Qué rol juega el Estado frente a la innovación?

Comparto columna (ieem).

Cuando se habla de innovación usualmente se piensa en algo nuevo, novedoso, creativo o simplemente curioso. Perspectivas sobre innovación hay muchísimas. Sin embargo, lo que se mantiene latente en una importante cantidad definiciones sobre innovación tiene que ver con el cambio. Pero sabemos que hay diferentes tipos y procesos de cambio. Existen cambios incrementales, radicales, endógenos o exógenos, reactivos o proactivos, impulsados desde la propia comunidad o desde los tomadores de decisión (independiente de quiénes sean).

Además, es importante entender que la innovación no se agota solo con la creación de nuevos bienes o servicios, sino que emerge cuando hay transformaciones más profundas que guardan relación con procesos y el ecosistema en el que se generan. Estos procesos de innovación surgen como resultado de la apertura, el intercambio, la experimentación, la investigación y el desarrollo, la transferencia del conocimiento, la mejora continua, entre otros.

Si es esta la innovación de la que estamos hablando, la entendemos como un proceso que involucra diversos tipos de actores, múltiples actividades y requiere de la interacción continua y dinámica de diversas asociaciones y agentes. Indudablemente que el Estado ha de ser un jugador clave aquí. Ahora, ¿puede el Estado por sí solo ser un impulsor unilateral de la innovación de un país?

En una sociedad del conocimiento el Estado ha de estar en redes y participar activamente en la generación de ciclos dinámicos de intercambio en el que se encuentren y dialoguen diversas perspectivas y actores. Una de las características que define la era actual es la profunda interdependencia entre regiones, organizaciones y comunidades. En esta línea el Estado habrá de asegurarse de que no entorpece los procesos de innovación. Para ello, resulta crítico implementar adecuados mecanismos para favorecer la generación de patentes, incentivos, licenciamientos, I+D, desarrollo de capital humano, infraestructura, legislación ad hoc, fondos, fomentos o subsidios, etc.

El Estado habrá de contribuir a generar las condiciones para que el resto de los actores encuentren beneficios al generar y promover nuevos ciclos y oportunidades de innovación. En esta línea, las alianzas intersectoriales juegan un papel fundamental. De igual manera es central avanzar hacia fórmulas de innovación más abiertas que trasciendan la fragmentación de sectores y territorios. No obstante, el Estado habrá de cuidar el correcto cumplimiento de las orientaciones y regulaciones necesarias que aseguren que estas innovaciones y los beneficios que se generan de ella no sean en perjuicio de la sociedad en su conjunto (ni de su medio ambiente) ni del cumplimiento de las normativas vigentes.

La innovación más compleja es la de carácter cultural que genera cambios en las dinámicas de las organizaciones y sus sociedades. Es fundamental favorecer ciclos de transformación que combinen, integren y mejoren desde una perspectiva creativa la tradición con nuevas formas de entender una realidad en plena transición.